León Bendesky
El escritor inglés Martin Amis hizo una observación pertinente cuando escribió: “Al dinero no le importa si decimos que es funesto, va de fuerza en fuerza. Es una ficción, una adicción y una tácita conspiración”. Esta sátira es apropiada para situar las condiciones financieras de la industria de la tecnología en Estados Unidos. Es un ajuste de la exuberancia reinante.
La valuación de la industria tecnológica está catalogada hoy como masiva. La capitalización del mercado se refiere al valor total de las empresas que cotizan en la bolsa de valores y se calcula multiplicando el precio de la acción por el número de las mismas.
Este valor es del orden de 26.6 billones de dólares y, para ponerlo en perspectiva, representa más de una tercera parte del valor total del índice S&P 500 y contribuye de modo directo con cerca de 7.5 por ciento del PIB de ese país.
Estos escuetos datos indican la relevancia de la industria y las actividades relacionadas que la componen. El sector está muy concentrado: lo dominan las ya famosas empresas Siete Magníficas (a las que hay que añadir la reciente salida a la bolsa de SpaceX). Este conjunto representa una proporción relevante de la riqueza global.
Las cifras indican las magnitudes de las transacciones financieras asociadas con las expectativas de rentabilidad del sector. Éstas lo convierten en un factor significativo de la estabilidad del sector financiero, sobre todo en un periodo como el reciente en el que enfrentan valuaciones extremas y su consiguiente riesgo potencial. Hay una alta volatilidad en el precio de las acciones y ahora, también, del aumento de los precios de bienes de consumo que se producen.
Los inversionistas parecen retraerse y diversifican sus carteras en un entorno de alza de los costos de la infraestructura requerida por la IA, como ocurre, de modo relevante, con la construcción de los centros de datos. Éstos absorben miles de millones de dólares y se cuestiona si la industria podrá generar ingresos y utilidades suficientes, sostenibles y, además, en un plazo razonable para cerrar las cuentas.
Esta aparece como una de las cuestiones centrales del proceso de financiamiento del sector. Y de la acumulación de la deuda que esto representa.
Según informa The Economist, la consultora McKinsey ha proyectado una inversión de capital en microprocesadores, centros de datos y abasto de energía para la inteligencia artificial del orden de 5.2 billones de dólares en los próximos cinco años y con posibilidad de ser aun mayor; lo que pone la previsión “al rojo vivo”.
Esta es la parte que las empresas tecnológicas estiman necesaria para generar la oferta requerida de la IA generativa. El problema está del lado de la demanda y los ingresos asociados con ella. Lo que está en duda es que ambos lados de la ecuación se correspondan en un plazo determinado. El tiempo del financiamiento de los centros de datos es de largo plazo, mientras la acelerada dinámica de la innovación tecnológica los puede hacer obsoletos antes de su maduración financiera y, así, complicar el entorno financiero.
A todo esto, se superpone el estado de las expectativas macroeconómicas, que pueden propiciar un alza de las tasas de interés en los próximos meses, con el consiguiente aumento del costo de la deuda. Este ha sido el ambiente en el terreno de la política monetaria en el estreno del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh.
La industria de los microprocesadores o chips contribuye ahora al escenario general de los riesgos. Según se reporta, el negocio de este sector enfrenta una paradoja, ya que la gran demanda que enfrenta está generando ingresos sin precedente, pero con el riesgo de que el auge presente del sector no se sostenga al ritmo esperado y no haya alternativas suficientes de generación de ingresos y rentabilidad.
Lo que se reporta es que el segmento de los chips enfrenta un problema de abasto, que afecta al mercado de los productos electrónicos de consumo. Las computadoras portátiles, las tabletas y los teléfonos celulares están ya subiendo de precio mientras los inventarios de chips se van consumiendo. Apple y Microsoft han alzado los precios de menudeo y se están alterando las condiciones generales del mercado.
En la prensa especializada se habla de que la industria de la tecnología y los mercados de capitales pasan por un momento de revisión de las expectativas y redefinición de estrategias, con empresas que no consolidan su condición de rentabilidad suficiente y podrían ser motivo de revisión en las decisiones de los inversionistas. A esto se denomina el “riesgo de la exuberancia”.
Las condiciones actuales apuntan a que aumenta la volatilidad de los precios de las acciones de empresas del sector, lo que significa un ajuste luego de un periodo de irrestricta participación en el mercado de la inteligencia artificial. Se observan de modo más cercano las expectativas de rentabilidad, que se confrontan con los datos de los costos de operación, las restricciones que han aparecido en las cadenas de suministros y las condiciones vigentes en el entorno económico general.





