- Puebla y BC: malos candidatos
- Tamaulipas, ayudar al gobernador
- Rojas: las pérdidas de Morena
Julio Hernández López
A pesar de los esfuerzos morenistas por destacar las presuntas virtudes habidas en los recientes comicios estatales, la realidad es que, salvo en lo referido a la forma pacífica en que se desarrollaron (obviamente, con sus excepciones), el saldo merecería una lectura autocrítica desde el poder dominante de la política en todo el país, el asentado en Palacio Nacional.
Una de las características que debería preocupar a los estrategas que están en busca de una Cuarta Transformación nacional es el abstencionismo en varios de los seis estados donde hubo elecciones, especialmente en los dos en que se ofreció un platillo tan atractivo como fue la designación de gobernadores. Ni en Puebla ni en Baja California hubo masas que conmocionaran las urnas. Elecciones desangeladas, pasivamente rechazadas. Es probable que al desánimo votante contribuyeran los turbios historiales de los candidatos oficiales, Luis Miguel Barbosa Huerta y Jaime Bonilla Valdez, capaces de ahuyentar hasta a bases morenistas, y no se diga a segmentos sociales no afiliados al morenismo pero que tal vez hubieran votado por el nuevo partido dominante, si los candidatos hubieran sido menos inaceptables.
Ganó el presidente Andrés Manuel López Obrador las dos candidaturas gubernamentales en juego, pero con abanderados que contradicen los postulados programáticos de Morena. Y, si ha de concederse un sentido indicativo a ese abstencionismo (tres de cada diez ciudadanos con derecho al voto lo ejercieron en esas entidades), las coordenadas podrían llevar a ubicar una especie de reticencia a convalidar decisiones cupulares generadoras de triunfos electorales a partir de padrones asistenciales y tretas dignas del viejo régimen cuando menos en Puebla y Baja California.
Una lectura especial merece Tamaulipas, dominado férreamente por el priismo durante décadas y ahora gobernado formalmente (en esa entidad, como en otras, el verdadero poder no es el político o institucional) por un muy pragmático panista, Francisco García Cabeza de Vaca. A contrapelo de las tendencias nacionales, en la tierra regida por los cacicazgos y el crimen organizado el Partido Acción Nacional ganó de manera apabullante la elección del congreso estatal. Morena, el fenómeno electoral tan extendido en otras latitudes, aplastado en Tamaulipas.
El monrealismo, la aún invertebrada corriente disidente al interior de Morena, ya había denunciado que en aquella entidad norteña se estaban realizando pactos políticos entre Morena y el gobernador García Cabeza de Vaca, para presentar candidatos morenistas inviables y dejar el camino libre al panismo. Alejandro Rojas Díaz-Durán, miembro de esa corriente disidente (ha sido castigado por la comisión de honor y justicia de Morena, pero ha impugnado tal decisión ante las instancias judiciales correspondientes) ha afirmado que “El caso de Tamaulipas será emblemático de cómo perder una elección, cuando hace 3 meses el ánimo social y las encuestas favorecían a Morena 3 a 1. Lo advertimos a tiempo y ahí están los famélicos resultados”.
Aún cuando ha de considerarse que las elecciones generales, que incluyen la presidencial, cuentan siempre con mayor concurrencia electoral que las intermedias o extraordinarias, es de atenderse el diagnóstico presentado por Rojas Díaz-Durán: “Morena fue el partido que perdió más base electoral en los procesos que se llevaron a cabo el pasado domingo 2 de junio. En el 2018 sacó 4,511,536 votos en estos Estados de la República y ayer sólo sacamos en total 1,567,028 votos. Es decir, perdimos 2,944,508 electores. Casi 3 millones de votos menos que la elección anterior, o sea, 65% menos votación”.
Del lado de los opositores a Morena, ha de decirse, tampoco hay nada que realmente justifique posicionamientos alegres. Claudia Ruiz Massieu y Marko Cortés, dirigentes formales del PRI y el PAN, respectivamente, tratan de hacer piruetas analíticas y declarativas que de alguna manera les permitan decir que “algo” avanzaron. Nada hay de eso.
Astillas: El secretario estadunidense de comercio, Wilbur Ross, simplemente reiteró ante la titular mexicana de economía, Graciela Márquez Colín, que el gobierno de Donald Trump sostiene su intención de aplicar un arancel del cinco por ciento a todo producto mexicano que entre a Estados Unidos… Esa postura permite avizorar lo que podría suceder en la reunión del próximo miércoles (a la que de manera desesperada el canciller mexicano ha denominado “cumbre”) entre Marcelo Ebrard y su contraparte en Washington, Mike Pompeo… La pretensión gringa es clara: busca que México se asuma abierta y oficialmente como “tercer país seguro”; es decir, como territorio anexado a las políticas de seguridad nacional de Estados Unidos en materia de migración proveniente de Centroamérica (pero integrada no solo por centroamericanos y caribeños). En los hechos, el obradorismo ha ido actuando en consonancia con algunas de las líneas generales de esa pretensión del trumpismo, pero ahora se exige un reconocimiento expreso de tal condición subordinada… Claudia Sheinbaum ha sido encarada por taxistas que le reprochan que mantenga políticas favorables al transporte de pasajeros por vía de aplicaciones de internet. La protesta de taxistas llegó ayer a la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México… Guillermo García Alcocer ha renunciado, con fecha efectiva del próximo 15, a la presidencia de la Comisión Reguladora de Energía. Ya nada tenía qué hacer este comisionado: la nueva integración de ese órgano es plenamente favorable al obradorismo y militantemente contraria a las hechuras y políticas practicadas por García Alcocer… Luis Raúl González Pérez presentó ayer su informe anual de labores como presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. No asistió el presidente de la República, como se había acostumbrado en 29 años de existencia de esa institución. Las consideraciones de González Pérez fueron críticas hacia el primer tramo del obradorismo… ¡Hasta mañana!





