El día fue domingo 24 de abril de 2016. Una tarde calurosa con pleno sol a las 4:00pm. En el jardín del Barrio de Tlaxcala decenas de mujeres potosinas tomaron la calle para marchar en contra de la violencia machista, como parte de un día de protesta nacional que sacó a las calles a miles de mujeres en México, país que se ubica entre “los 25 países con la mayor tasa de feminicidios del mundo”[1], estos datos con corte de 2015, elaborados por ONGS internacionales con apoyo de la ONU.
La marcha del domingo es importante para SLP. Pues en nuestro Estado es muy común observar una cultura política orientada por valores conservadores, lo cual implica que mucha gente sea contraria a causas de ampliación por los derechos de las mujeres. Y a pesar de esto cerca de 400 personas marcharon a lo largo del Eje Vial, pasando por la procuraduría del Estado y hasta llegar a fueras del Palacio Municipal en la Plaza de armas, esta última, una plaza de ejemplos cívicos y democráticos trascendentes para nuestra historia política.
A lo largo del trayecto se gritaban consignas, como: ni una menos, ¡cabeza violadora a la licuadora! ¡No es no! Consignas que demuestran el hartazgo de las mujeres por soportar injusticias sociales históricas y un mal trato por parte de hombres y mujeres educados con valores machistas y autoritarios, de desvalorización de la mujer, de la transformación y venta de su cuerpo como un objeto sexual industrial, hartas de su opresión, de agresiones en su contra, agresiones que es necesario exponer al desnudo para mover conciencias, para que esta situación cambie en un país y Estado violento y peligroso para las mujeres.
Llamaban la atención las consignas que exigían respeto. Que pedían un alto a las agresiones y hostigamientos sexuales, las que marcaban un límite a esas groseras prácticas que industrializan y comercializan a la mujer como mercancía sexual. En el trayecto la marcha hizo alto más de tres veces y más personas se unían al contingente. Las mujeres invitaban a otras a unirse, el grito de ¡únete pueblo únete! Parecía surrealista pues en los cruces de las avenidas, en las paradas de autobuses y en los comercios donde se asomaban curiosos locatarios. Muchas miradas eran de desconcierto, de asombro, muchas mujeres que no marchaban miraban asustadas, algunas de ellas y algunos hombres que se mantenían al margen de la manifestación incluso soltaban ojos de enfado ante esas exigencias de respeto humano elemental a los derechos de las mujeres. Eso revelaba la educación autoritaria de muchos que se incomodaban con las personas que tomaron la calle ese día
El simbolismo es hasta cierto punto importante en política. Pero significa mucho en lugares donde prevalecen prácticas abusivas que no pueden seguirse tolerando, pues somos parte de un sistema y dañan nuestra convivencia en sociedad. Por eso la marcha del domingo es muy trascendente para San Luis. Un Estado y su capital que son violentas y donde han desaparecido niñas, y mujeres jóvenes, donde las han asesinado porque fueron vistas como objeto sexual y no como seres humanos que merecen respeto.
El acto de tomar las calles, de que las personas marcharan exigiendo respeto y la acción del Estado mexicano para garantizar condiciones de equidad y cambios en la cultura autoritaria machista del país, es un símbolo poderoso. Pues la ampliación de estos derechos y libertad de violencia contra las mujeres, es elemental para el cimiento de una cultura política y democrática fuerte –que resista tentaciones autoritarias y abusivas– en cualquier sociedad.
En un país donde la violencia en contra de la mujer se ejerce no solo en la sociedad, sino que de manera horrorosa se ejerce también en las instituciones, a nivel estructural, hacer notar este problema es fundamental para exigir cambios en las estructuras políticas y de impartición de justicia para que cambien sus comportamientos autoritarios, discriminatorios y de minusvaloración de las mujeres que acuden a estas instituciones cuando sufren abusos inaceptables.
La marcha arribó a su destino en el Jardín Hidalgo a las 6:00 de la tarde. Se montó un acto cultural donde algunas mujeres hablaron de sus historias de violencia y vejaciones filiales y las posteriores injusticias que les hacen pasar los funcionarios públicos que nunca las atendieron como ellas esperaban y replican la violencia en las instituciones del Estado. Se observaban carteles de protesta a los pies de las columnas del palacio municipal. Se levantaron cruces rosas y zapatos de mujer rojos tirados en el suelo, muñecas abandonadas en el piso. Pregunté que significaban. Me contestaron que eran la representación de las mujeres que se han ido. De todas aquellas que han muerto por la violencia normalizada en contra de la mujer. En un país que demuestra que si matan y agreden a las mujeres, entonces las cosas no andan nada bien.
Y a pesar de lo adverso, lo que da esperanza es que las personas salgan a demandar esos cambios tan necesarios. Después de todo, que salgamos a tomar las calles en pro de una sociedad más inclusiva, justa y equitativa. Es un aliento, un buen signo de que se pueden ampliar los derechos de todos con las luchas democráticas y demandar transformaciones de esas muestras autoritarias en nuestras instituciones y en la sociedad. Prácticas autoritarias y conservadoras que a nadie convienen, prácticas abusivas lamentables que sufren a diario cientos de mujeres en este país, donde SLP no es la excepción y donde su sangre se ha derramado.
Enhorabuena por aquellos que se manifiestan y luchan por una sociedad más justa para vivir y convivir.
NI UNA MENOS
[1] http://www.animalpolitico.com/2015/05/mexico-en-el-top-10-de-paises-con-mas-feminicidios-por-armas-de-fuego-del-mundo/





