Luis Ricardo Guerrero Romero
Antes de que fuera el último día de julio, día en que la vida brilla en la mirada de ella, el tipo saca su celular y hace una videollamada a la joven que está ausente, un número al azar con timbre de música de Las Pandora y una foto de perfil de Snorlax. Comienza con desánimo y exiguas esperanzas a decir:
-No es muy necesario que entre sueño y resaca aparezcas con tus sí, con tus no, con los ya veremos, es sin dudas una tortura a la distancia. Frágil, caprichosa y enamorada el poder-querer tenerte en la memoria de ayer, de hoy, de mañana que no sé si viviré. ¿Qué demonios haces ahora, para qué, en dónde se ensombrece tu felicidad? Sabe, quise entregarme sin que comenzara una riña, ahora ayudo a tu recuerdo a no escapar de mis labios, siempre tuyos; de mis brazos, prestos a tu cintura; de mi voz, que de modo sublime y respetuoso halaga tu mirada cuando se ve en tonos blancos y me dices en silencio te necesito.
Así te pienso en este minuto que sabe a eterna memoria de verdugo, así te imagino, haciendo uso de la mente infantil que de una bolsa de papel recrea el castillo de Malbork, tu mi Nogat, yo tu Polonia sin ruinas. Pero sé que nada detiene tus decisiones contundentes, serenas y creativas en donde recreas tu propia vida, no la de él, no la ellos, no la mía, sino tu auténtica vida misterio que cualquier dios existente y sedente sin miedo al ultrajo de sus sacerdotes violadores de su ley ridiculizada. ¿Cómo te recreas tan prístina seductora, pura, impoluta, cómo? La única respuesta que tengo se va disolviendo en mis labios tan tuyos cada madrugada de julio en sus últimos días, a punto de fenecer. Esta noche nuevamente abriré mis ojos para soñarte en el umbrátil de nuestros recuerdos, que ya no son de ti, ni de mí, sino de aquel nosotros interfecto, antes agonizado de la mucha ausencia de los dos-.
Suelta el audio, teclas al azar C U P M, un reloj lo interrumpe, lo despide de sus vagos recuerdos unos minutos antes de morir esa vida que no pudo tener, y sonríe como teniendo enfrente su mirada.
Lo umbrátil, quizá sea la única fuerza que aún tiene el personaje del relato anterior, lo umbrátil, como vida de gato, sigilo al pisar, y escándalo al maullar. Probable es que, tantos de nosotros hemos estado en el umbrátil también de una u otra manera, a veces: en el trabajo, en la familia, con la pareja, con los hijos, en la economía, con la Patria y con uno mismo. Pero eso cada uno lo sabrá. Lo que aquí intentamos saber es más bien de dónde proviene tal adjetivo.
Umbrátil, sobra decirlo, ya que muchos lo han de deducir, tiene que ver la sombra, en otras lenguas populares como el inglés sabemos que umbrela es sombrilla y bueno que allí el sustantivo provino del latín umbra: sombra. Es entonces que tal palabra aunada a la desinencia de significado morada, habitación o bien lugar o sitio: atil del latín atalis, nos genera la voz umbrátil, o sea: que se encuentra o está en la sombra, sombrío.
Así al leer que alguien tiene un umbrátil recuerdo, se entiende que éste se encuentra en la sombra, pero además de ser oscura, la sombra es gigante más grande que uno mismo, según donde uno decida colocar su ser en relación al astro mayor.





