Ignacio Betancourt

El gobierno mexicano se prepara para una posible ofensiva generalizada contra cualquier reclamo independiente, se construye el techo “legal” para una guerra que de forma cada vez más explícita se realiza contra la población a través de instancias legislativas y judiciales y de manera prominente a través del Ejecutivo. En la sesión del pasado martes 29 de marzo la Comisión de Gobernación de la Cámara (federal) de Diputados avaló sin cambios la propuesta presidencial para reglamentar el artículo 29 constitucional y de esta manera la dictadura priísta (con la complicidad de PAN, PRD, PVEM, PES y Panal) pueda aplastar “legalmente” cualquier intento ciudadano de impedir las agresiones del poder empresario-gubernamental (que sólo se concibe como la capacidad de mantenerse medrando a cualquier costo). Como en dicha reglamentación no se define en qué consiste una “perturbación grave de la paz pública”, sólo será la justificación legal para el uso de todo el aparato represor contra lo que la Presidencia considere “perturbación grave”. Si los grandes corruptos no pueden seguir saqueando al país ¿será una perturbación grave? ¿Podrá Peña Nieto caracterizar objetivamente la existencia de “un riesgo para la paz pública” cuando todo ciudadano sabe que cualquier funcionario fácilmente confunde el impedimento a seguir delinquiendo como un riesgo para su propia seguridad y por lo tanto para el país, pues ellos se consideran el país?

Afirma la senadora Rocío Nahle (coordinadora de Morena) que aunque la solicitud presidencial debe pasar por el Congreso “el decreto de suspensión caminará hacia donde diga el Presidente”. ¿Los intereses de grupo o partidarios, dictarán los parámetros? ¿Quién garantizará el respeto al ciudadano cuando el gobierno caracterice una “amenaza pública”? ¿Quién definirá la duración del “sacrificio temporal de derechos? Dado el carácter vinculatorio de tal reglamentación esta se vuelve acción de facto y de inmediato surge la pregunta ¿cómo se tutelarán los derechos humanos? ¿Quién lo hará?

Si el gobierno advierte que se reglamenta para evitar “afectaciones a la paz o la estabilidad interna” y es el propio gobierno el principal agresor de esa estabilidad ¿qué puede esperar el ciudadano ante tanto cinismo? Si se trata de prevenir “crisis económicas que por su gravedad puedan generar alteraciones al orden público” (que es lo que el mismísimo gobierno realiza con especial empeño) ¿podrán prevenirlas los propios saqueadores? Como siempre, es la ley de los verdugos la que imponen a las víctimas; sus maneras de mantenerse medrando es la única ley que respetan la (casi) totalidad de los funcionarios en el país. ¿Serán estas nuevas leyes las que requiere una población en el límite de lo soportable?

Y volviendo al emblemático proceso de autoritarismo e irracionalidad que predomina en el funcionamiento de la Secretaría de Cultura, habrá que señalar que finalmente los representantes del Colectivo de Colectivos se entrevistaron con Armando Herrera el “nuevo” secretario de Cultura en el estado, sólo para constatar la lamentable complicidad del susodicho con las formas más cavernícolas de la burocracia cultural, pues contra viento y marea tolera (y tal vez propicia) las agresiones que Alfredo Narváez Ochoa realiza desde que hace un mes fue impuesto como encargado del Centro Cultural Mariano Jiménez. Este Hitler local es el mismo sujeto que en un increíble acto de autoritarismo hace un mes desmontó, sin avisar a nadie, una exposición de artes plásticas colgada hacía tres semanas en una de las salas del Mariano Jiménez y cuando se le preguntó la razón del atentado su única respuesta fue llamar a la policía. Pese a tal infamia Armando Herrera mantiene al infractor, y mientras el secretario sonríe amablemente permite que su golpeador lo exhiba como un discreto promotor de la violencia institucionalizada (por quienes son pagados para propiciar todo lo contrario). ¿Quién habrá impuesto tal energúmeno al actual secretario de Cultura? ¿Tan vulnerable se encuentra, que debe tolerar faltas tan graves de parte del personal que dirige? ¿Esa irá a ser su forma de fomentar la cultura y contribuir a la reconstrucción del tejido social?

Por lo pronto se intenta un nuevo acuerdo entre el Colectivo de Colectivos y la Secult, consiste en reformular las características de la llamada Comisión Mixta pues el Hitler potosino se niega a reconocer la participación ciudadana en el funcionamiento cultural del Centro. Sería bueno no olvidar que hace más de dos años la anterior Secult decidió desaparecer el Mariano Jiménez y fue gracias a la oposición ciudadana que se logró mantener abierto el lugar (pese a los inevitables infiltrados de la Secult). Desde finales de 2014 el Centro se había mantenido funcionando (y limpio) gracias al Colectivo de Colectivos, sin embargo desde hace unas semanas que el hacendado ario Alfredo Narváez Ochoa llegó al Centro, éste se ha convertido en un verdadero basurero; sería conveniente que la Secretaría de Salubridad se diera una vuelta por el lugar.

La Secult no sólo ha reformado arbitrariamente el histórico lugar (casa de Mariano Jiménez) sino que sigue utilizando a colectivos fantasmas e incondicionales de todo tipo para boicotear y difamar a los integrantes del Colectivo de Colectivos. Ya sólo falta el empleo de las hogueras públicas para “purificar” a la ciudad de cualquier vestigio de ciudadanía inconforme. Si la llamada comunidad cultural o los artistas independientes ignoran el generoso esfuerzo que implica el que durante más de dos años se intente recuperar un espacio consumido por la corrupción y la irracionalidad (sin que el Colectivo haya hecho caso de invitaciones y corruptelas), tal vez pronto el Mariano sólo será recuerdo pero habrá de conservarse una memoria que no habrá sido inútil pero sobre todo justificará creativamente un reclamo vuelto tan complicado; surgirá un libro en donde se recreará la increíble lista de artimañas que funcionarios y lamebotas emplean para imponer sus propios intereses, por cierto bastante ajenos a la ciudadanía.

Del poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935) un fragmento del poema XLVI de su libro El guardador de rebaños (firmado bajo el heterónimo Alberto Caeiro): (…) Busco decir lo que siento/ sin pensar en que lo siento./ Busco arrimar la palabra a la idea/ sin necesitar de un camino/ que vaya del pensamiento a la palabra.// No siempre consigo sentir lo que sé que debo sentir./ Mi pensamiento sólo muy despacio atraviesa a nado el río/ porque le pesa la ropa que los hombres le hicieron vestir.// Busco desnudarme de lo aprendido./ Busco olvidarme del modo de recordar que me enseñaron,/ y raspar la pintura con la que me pintaron los sentidos,/ desencajonar mis emociones verdaderas,/ desempacarme y ser yo, no Alberto Caeiro,/ sino un animal humano que la Naturaleza produjo.// Y así escribo, queriendo sentir la naturaleza ni siquiera como un hombre,/ sino como quien siente la naturaleza y nada más./ Y así escribo, ora bien, ora mal;/ ora acertando con lo que quiero decir, ora errando,/ cayendo aquí, levantándome allá,/ más yendo siempre por mi camino como un ciego obstinado.(…) 

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