Iván Restrepo

En agosto de 2003, el calor intenso ocasionó una gran tragedia en Francia: 15 mil personas murieron por el aire caliente que sofocó al país dos semanas. La mayoría de los fallecidos, personas mayores. Muchas de ellas se encontraban solas. Era la época de vacaciones y Francia no creía que el calor (37 grados) podía convertirse en un asesino. Y por eso el ministro de Sanidad apareció en la televisión con un discurso tranquilizador desde la casa en que estaba de vacaciones.

Se supo de la tragedia cuando los servicios fúnebres no se daban abasto, y no pocas familias que regresaron de vacaciones descubrieron los cuerpos de ancianos vecinos que habían muerto en la más terrible soledad. Alrededor de 82 por ciento de las víctimas tenían 75 años o más. Y 92 por ciento de los que murieron en su casa en París vivían solos.

Ese terrible acontecimiento obligó al gobierno a tomar medidas para que no se repitiera. La principal: un plan nacional contra las olas de calor, un sistema de alerta que clasifica la amenaza de verde a rojo cada verano y medidas extremas en caso de peligro. El Meteorológico Nacional y el sector de salud pública verifican diario las temperaturas a fin de tomar en cada caso las medidas más pertinentes. Pese a ello, en Francia y en el resto de Europa, más de 200 mil personas fallecieron por causas vinculadas al calor los últimos cuatro años.

Francia sufre desde hace dos semanas la segunda ola de calor intenso en este 2026. Igualmente buena parte de Europa. Por todos los medios masivos de comuncación se pide a la población local y a las decenas de miles de turistas tomar medidas adecuadas para no poner en riesgo su vida. Desde hace dos semanas, el sistema nacional de alerta activó un plan especial, el cual indica que se está en estado de emergencia extrema. Los hospitales, a tope en el área de urgencias.

He vivido en París tres días de la ola de calor: 41 grados en la calle, lo que puso a los servicios de emergencia y a las fuerzas militares en acción por incendios forestales en varias regiones, y restringió el consumo de alcohol en espacios públicos desde el viernes. También su venta. Canceló la mayor parte de los eventos deportivos al aire libre. El número de muertes, que sobrepasan las cifras normales este junio, suman mil. La mayoría, ancianos. Varias funerarias de la capital y las regiones que la rodean se reportaron saturadas.

La torre Eiffel, algunos museos y otros lugares muy concurridos cierran antes de lo acostumbrado. El Canal de San Martín y parte del río Sena, convertidos en albercas, al igual que las numerosas fuentes de agua. Todos los parques y jardines, abiertos las 24 horas. El refugio ideal para librarse unas horas de la ola: los museos (con excepción de El Palacio de Tokyo, un horno) y los cines, que disponen de aire acondicionado.

Cero consumo de alcohol en la 45 edición de la célebre Fiesta de la Música, durante la cual se ofrecen conciertos en todo el país. El Ministerio de Cultura eligió este año rendir homenaje a todas las formas de jazz. Pero no se limitó a un solo género musical. Desde diyéis emergentes que actúan en las calles hasta coros profesionales que cantan en los parques. Así, decenas de miles de personas de la más diversa edad y condición social asistieron a conciertos para todos los gustos musicales. Pero el calor deslució esta gran fiesta.

Más grave es la situación en cerca de un tercio del territorio francés, declarado en alerta roja porque las temperaturas alcanzan en algunas regiones más de 40 grados. Cabe señalar que tanto en París como en el resto del país no se utiliza masivamente el aire acondicionado en hogares, sitios de esparcimiento, restaurantes, cantinas, escuelas, buena parte del transporte público y hasta hospitales y oficinas de gobierno. Todo indica que en el futuro será necesario recurrir a él en mayor medida.

Aunque Europa presume logros en la lucha contra el calentamiento global, causante de las olas de calor, todo muestra que faltan muchísimas más medidas. Anoto dos: 1. Atender la situación crítica del continente africano, donde se origina buen número de esas olas. Ha sido y es saqueado y alterado en su medio ambiente por el colonialismo europeo, a lo que se suman las nuevas potencias económicas; y 2. El modelo energético vigente, basado en el consumo de hidrocarburos.

Hoy comenzará a disminuir el calor en París. Pero volverá y será oportunidad para retomar el tema.

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