Mal día para las camisetas verdes
Sesión legislativa a toda velocidad
Gallardo, desmemoriado
Que los jueves son de mala suerte para quienes portan camisetas verdes es algo que comprobaron los jugadores de la selección mexicana y el diputado Manuel Barrera Guillén, a quien ayer se le vio bastante enojado, por una parte, porque cientos de personas fueron a recordarle que falta que presente su solicitud de licencia a su cargo en el Congreso y, por la otra, porque a medida que los gritos se incrementaban, sus posibilidades de permanecer como diputado disminuían.
Cientos de personas acudieron al llamado que realizaron diversas organizaciones para protestar contra la corrupción que ha sido puesta en evidencia en las últimas semanas. Para tratar de contener la furia ciudadana, antes de que se permitiera el ingreso del público al recinto, dejaron entrar a dos grupos: policías vestidos de civil y mujeres, en su mayoría, vestidas de negro.
La tarea de los policías era la de mantener el orden durante la sesión, la encomienda de las mujeres de negro consistía en gritar “¡Somos gallardistas!” cada vez que el nombre de la diputada perredista, Graciela Gaitán Díaz, era mencionado o intentar opacar las voces que en múltiples ocasiones corearon “¡Fuera Gallardo!”.
Allá en el lejano 2015 ninguno de los 27 legisladores se imaginó que un año antes de concluir su periodo en lugar de pensar en su siguiente jugada electoral estarían ocupados intentando parecer menos diputados para no pisar la cárcel. El rostro desencajado que ayer trataban de hundir en sus celulares o cualquier papel que tuvieran a la mano confirmó que entre ellos y la ciudadanía existe un abismo alimentado por la creencia de que es posible utilizar el poder político para beneficiarse con completa impunidad.
Ayer, los legisladores aprendieron que el pueblo se cansa, que la corrupción es intolerable y que la ciudadanía es perfectamente capaz de reventarles su burbuja y devolverlos a la realidad. Los hacedores de leyes tuvieron un día complicado, por decir lo menos, y el miedo que le tienen a quienes hace un par de años buscaban con una sonrisa, los obligó a sesionar a una velocidad impresionante. El periodista Victoriano Martínez hizo el cálculo: un asunto resuelto cada 27 segundos.
La única ocasión en la que se frenó la carrera para concluir la sesión fue cuando los manifestantes presionaron para que Xitlálic Sánchez Servín leyera con tranquilidad un documento elaborado para hacerles saber que, dado que la credibilidad del Poder Legislativo es inexistente, si quieren dar pasos para su recuperación, deben asumir compromisos reales con la población que se traduzcan en acciones contra la corrupción.
Al final, los diputados se refugiaron en las instalaciones del Congreso y pidieron el apoyo de agentes de seguridad para que los escoltaran y ayudaran a salir. Uno por uno fueron abandonando el lugar. Para evitar a los medios de comunicación, fue necesario implementar un operativo especial para provocar una distracción que facilitara la huida de Manuel Barrera Guillén, a quien el gobernador, Juan Manuel Carreras López, le sugirió que pida licencia como se lo demanda la ciudadanía.
De visita por San Luis Potosí, la secretaria de la Función Pública, Arely Gómez González, no pudo evitar hacer comentarios acerca de la red de corrupción entre el Congreso y la Auditoría Superior del Estado. Para la ex procuradora, el tema ha sido manejado con “gran pulcritud” desde la Federación; no obstante, se le olvidó mencionar que si los ojos de las instituciones del estado están puestos en la entidad no se debe a su excelente funcionamiento, sino a la magnitud del escándalo y la exposición mediática que ha recibido.
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Interesante declaración regaló ayer el alcalde de la capital, Ricardo Gallardo Juárez. De acuerdo con sus propias palabras, él celebra que el Cabildo haya aprobado la recisión del contrato que tenía el ayuntamiento con la empresa Panavi. “En lo personal yo lo celebro. Yo nunca estuve de acuerdo”, manifestó un desmemoriado Gallardo.
Al parecer olvidó que la solicitud enviada al Congreso del Estado para mantener y aumentar el monto del contrato fue firmada por él. Tal vez, en el año que ha durado el conflicto en la prensa potosina, nunca leyó ni se enteró de la defensa que hicieron sus funcionarios y seguidores acerca de los supuestos beneficios que tendría San Luis Potosí si Panavi instalaba las lámparas led.
Ahora, el olvidadizo Gallardo asegura que el municipio siempre ha tenido la capacidad para reponer las luminarias, con lo cual se deja entrever que, luego de cancelación del contrato, la intención será comprar las lámparas para que las coloque el personal de su administración. Si eso llegara a suceder, es probable que la opacidad tan criticada con Panavi persista aún sin esa empresa.
(Redacción: Jaime Nava)





