Arturo Huerta González
Hay quienes dicen que la macroeconomía está bien, que solo falta una política industrial para incrementar la productividad y la producción. Hay que señalar que la macroeconomía predominante de alta tasa de interés, austeridad fiscal, apreciación de tipo de cambio, aunado a la libre movilidad de mercancías y capitales y a la desregulación del sector bancario, han reducido el tamaño y participación del gobierno en la economía, favorecen al sector financiero y a las empresas internacionales, y actúan contra el sector productivo, el empleo nacional, y nos ha llevado a depender más de la entrada de capitales.
La macroeconomía predominante no permite la instrumentación de política industrial y agrícola alguna, de ahí la destrucción de la capacidad productiva, las presiones sobre el sector externo y la fragilidad de la economía, que la hace incapaz de hacer frente a las adversidades externas. Las políticas industrial y agrícola requieren de baja tasa de interés, incremento de subsidios, del gasto público, tipo de cambio competitivo y política proteccionista generalizada, lo que no existe en el país.
La falta de perspectivas de crecimiento y la incertidumbre respecto a la revisión del T MEC, han originado caída de la inversión privada. El gobierno y el banco central no actúan para frenar la tendencia decreciente de la actividad económica. Prosigue la alta tasa de interés y el gobierno continúa con la política fiscal restrictiva. Se privilegia promover entrada de capitales que aumenta el endeudamiento, mantienen la apreciación cambiaria, el crecimiento de importaciones, la caída de la producción y la fragilidad de la economía, pues no se tiene condiciones de pago. Se ha caído en deuda para pagar deuda.
El gobierno y el banco central tienen que crear condiciones de ganancia en el sector productivo para incentivar la inversión, para lo cual deben bajar la tasa de interés e incrementar el gasto público y trabajar con tipo de cambio competitivo. Ello incrementaría la demanda, el ingreso nacional y la capacidad de pago, por lo que aumentaría la demanda y oferta de créditos para dinamizar la inversión.
Los economistas convencionales se oponen al incremento del gasto público por considerar que ello generaría inflación, alta tasa de interés y más deuda, lo que afectaría a la inversión privada. Ello es falso. Si el mayor gasto público se canaliza a incrementar el desarrollo tecnológico y la capacidad productiva, aumentaría la oferta para satisfacer la mayor demanda que generaría el aumento del gasto público, por lo que no habría alza de precios. Las empresas verían incrementada la demanda, sus ventas e ingresos, lo que impulsaría sus decisiones de inversión. La tasa de interés no aumentaría, pues se incrementarían los depósitos y las reservas bancarias que llevarían a reducir la tasa de interés.
De no haber cambios en la macroeconomía predominante, continuará favoreciéndose al sector bancario-financiero en detrimento de sector productivo, del empleo, del crecimiento económico. Se tiene que cambiar las funciones del banco central. Debe incorporar el objetivo de crecimiento y alto empleo, y comprarle deuda directa al gobierno a baja tasa de interés para que éste impulse la inversión, así como la inversión privada en la sustitución de importaciones de productos manufacturados, agrícolas y el empleo para reducir el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales.
El gobierno no tiene que subordinarse a los dictados de EU como lo está haciendo al establecer aranceles solo a las importaciones provenientes de China, como suspender el envío de petróleo a Cuba y no sacar los granos básicos del T MEC que demandan los productores agrícolas nacionales y ello lo hace el gobierno para ser bien visto por el gobierno estadunidense para recibir buen trato en las negociaciones del T MEC. El gobierno mexicano no está tomando en cuenta que el gobierno de Donald Trump está violando todas las normas internacionales establecidas y ha señalado que sus decisiones son en función de beneficiar a su país, por lo que impondrán que México le compre más y le venda menos y que regresen muchas empresas estadunidenses a su país. Vienen por el sector energético y los minerales críticos. Y el problema es que México no está preparado para encarar las adversidades que ello ocasionará al país, y menos condiciones se tienen al no cambiar la política macroeconómica predominante.
ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975




