Luis Ricardo Guerrero Romero
Desabroché el último botón de mi camisa, precisaban las ganas de acometer una vez más el asalto sobre su piel. Pero una voz gélidamente acalorada susurró a mi oído de adentro hacia afuera: ¡no una vez más! En pocos segundos toda gravedad me fue heredada. Hablo de lo grave de sentir una vez y otra vez ese vacío postcoital, hablo del peso, además de esos kilogramos-fuerza que me hacen yacer sobre su piel. Cuando el Vacío es el atacante, soy el peor antagonista. Me sintió poco hombre, pero volví con calma a sujetar mi camisa sobre los horadados permisos para desnudarme. No, no otra vez, yacerme sobre su piel sin haber yacido antes en la mía.
Rememoro con la angustia del Leteo todos los pensamientos lascivos, lúbricos, incontinentes que guardé para tal ocasión. Pero son borrados por ese Vacío que yace sin estar muerto; yace sin estar vivo, aunque muere; sin ser todo mío me reclama, y sin ser todo vacío, vacía. Latente antes de acechar su piel, yacente durante la libido se ufana, sin embargo, vacío siempre.
Las anteriores líneas fueron encontradas en el diario íntimo de nadie. Un sujeto inexistente para mí, y pertinente para muchos. Son las líneas de nadie las que ahora nos invitan a pensar sobre alguna palabra reiterativa en el relato. Dadas las fechas mortuorias elegimos: yacer. Sin darnos cuenta usamos la raíz yacer en muchas otras palabras alejadas del contexto fúnebre. Por ejemplo: jactar, trayecto, inobjetable, sujeción, proyectar, inyección, yacimiento, jaculatoria, objeto, y un largo etcétera. Esta lista y otras palabras tienen algo en común, cobran el sentido de: disparadas, arrojadas, echadas, expuestas sobre un escenario.
En la lengua latina la voz: iaceo, significa yacer, estar tendido, extenderse, estar situado. La letra /j/ no existía en la antigua Roma, pero su fonética llegó a nuestro idioma en algunas palabras mutada de la [Y] a la [J]. Yacer es quedar exánime. No obstante, el resto de las palabras enlistadas arriba nos avisan de algo que está echado, toda la lista dicha mantiene la idea de estar eyectado: iaceo.
No soslayamos que el término yacer en estos primeros días de noviembre, al menos en México suele ser popular para redactar rimas, pero la voz yacer es actual todos los días: Media vita in morte sumus. Tanto por su significado, como por su sentido, yacer trasciende el onceavo mes, que antes en el antiguo año romano era el noveno. Así pues, yacer en la piel de alguien resulta irrelevante, sin no yacemos con antelación en la propia. Tal como lo dicen las primeras líneas del presente cuerpo (de texto) yacido en este blanco tapiz.
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