Ignacio Betancourt

Pequeños dictadores panistas y priístas se lanzaron furiosos contra las estudiantes normalistas de Cañada Honda (quienes ganaron temporalmente sus exigencias). Porque los encubiertos fascistas decidieron que los reclamos de las estudiantes son ilegales arremetieron dizque ofendidos. Las alumnas se oponen a que a su escuela la vuelvan mixta y le reduzcan la inscripción; por ahora frenaron el autoritarismo pero habrá que estar pendientes de esa lucha. Su escuela fue creada durante el sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-1940). Por cierto ¿qué opina Cuauhtémoc?).

Mas lo que ahora considero significativo señalar es la manera en que personeros de una recalcitrante derecha opinan sobre tal circunstancia. La consideran un atentado contra las buenas costumbres que el despotismo más impune ha establecido y por lo tanto se lanzan contra los justos reclamos. Un ejemplo palpable de tal actitud la representa el ex diputado panista Alberto Aguilera López, quien molesto por las pintas que estudiantes normalistas de diversos estados realizaron en la capital aguascalentense escribió en las redes sociales: “Nosotros como ciudadanos si las vemos debemos ponerles en su madre a nosotros nos cuesta de nuestros impuestos repintar todas sus estupideces.” Además de la lamentable sintaxis de un tonto, debemos soportar la supuesta indignación del ex diputado federal quien descontextualizando perversamente la acción de los normalistas (¿por qué reclaman? ¿Les permiten otras vías de expresión? ¿Es justo lo quieren imponerles?) llama al linchamiento, porque sus impuestos se gastan en limpiar las pintas de los reclamos, sin embargo, el aprendiz de nazi nunca se manifiesta contra la arbitrariedad de las decisiones gubernamentales. Singular reclamante que ignora violaciones graves. Habrá que recordarle que a los 43 ¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!

La moda actual en México es que los trogloditas (policías o civiles) actúen como jueces, pues ahora cuando agreden a los manifestantes les dicen que lo hacen para que “no anden de revoltosos”, y de esta manera cualquier corrupto se asume defensor de los derechos del ciudadano, como el ex diputado Aguilera López, quien descalifica el reclamo en lo más superficial de un conflicto que su torpeza no le permite entender (o muy seguramente antepone su servilismo). Se siente defensor del uso de sus impuestos sin cuestionarse en ningún momento para qué son usados los mismos dineros por los gobiernos federales, estatales o municipales.

En qué país vivimos, cuando los más desalmados imponen sus leyes a millones de ciudadanos. Y por si alguien dudara del absoluto cinismo de la clase política, basta escuchar al presidente nacional del PRI diciendo que quienes ponen en duda los resultados electorales: “Dañan las instituciones”. Ya ni la burla perdonan.

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