León Bendesky
La medición de la riqueza global de los hogares es un asunto complejo que, en el mejor de los casos, se reduce a una aproximación. Una referencia a la que se recurre para abordar el asunto es el informe del Instituto Global McKinsey, parte de la conocida empresa de consultoría del mismo nombre.
La cifra que ofrece como referencia es del orden de 600 billones de dólares (trillones, según se mide en inglés) en 2005 y que representa de buena manera otras estimaciones disponibles. En 2026, el crecimiento de las cotizaciones bursátiles y de las tasas de interés debe haber aumentado de modo significativo esa estimación. Lo relevante, pues, es lo que está detrás de ellas, aun cuando haya un grado amplio de inexactitud en su cómputo.
Una condición que caracteriza a dicha riqueza y que se convierte en motivo de atención es que se calcula que las cuatro quintas partes corresponden a las ganancias en papel; es decir, representa una riqueza financiera registrada en papel o en pantallas digitales y no en dinero físico a la mano. Se derivan de la valuación de los activos que comprende y no de su valor.
Las cifras son abrumadoras, su significado también lo es. Dan cuenta de rasgos relevantes de las condiciones económicas vigentes, tanto productivas como financieras y que expresan desbalances significativos en la economía global.
Uno de los desbalances económicos que se registran hoy tiene que ver, precisamente, con el origen y la magnitud de la riqueza de los hogares, asociados con el modo de funcionamiento del capitalismo y, por lo tanto, su carácter es sistémico.
A este rasgo se agregan las distorsiones relativas a la generación, la apropiación y la acumulación de distintos tipos de recursos por diversos sectores de la población, a los que debe agregarse su distribución geográfica.
Se observa un crecimiento más rápido de la riqueza respecto al ingreso, lo que apunta a una condición relevante que corresponde al significativo aumento de las ganancias de capital, en particular las provenientes de los mercados de acciones y los bienes raíces.
Respecto a este rasgo, McKinsey señala que sólo 20 por ciento del aumento reciente de la riqueza proviene de la formación de capital, es decir, de la inversión productiva, como la destinada a la construcción, la creación de infraestructura y de maquinaria. El resto se asocia con la creciente valuación de los activos existentes.
Esa es la riqueza de papel, que es susceptible de ajustes significativos al alza, pero también a la baja, provocando fluctuaciones que pueden ser severas por su carácter especulativo y, eventualmente, provocar una recesión. La caída de nivel de la actividad productiva, que acarrea la pérdida del valor de los activos. La deflación, como movimiento contrario al de la inflación actual en el precio de los activos.
El problema se refiere, entonces, a las repercusiones de la generación de riqueza de papel, con empresas y activos con valuaciones muy altas, pero que no generan ingresos correspondientes, de una manera que puede considerarse virtual y, por ello, con la posibilidad de no realizarse.
Los desbalances económicos asociados con el origen y la apropiación de la riqueza se refieren al predominio del capital financiero altamente especulativo. Esto se remite al modo en el que se determina la generación, la apropiación y la acumulación de los recursos en sectores productivos determinados y en otros tipos de activos concentrados en cuanto a su propiedad. Estos elementos sobresalen respecto al aumento de la productividad y la competencia y repercuten en la manera en la que se genera y distribuye la riqueza, considerando cómo y dónde se da y, en general, profundizando las condiciones de la desigualdad.
Hay que distinguir entre el ingreso que reciben las familias y la riqueza que poseen. Son dos conceptos diferentes: el primero constituye un flujo, mientras la segunda es el valor de los activos y corresponde a un acervo. Se considera que la riqueza provee una forma de seguridad de largo plazo. La riqueza está mucho más concentrada que el ingreso. El uno por ciento de la población global concentra una proporción enorme de los activos, estimada en 40 por ciento del total. Esto se debe a que las inversiones de capital crecen más de prisa que los ingresos salariales.
Cuando la valuación de los activos, sean éstos acciones de empresas, productos de diversos tipos, bienes raíces y otros más, se dispara respecto al valor y surgen condiciones que conllevan altos riesgos. El sistema financiero apunta a una disfuncionalidad económica en la forma de un menor capital concreto y un acervo virtual que genera rendimientos teóricos valuados en billones de dólares.







