Bernardo Barranco

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, desató agudas controversias en la relación entre el gobierno mexicano de la 4T y los sectores ultraconservadores españoles vinculados al partido político Vox. Hay que recordar que es la tercera fuerza política de España y el partido que más ha crecido en los últimos 10 años.

Además de rendir homenaje a Hernán Cortés, Díaz Ayuso proclamó en la Asamblea de Madrid que “México no existió hasta que llegaron los españoles”. Defendió fervientemente la hispanidad y el mestizaje, denunciando a la izquierda mexicana y española de fomentar la “leyenda negra” para presentar a España, en su periodo imperial, como excepcionalmente cruel, intolerante, codiciosa, fanática e ignorante.

Isabel Díaz Ayuso levantó de nuevo viejas polémicas que los mexicanos hemos deliberado desde el siglo XIX. La postura de la presidenta Claudia Sheinbaum fue de abierto rechazo por desplantes ideológicos no sólo conservadores, sino que denotan una visión de imperio. Ante el homenaje a Cortés, le cuestionó al alentar el “discurso colonial y pro despojo”.

El concepto de hispanidad conservadora española es pernicioso y hasta fascista. Los ultraderechistas de Vox y del Partido Popular (PP) son los principales promotores de un nuevo enfoque ideológico y político de la hispanidad. Afirman que la hispanidad es uno de los mayores éxitos de la historia de la humanidad. La conquista de América tuvo la impronta española y católica, equiparada a la helenización o romanización de la cultura occidental.

Cuando la derecha menciona la colonización americana, establece que liberó a los pueblos mesoamericanos del yugo sangriento de los aztecas, que la conquista aportó la religión verdadera y un auténtico orden civilizatorio, cuando en realidad fue una masacre demográfica, cultural y social para la población ya existente. Un holocausto y genocidio de la población indígena que habitaba el continente antes de la llegada de los europeos. Por tanto, justifican la colonización de América como un cometido de libertad, de civilización y evangelización. En suma, Vox defiende la conquista como una hazaña histórica de expansión insistiendo, con torpeza, en que España no colonizó, sino que fundó provincias hermanadas por la religión, la lengua e implantación de referencias étnicas.

Santiago Abascal, líder de Vox, lo resume así: “España fue potencia de primer nivel en el plano internacional antes del descubrimiento de América. Llevó la civilización a todos los rincones del continente y formó un inmenso patrimonio cultural y humanístico compartido, denominado hispanidad”. Para Vox, el concepto de hispanidad y el imperio español son ejes centrales de su identidad. Hay una nostalgia inspirada en el franquismo, su retórica es belicosa, su postura es combativa hacia las minorías, su rechazo es tajante al feminismo, así como la exaltación militarista de la identidad nacional.

Vox, por conducto de su Fundación Disenso, introdujo el término “Iberósfera”, que se transformó en una bandera ideológica para consolidar una alianza internacional de líderes y partidos de derecha y derecha radical tanto en España como en América Latina, cuya misión era combatir el comunismo y los gobiernos progresistas de la región agrupados por el Foro de Sao Paulo o el Grupo de Puebla. Tiene un enfoque geopolítico e ideológico fuertemente centrado en el eje Atlántico. Es un concepto que abarca lo lingüístico e incorpora a todas las regiones que hablan español y portugués en el mundo, agregando también tangencialmente a países de África como Angola, Guinea Ecuatorial y países de Asia como Filipinas.

Vox está emparentado política e ideológicamente con el Yunque mexicano. Los orígenes del partido español fueron promovidos por los yunquistas. Ahora Vox y sus organizaciones cívicas financian y capacitan a más de 60 organizaciones afines en todo el mundo. Esto se desprende de los más de 200 mil documentos exhibidos por Wikileaks. Los conceptos hispanismo étnico o etnicismo hispanista están sustanciados también en la Carta de Madrid en 2020, un intento neocolonialista de cómo concebir Latinoamérica.

El afán conquistador perdura en la ultraderecha española y también en el Yunque mexicano, heredero directo de los cristeros. Para el hispanismo étnico la historia gravita, porque ha fructificado ricas configuraciones culturales que los españoles derechistas creen suyas. El pasado compartido sedimenta y se torna sustrato que pasa por lo religioso. Mientras los latinoamericanos festejamos la Independencia, los yunquistas y sus primos hermanos españoles neofranquistas deploran la conmemoración.

La confrontación entre la 4T y la ultraderecha española tiene antecedentes. En marzo de 2019, AMLO envió cartas individuales al rey Felipe VI de España y al papa Francisco. El objetivo de las misivas era que ambas instituciones pidieran perdón a los pueblos originarios por los abusos, matanzas y violaciones a los derechos humanos cometidos durante la conquista y la época colonial. Gran parte de la clase política y de los medios conservadores calificaron la exigencia de “afrenta”, y “ofensa intolerable”. Más que mirar el pasado habría que pensar en el futuro, dijeron. La misiva de AMLO atizaba las entrañas hispanofílicas de la ultraderecha.

El meollo de la discusión no es conceptual, es ideológica, política y teológica. El avance la ultraderecha en España y en el mundo incita al PAN a mostar a una tendencia cada vez más inclinada a la derecha radical. ¿Asistiremos a un PAN pro franquista y cercano al Yunque? Y dónde queda la postura estadunidense que ha revitalizado la Doctrina Monroe, que dicta que América es para los americanos. Desde la derecha mexicana se vienen tiempos de redefinición llamativos.

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