david pérez

Los Juegos Olímpicos de Invierno en su edición en Milán–Cortina que tendrán lugar del 6 al 22 de febrero, presumen de la mayor paridad de la historia, mientras mantienen una puerta cerrada. Concretamente la competencia de combinada nórdica sigue siendo el único deporte de invierno sin mujeres en el escenario olímpico.

Los Juegos de 2026 alcanzan 47% de participación femenina, con 50 pruebas de mujeres, lo que representa récord histórico, tal cual lo afirmó el propio Comité Olímpico Internacional. A la vez, el COI excluyó la combinada nórdica femenina de 2026 —pese a tener copas del mundo y mundiales—, alegando falta de «universalidad» y bajo interés, y advirtiendo que el deporte entero podría salir del programa en 2030 si no mejora.

En 2026, la protesta tiene un rostro concreto, el de Annika Malacinski, deportista norteamericana de 24 años, quien lidera el reclamo público por la inclusión. Uno de sus argumentos es que sin estatus olímpico se cortan los financiamientos nacionales y cae el interés de los patrocinadores, lo cual crea una bola de nieve que aplasta a esa competencia femenina.

La exclusión por tanto no es una denuncia desproporcionada, todo lo contrario, porque se denuncia cómo funciona la arquitectura de incentivos. El COI mide «popularidad» y «alcance global», pero no considera que sin la etiqueta de deporte olímpico, las federaciones y los comités reducen becas, centros de tecnificación y giras —justo lo que hace crecer una disciplina. Siguiendo esta lógica, el resultado es que esta disciplina «no es popular», claro porque en esas condiciones es difícil crecer.

En el olimpismo, la igualdad llegó tarde y a empujones. Hubo maratón con mujeres hasta 1984; los saltos de esquí femeninos tardaron décadas más. La prueba que hoy está en disputa repite el guion que explica la demora, que son los siguientes pasos: primero exigir audiencia, luego abrir la puerta. La historia enseña que la popularidad suele llegar después de la inclusión, no antes.

La narrativa oficial celebra cifras globales e “hitos de paridad”; la letra pequeña mantiene una excepción que financia la desigualdad. Ese marketing de igualdad con una cláusula que la desmiente.

Algunas objeciones

— «No hay suficiente nivel ni países».

Hay copas del mundo y mundiales femeninos en la competencia combinada por la que las mujeres están protestando. Lo que falta es un ciclo olímpico para estabilizar los calendarios, las becas y la cantera. La «universalidad» se construye con recursos, no con vetos.

— «La paridad general ya es récord, no se puede todo a la vez».

Precisamente por tener un margen histórico, la última exclusión es la más decisiva, o se corrige ahora, o se consolida como precedente.

— «La categoría masculina de esa disciplina ya va a desaparecer»

Si esa disciplina en el ámbito femenil ha mostrado crecimiento durante los últimos años ¿por qué no la dejan continuar y la convierten en deporte olímpico? ¿Una categoría femenil no puede existir con independencia de la varonil? ¿Sólo las categorías varoniles pueden existir sin las categorías de mujeres?

El espíritu olímpico no se puede medir por los porcentajes que anuncia, sino por la excepción que tolera. Incluir a las mujeres en combinada nórdica no es un gesto menor, es cortar el flujo que financia su participación.

La delegación mexicana y peculiaridades

La delegación invernal llega con cinco atletas y una postal muy particular. Estarán Donovan Carrillo (portabandera y referente del patinaje artístico global), Sarah Schleper y su hijo Lasse Gaxiola en esquí alpino —primer dúo madre e hijo en unos Juegos de Invierno—, más Regina Martínez y Allan Corona en esquí de fondo.

El aspecto de la participación de una madre y un hijo en el mismo deporte, se ha presentado como un dato curioso o un elemento simbólico a destacar, hasta romántico. Me pregunto, sin negar el talento de ambos y su participación legítima en las olimpiadas de invierno, si este dato no será un signo de lo difícil que es acceder a la práctica de este tipo de deportes, y no me refiero a las condiciones climatológicas sino más bien a las barreras económicas y culturales que aún persisten en muchos países.

Esta delegación es pequeña en número pero no en significado. Porque además incluye la continuidad de Carrillo en la élite, y si bien la delegación de los juegos de invierno es mucho menor que la que suele participar en los de verano, esta comitiva es una forma de levantar la mano, junto con otros países no dominantes en los deportes con nieve y hielo.

@davidperezglobal

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