Daniel López Aguilar

Ciudad de México. Espartaco Martínez (Ciudad de México, 1972) concibe su cuerpo como una lente que debe pulir: quiere mirar tan lejos como un telescopio y descubrir la belleza desconcertante que revela un microscopio. Con casi tres décadas de experiencia en la danza butoh, busca ir más allá de lo que llama la “realidad de fachada”.

Los cuerpos anónimos que pasan inadvertidos en la vida cotidiana son el centro de esa mirada en ¿Y por qué no?, pieza que presenta en el Centro Nacional de las Artes (Cenart), donde ofrecerá su última función este domingo 25 de octubre. La creación de Curricula Proscrita Producciones propone una metáfora sobre la ilusión que las personas construyen para existir y la libertad que puede haber en una historia aparentemente insignificante.

El punto de partida fue otro. Como integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte, Martínez planteó un proyecto centrado en un “cuerpo campesino” revolucionario y romántico. Sin embargo, esa figura idílica ya no corresponde a lo que ve en la calle, señaló en entrevista con La Jornada.

En tiempos de lo que denomina “tecnofeudalismo”, el coreógrafo reconoce esa fuerza anónima en figuras marginales: el emigrante, el menesteroso, el punk o el guerrillero, “ese tipo de nominaciones proscritas en la lengua de la tiranía”. La obra se montó en el Kochuten, sede de la compañía japonesa Dairakudakan, y se estrenó en Seattle, Estados Unidos. El año pasado la presentó de manera autogestiva en Guadalajara, Jalisco.

Su estructura, que describe como “muy clásica”, permite desvíos y subtramas que no requieren desenlace, sin perder el hilo principal. Con esos pasajes busca poner a prueba la atención del público: “Para ir adelante necesito esos pasajes para llegar a un estadio de sinceridad o nos quedamos en los simulacros que tampoco desdeño”.

Conciencia de interpretación actoral

Esa búsqueda implica también observarse desde fuera. Martínez propone adquirir conciencia de su propia interpretación, con “distancia y perspectiva”, y recurrir al gesto sarcástico.

Distingue dos nociones del arte: una ligada al estatus y a la estética de Hollywood; otra abierta al encuentro de distintos contextos culturales. En esta última sitúa la devoción del spiritual, canto religioso afroestadunidense que asocia con el éxtasis y una purga, “una arrastrada”. Al describir esa experiencia evoca a Rimbaud y “la eternidad”.

Para sostener el trabajo colectivo, Martínez asume también tareas de producción: “Hay que ser coproductor, una especie de mayordomo que en parte paga la fiesta, es una posición bien ruda la del artista en tiempos de materialismo extremo”. En esa experiencia reconoce “el trastabilleo que es la verdad del caminante”.

Frente al tabú que identifica en la cultura cristiana puritana, habla de la muerte como “una compañía que templa el presente”. El arte es un inicio, un movimiento en espiral cuyos ritmos recurrentes dan la ilusión de un eterno retorno: “Un renacer, una segunda oportunidad es despertar, como lo es de por sí el vivir que sólo sucede en la red colectiva”.

El butoh es, para Martínez, una filosofía y una perspectiva, antes que un conjunto de procedimientos establecidos. “Creo que hay quien hace butoh y no se da cuenta”. Sobre su búsqueda artística, añadió: “Lo importante es cruzar al otro lado donde no son tan determinantes los argumentos persuasivos de las convenciones sino el gozo en las zonas inciertas y ambivalentes”.

Con dirección e interpretación de Espartaco Martínez e iluminación de Anayansi Díaz Gómez, ¿Y por qué no? ofrecerá su última función este domingo 25 de octubre, a las 18 horas, en el Foro Experimental Black Box del Cenart (Río Churubusco 79, colonia Country Club Churubusco). Los boletos cuestan 180 pesos.

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