Luis Linares Zapata

Los graves asuntos se sucedieron, uno tras otro, de manera coincidente, hasta sorpresiva. Cada uno de ellos lleva atado complejo fardo de consecuencias. La guerra en Oriente, con el vital estrecho clausurado, impuso dramática sequía petrolera en todo el mundo. La solicitud de la Corte del sur de Nueva York, pidiendo detención provisional del gobernador Rubén Rocha, de Sinaloa, junto con varios funcionarios adicionales, fue inesperada.

Este hecho, por sí solo, provocó la inducción, desde Palacio, de la solicitud de licencia tanto de Rocha como del alcalde de Culiacán. Por último, los incrementos en precios de energéticos sitúan a las autoridades ante la imperiosa necesidad de proteger a la ciudadanía. Las estrecheces presupuestales por emergencias en gasto y subsidios energéticos introdujeron inestabilidades difíciles de procesar. Se trata de manejar consecuencias externas extraordinarias para salvaguardar el bienestar colectivo.

Estas tres coincidencias en tiempo impactan la actualidad del país de manera severa. A continuación, aparecen en el horizonte político, externo y financiero, un conjunto de problemas derivados, los cuales obligan a buscar salidas que no recalen sobre la ciudadanía y preserven la soberanía. Se trata de encontrar soluciones viables y solventes que también ayuden a negociar el tratado trilateral con el norte.

Por lo pronto, se ha desatado agudo alboroto opositor y de medios locales, que bordan sus fantasías sobre un panorama en extremo complicado. Emergencias calificadas, en diversas versiones, como crisis de gobernabilidad. La presidenta Claudia Sheinbaum, como usualmente, ha conservado la calma y trabaja en alternativas de manejo. Actitud loable en estos casos álgidos.

Pocos países han salido librados del estrangulamiento petrolero. México lucha diariamente por neutralizar los daños en sus vitales canales políticosociales. El pleito es con la inflación que amenaza con desbocarse si los precios del crudo siguen altos. El esfuerzo se cuela en las finanzas públicas y, de ahí, contamina la inversión. La confianza de los inversionistas alcanza niveles poco propicios para empujar el crecimiento. La misma astringencia presupuestal impide erogaciones públicas de capital que inciten a los empresarios.

Para complicar el ambiente, la cercanía de las elecciones intermedias contribuye, con su intranquilidad inherente, a forzar cambios y decisiones. Dicha trabazón de casos configura, en el interior del país, todo un panorama de conflictos en curso. Problemas que recaen en la cúspide decisoria de esta República. No es una crisis como la presentan los poco amistosos personajes de la vida pública mexicana. Pero tampoco es un menjurje de fácil manejo. La Presidenta tendrá que desplegar sus mejores habilidades de lideresa para sortear este conjunto de peliagudos asuntos.

Sólo aquellos países fincados en sus propias capacidades van navegando el caos. Otros libraban cruentas batallas contra sus reservas energéticas y financieras. Pero todos sufren las consecuencias de la escasez de crudo, gas, gasolinas, petroquímicos, helio o fertilizantes, materias básicas atrapadas en el golfo Pérsico.

Terribles consecuencias, de una secuencia de decisiones guerreras de Israel, seguidas por el incontrolable presidente Trump, oscurecieron la actualidad. La improvisada sucesión decisoria de ambas élites belicistas aparecieron indetenibles en el horizonte mundial. Lo que pareció un ataque relámpago y sacrifical del liderazgo persa, se ramificó en un conflicto de múltiples y delicadas aristas.

A cual más dañina en vidas, propiedades, negocios y futuros, tanto personales como nacionales, que persiste hasta hoy día. Para el grandilocuente estadunidense, lo que acontece en su propio país no puede ser más dañino. Su imagen resiente tajos severos en su aprecio. Israel no reconoce el daño causado con su genocida talante aventurero. Continúa con ferocidad inaudita destructivos ataques. Sus locas creencias de pueblo bendito, heredero de una tierra que les fue escriturada hace incontables siglos, sigue empujando su fanatismo. No se percata de que hace tiempo malgastó sus pasados sufrimientos.

La sociedad estadunidense muestra su cansancio por guerrear sin propósito claro e impone restricciones a su apoyo al presidente Trump. Se desata, entonces, la búsqueda de contener este deterioro y las futuras pérdidas para los republicanos. Se encuentran emergentes ayudas electivas y mejoras en imagen fincadas en la lucha antidrogas. En esta veta, reciente, parecen fijarse las presiones hacia su vecino.

Puede, entonces, actuar sobre un México agobiado, pero con firme respaldo en su pueblo. La Presidenta, con inteligente accionar, debe atender el triste fenómeno de una oposición mediática, proclive al entreguismo y la exageración. Una que borda en el delirio de suponer que, en efecto, existe una cruza, generalizada, entre Morena y el crimen organizado.

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