• Avance con distribución de riqueza
  • “Operaciones terrestres” contra Trump

Carlos Fernández-Vega

La presidenta Claudia Sheinbaum subraya que “hay datos muy buenos” para la economía mexicana, pues en materia de crecimiento ocupa el escalón número siete (de 38 posibles) entre las naciones pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), cuyo promedio de “avance” en el presente año es de 0.7 por ciento contra 1.4 por ciento en el caso de México. La diferencia es del doble. Recordó que “recientemente se ha dicho que México no crece, que estamos muy mal, de tal forma que es importante la información que aporta esa organización internacional”, sin olvidar que ella misma ha reiterado que “a partir del segundo semestre se nota un incremento todavía mayor; por ello, ese dato es muy bueno”.

De hecho, el FMI –en consulta a su bola de cristal– pronostica que en 2027 la economía mexicana crecerá 1.8 por ciento, la misma proporción estimada por ese organismo para las “economías avanzadas” y apenas una décima por debajo de lo estimado para Brasil. Quienes siguen como motor económico del mundo son India y China; Estados Unidos se mantiene estancado y la única posibilidad de que resurja depende de las próximas elecciones intermedias del 3 de noviembre, cuando será más que pertinente que los estadunidenses le metan una patada en el culo al pandillero Donald Trump.

Dice la presidenta Sheinbaum que lo que impacta “de manera importante” el crecimiento económico de los países es, “principalmente, el precio de los combustibles y el acceso a ellos, además de una situación internacional vinculada con la nueva postura económica propuesta por el presidente Trump desde que llegó: las ‘tarifas’, como dicen en Estados Unidos, los aranceles a nivel mundial. Esto, junto con la disminución del acceso a los combustibles y el incremento de los precios, ha generado una baja del crecimiento económico en muchos países. Incluso China, que crecía al seis, siete u ocho por ciento, está creciendo a 4 por ciento”.

Paralelamente, la mandataria explicó por qué está creciendo México: “Hay dos elementos muy importantes: uno, la construcción. Decidimos hacer un programa muy ambicioso de infraestructura y eso nos está ayudando al crecimiento económico. Primero en vivienda, muy importante, vivienda pública, todo el programa de Vivienda para el Bienestar que, además, ha ayudado a la vivienda privada, a la construcción de vivienda. Y el segundo es construcción en general: carreteras, puertos, algo de aeropuertos, ferrocarriles, todo el programa de infraestructura que hemos presentado aquí. Entonces, la construcción ha impulsado de manera muy importante”.

Otro elemento, detalló, “es el crecimiento de un sector, que es el electrónico. Dado el crecimiento de la inteligencia artificial en Estados Unidos, hay muchas plantas en México que están creciendo para la producción de diversos componentes electrónicos. Y otros sectores, incluso el automotriz, que tuvieron en algunos casos estancamiento de algunas empresas y disminución de otras por los aranceles de Estados Unidos, hoy se están recuperando. Esto, vinculado con el crecimiento de los proyectos de energía, va a seguir ayudando hacia adelante”.

Aun así, destacó que “el crecimiento económico per se no es un indicador que nos muestre cómo está la población; recientemente salió una publicación de la Cepal, que informó: entre 2014 y 2024, México contribuyó con 60 por ciento de la reducción de la población en situación de pobreza en toda la región. Es decir, hay crecimiento en México, pero, muy importante, hay distribución de la riqueza. El crecimiento sin distribución de la riqueza no necesariamente beneficia a la población”.

Las rebanadas del pastel

Con el clásico grito de “¡al ladrón, al ladrón!”, el gorila de la Casa Blanca de nueva cuenta amenaza a México con iniciar “operaciones terrestres contra objetivos de los cárteles del narcotráfico” y “apenas están por comenzar”. Pero, en los hechos, ¿quién trabaja para los narcos y los protege? Sólo un ejemplo: Donald Trump indultó al ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández, sentenciado a 45 años de cárcel por la introducción a territorio estadunidense de la friolera de ¡400 toneladas de cocaína! El magnate naranja dice “estoy frenando el tráfico de drogas hacia mi país”, pero hace exactamente lo contrario. Y entre los títeres latinoamericanos que cobija (aunque Daniel Noboa es gringo –nació en Miami–, no ecuatoriano) está un fulano que exporta plátanos rellenos con polvo blanco. Entonces, esas “operaciones” deben efectuarse, ya, contra el inquilino de la Casa Blanca.

X: @cafevega

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