Luis Ricardo Guerrero Romero

Una asociación de feministas en un mundo paralelo, apresuradas y heridas por el lenguaje, se pusieron a investigar sobre algunos conceptos que heredamos de distintas culturas. No cualquier concepto capturaba su atención, sino aquellos que hacían ver a la mujer como un ente inferior, estigmatizado o bien, sólo porque no les gustaba. Intrépidas, como bien se dicen hoy: invictas; destruyen siglos de cultura y lenguaje con la bandera de la equidad. Con alta probabilidad son parte del cambio que el mundo requiere para salir avante. No lo sabemos.

La discusión a la que fui invitado para reforzar sus estereotipos se dio lugar en: “la aldea libre y rosa” (cafetería en equis lugar donde se apremia ser feminista y derrocar al heteropatriarcado). Me costó trabajo entender su variante dialectal, sus adjetivos y sustantivos terminados en: e, x, s, es, o cualquier consonante que no refleje género. Lo terrible es que el género en la lengua no es un equivalente del sexo en el quehacer social. Pero nunca lo han entendido. Veamos si logro aportar algo.

En fin, llegó mi turno, y como se trababa de plantear conceptos que dieran para la polémica dije, con voz apacible: —sólo a las mujeres se les puede decir harpías. Esas nueve palabras fueron la llave para las docenas de Pandoras que tenía alrededor de mí.

Las harpías o arpías, cualquiera de estas formas es admitida por la lengua. Aunque, se emplea con mayor forma sin [h], para hacer la descripción del carácter tosco, o bien furiosa actitud. Que dicho sea de paso, la palabra furiosa (orígenes femeninos) también es parte de una serie de demonios denominados: ctónicos (males de la tierra, hechos para y por la tierra. O mejor dicho del suelo). Entre los demonios ctónicos hay: hidras, furias, erinias, quimeras, gorgonas, sirenas, esfinges, lamias, salamandras, hipogrifo, y unos pocos hombres como el tritón, minotauro, pegaso, dragón. Pero aquí estamos divagando sobre las harpías. Se reconocen a tres: Nicótoe, Ocípete, y Celeno. Su trabajo raptar. Quizá eso ya nos dice algo al leer la voz griega: αρπη (arpe): guadaña, o ραπαζ (ladrón, rapaz). La palabra helénica: αρπυια (arpya) significa literalmente huracán, tempestad. Así entendemos que: a) las tres harpías por antonomasia acechan en el mal tiempo o con el viento, de hecho, según Grimal, sus nombres significan: Borrasca, Vuela-rápido o rauda, y Oscura; y b) por eso los huracanes o tormentas tienen en su mayoría nombres femeninos, porque son herencia de las harpías. Mujeres de muy mal augurio.

Una harpía es raptora, aunque tenga amorfas definiciones de su sexo, lo que no cambia es su cabeza de mujer. Aunque son mujeres representan los vicios. Con lo anterior quiero decir que, los vicios del mundo o el vicio es una palabra masculina, pero sus representantes más fieles son femeninas. Así que, nada tiene que ver el sexo de un ente con la posición de género que funja en la lengua.

Desde luego sabemos que las harpías son un mito y están en algunas leyendas, son mujeres, lo refleja su cabeza y muchas veces su genitalidad. Mientras que ser arpía, así en singular, describe como hemos dicho un carácter originalmente femenino. Caso semejante es la palabra histeria, que, aunque se busque o desee ser incluyente, el origen de las palabras es inapelable, o que venga un cirujano a hacerme una histerectomía.

l.ricardogromero@gmail.com

Reloj Actual - Hora Centro de México