• “Padre” del fraude de 2006
  • “Hice que ganara Calderón”

Carlos Fernández-Vega

Todos aquellos que atribuyeron “un triunfo legal y legítimo”, y aseguraron que en 2006 “no hubo fraude”, tienen que meterse sus palabras en lo más recóndito de sus santas partes, porque Vicente Fox lo reconoce abierta y cínicamente: “hice que ganara Felipe Calderón, aunque no es muy democrático decir eso; me dije a mí mismo que la sucesión en mi país debería de quedar en las mismas manos de mi partido político y llegué a decir públicamente que yo no entregaría el poder salvo a un presidente electo del PAN; si me hubiera tocado de otro partido, Andrés Manuel López Obrador, eso, no le hubiera entregado la banda presidencial, por el coraje que me hubiera dado, siendo demócrata”.

Y en aquel año al frente del Instituto Federal Electoral estaba el negador serial Luis Carlos Ugalde, que ahora anda muy girito, de tal suerte que si desde Los Pinos se dio la orden de llevar a cabo el fraude electoral para instalar ilegalmente a Calderón en la residencia oficial, alguna instancia rápidamente la acató –coro mediático e “intelectuales” orgánicos incluidos y “apapachados”– y esa no fue otra que el entonces IFE y la pandilla que en él despachaba.

Fox siempre ha sido de lengua muy larga e ideas muy cortas. En su sexenio lo demostró hasta el exceso. Pero más allá de esa característica, en esta ocasión cometió sincericidio, pues reconoció públicamente una verdad que si bien desde 2006 todo el mundo la conocía, los prianistas, Calderón mismo y los “guardianes de la democracia” creían tener resguardar bajo mil candados y duro que dale negaron una y otra vez. Es de suponer que si esa banda de hampones ha reconocido y aplaudido todas las sandeces que a diestra y siniestra ha dicho y hecho Vicente Fox –al que incluso ha denominado “ejemplo de la democracia”–, ahora con el sincericidio del ex gerente de Coca-Cola se ven en la penosa necesidad de validar lo por él revelado. A menos, claro está, que pongan en marcha el operativo Miguel de la Madrid; es decir, aquel que armaron para contener y minimizar lo dicho por el ex presidente cuando acusó a Carlos Salinas de Gortari de robarse la partida secreta.

Hasta ahora, el clan prianista y sus secuaces mediáticos e “intelectuales” guardan sepulcral silencio, pero tarde que temprano deberán dar la cara ante la inmoral revelación del esposo de la “señora Martha” (Fox dixit), otro bicho retorcido que deambula por las oficinas de los barones autóctonos –los grandes aportantes financieros en el sexenio del “cambio”– para seguir gozando sus generosas “contribuciones” en el Rancho San Cristóbal.

En las elecciones presidenciales de 2006, “hice que ganara Felipe Calderón, aunque no es muy democrático decir eso”, presume Vicente Fox sin ruborizarse, sin reconocer que fue una flagrante violación a la ley, peor aún como jefe de Estado. Pero su propia revelación da cuerpo a uno de sus conceptos favoritos que llevó a la práctica como mantra: “la democracia es de, para y por los empresarios”, dijo como inquilino de Los Pinos, y ahora la utiliza para justificar su tropelía al decir que “tenía una mentalidad de empresario; el empresario que tiene que operar un negocio y hacerlo exitoso debe tener en mente en manos de quién va a dejar esa empresa; esa es una posición muy fundamental de un empresario: ‘a quién le voy a dejar las riendas, el manejo, la gerencia del negocio’, y yo me dije a mí mismo: ‘Vicente, tú le vas a dejar el poder a alguien del PAN, así que empieza a trabajar, tienes que ganar para que quede el PAN y le puedas entregar las riendas del país’”. Y sí, más allá del fraude descarado, este esperpento, como tantos otros blanquiazules y tricolores, considera a México un negocio privado y a la Presidencia de la Republica una gerencia a su servicio.

Entonces, ¿qué dirán ahora los bobalicones “defensores de la democracia”, los negacionistas del fraude electoral de 2006, el ejército mediático pagado –con recursos del Estado– por Felipe Calderón y conexos, los “intelectuales y “comentócratas apapachados”, los “garantes” de la limpieza electoral, con Luis Carlos Ugalde al frente, y los “defensores” de las instituciones y las “libertades? Vergüenza debería darle a esta pandilla, pero es mucho pedir.

Las rebanadas del pastel

Aún sin números definitivos, está garantizado el terremoto político-electoral para Donald Trump y su pandilla. Todo apunta a una sonada derrota del magnate naranja, quien recurrirá a todo tipo de bajezas para mantener sus “programas” de saqueo y enriquecimiento a costillas de millones de estadunidenses sin asistencia social, médica y educativa. Qué decir de su expolio en América Latina y el resto del planeta.

X: @cafevega

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