La Redacción
Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump y uno de sus enviados para negociar conflictos internacionales, enfrenta crecientes cuestionamientos por los posibles conflictos de interés derivados de sus negocios con gobiernos extranjeros mientras desempeña funciones diplomáticas, de acuerdo con una investigación publicada por The New Yorker.
El reportaje también documentó la falta de preparación de Kushner y del enviado especial, Steve Witkoff, durante las negociaciones con Irán previas a la guerra.
En febrero, cuando Estados Unidos e Irán se encontraban al borde de un conflicto, Kushner y Witkoff se reunieron en Ginebra con negociadores iraníes. Ninguno llevó a las conversaciones a un asesor técnico en materia nuclear, pese a la complejidad de las negociaciones sobre enriquecimiento de uranio, según ex funcionarios estadunidenses citados por la revista. Uno de ellos calificó la ausencia de especialistas como una “negligencia grave”.
Los negociadores estadunidenses no comprendieron con precisión algunas de las concesiones planteadas por el canciller iraní, Abbas Araghchi.
Expertos en no proliferación cuestionaron además declaraciones de Witkoff sobre instalaciones nucleares iraníes y señalaron que las propuestas de Teherán incluían suspender el enriquecimiento y diluir parte del uranio enriquecido que conservaba, según el reportaje.
Horas después de que Kushner y Witkoff informaron a Trump que los iraníes se negaban a capitular, Estados Unidos e Israel lanzaron los ataques que iniciaron la guerra. Un ex funcionario de la Casa Blanca citado por The New Yorker consideró que la administración se precipitó hacia un conflicto que no era inevitable ni tan urgente.
La investigación también cuestiona la justificación de Kushner para la guerra, según la cual Irán podría haber estado a días o semanas de fabricar un arma nuclear. El Organismo Internacional de Energía Atómica no había encontrado indicios de que Teherán hubiera reactivado un programa de armamento después de los ataques contra sus instalaciones en 2025.
Negocios mezclados con diplomacia
Pero mientras cumplía funciones diplomáticas, Kushner también dirigía Affinity Partners, el fondo de capital privado que creó después de abandonar la Casa Blanca en 2021 y que recibió miles de millones de dólares de fondos soberanos de Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. El fondo obtuvo una inversión saudita de 2 mil millones de dólares, pese a las objeciones de un comité que cuestionó su falta de experiencia y sus condiciones financieras.
Las actas de aquella reunión mostraron que los representantes sauditas consideraban que Affinity carecía de un historial de inversiones comprobable y que Arabia Saudita asumiría buena parte del riesgo. Sin embargo, el acuerdo se concretó después de que Mohammed bin Salman, príncipe heredero saudita, interviniera como presidente del Fondo de Inversión Pública. Emiratos y Qatar aportaron posteriormente cientos de millones de dólares más.
Kushner había construido previamente una estrecha relación con MBS durante el primer mandato de Trump y defendió al dirigente saudita después del asesinato del periodista, Jamal Khashoggi. La investigación señala que esa relación política antecedió a la inversión multimillonaria en el fondo de Kushner, aunque no existen pruebas directas de que Arabia Saudita haya realizado la inversión como recompensa por sus acciones durante el gobierno de Trump.
El reportaje también documenta negocios impulsados por Kushner en países donde desempeña labores diplomáticas. En Albania promovió proyectos turísticos de lujo por unos 4 mil millones de dólares en las zonas de Sazan y Zvërnec, mientras el gobierno de Edi Rama modificó normas para permitir construcciones en áreas protegidas. El proyecto provocó protestas y cuestionamientos sobre la transparencia de las operaciones.
En Gaza, Kushner presentó en Davos su llamado Proyecto Amanecer, una propuesta de 112 mil millones de dólares para transformar la franja devastada por la guerra en un centro de condominios, oficinas, trenes de alta velocidad y desarrollos turísticos. La propuesta contemplaba oportunidades para inversionistas privados y retomaba la visión de Trump de convertir Gaza en la “Riviera de Medio Oriente”.
The New Yorker también señala que Kushner mantuvo una posición cercana a Israel y que en el pasado llegó a plantear que los habitantes de Gaza podrían ser trasladados al desierto del Néguev. El reportaje contrasta esa visión empresarial de la reconstrucción con la situación de la población palestina, que enfrenta destrucción, restricciones de ayuda y una crisis humanitaria.
Los posibles conflictos de interés alcanzaron incluso las negociaciones sobre Ucrania. Kushner y Witkoff presentaron un plan que exigía a Kiev importantes concesiones a Rusia, entre ellas la cesión territorial, la renuncia a ingresar a la OTAN y una reducción sustancial de sus fuerzas armadas. Funcionarios estadunidenses llegaron a calificar la propuesta como una “lista de deseos de Rusia”.
Mientras negociaban con Moscú, Kushner y Witkoff también enfrentaron cuestionamientos por posibles acuerdos comerciales vinculados con Rusia. Un informe de inteligencia europeo citado por la revista enumeró proyectos que incluían la reapertura de Nord Stream 2, el regreso de ExxonMobil a Sajalín y nuevos negocios petroleros. Kushner negó que funcionarios estadunidenses fueran a beneficiarse de esos acuerdos.
Para Virginia Canter, ex asesora de la Casa Blanca y especialista en ética gubernamental, el problema es más amplio: Kushner tiene intereses financieros que pueden entrar en conflicto con sus responsabilidades públicas. Aunque regresó a la administración sin recibir salario, especialistas citados por The New Yorker consideran irrelevante ese hecho frente a las restricciones legales sobre funcionarios con intereses económicos en asuntos bajo su competencia.







