Bernardo Bátiz V.

Los debates y acontecimientos recientes en nuestro país y en América Latina, en especial en Cuba y Colombia, así como los oportunos comentarios de la Presidenta de México, han demostrado la eficacia del sistema adoptado por la Constitución mexicana; no somos neoliberales, no somos un Estado en el que el libre mercado rija sin barreras, pero tampoco somos una dictadura del proletariado ni mucho menos una dictadura a secas.

En lo político somos una democracia en la que el pueblo expresa su opinión con libertad y logró con votos un cambio histórico; no hay cortapisas ni represión a quienes opinan y al hacerlo critican al gobierno ni tampoco la hay cuando las críticas son dirigidas a las personas que ocupan cargos públicos; hay respuestas y debate abierto; la “mañanera” ha sido, desde el sexenio pasado, una muestra de esta actitud y nos invita a definir cuál es nuestro “modelo” tanto en lo político como en lo económico.

Los gobernados participan en las polémicas, tienen voz y espacio para hacerlo, no hay represión ni abierta ni velada; se respetan las libertades políticas y lo cierto es que el pueblo es “sabio”, está enterado, opina y participa, con declaraciones, marchas que no son reprimidas y de otras maneras, por medio de sindicatos, agrupaciones empresariales, organizaciones con diferentes objetivos y con diferentes formas de actuar y de expresarse.

Han quedado muy atrás los tiempos en los que la única opinión que contaba era la del presidente de la República y el único partido que ganaba era el PRI. Recuerdo que el maestro Virgilio Domínguez, que fue director de la Facultad de Derecho de la UNAM, decía entre bromas y veras que “en México sólo hay dos instituciones: el PRI y el presidente”; eso ya no sucede.

Sólo que ahora tenemos que ser muy cuidadosos para que el viejo sistema no reaparezca como algunos temen y quizá también algunos deseen. Debe quedar claro que Morena no es un nuevo partido de Estado, ni un nuevo partido oficial.

¿Qué es México? ¿Cuál es nuestro sistema? Si no somos ni una democracia neoliberal en la que las fuerzas del mercado, y por tanto, los intereses de los poseedores de la riqueza prevalecen, ni somos tampoco una dictadura del proletariado, ni menos una “dictablanda”, ¿qué somos entonces?

La respuesta debe ser clara, resultado de la observación y la reflexión, y abarca tanto lo político como lo económico; a todos nos debe quedar claro que la Cuarta Transformación, como lo dijo recientemente la presidenta Claudia Sheinbaum, no debe detenerse, sino por el contrario, consolidarse y respetar los derechos de todos, y muy en especial el voto democrático.

Para que esta intención de congruencia se sostenga, se fortalezca y se respete, debemos entender muy claramente quién o quiénes son los dueños de la riqueza y cuáles son las reglas formales, e informarles de nuestro sistema. Si no somos neoliberales, ¿cuál es el papel del Estado? Si no somos un sistema socialista, ¿cuál es el papel del Estado? La respuesta está en el texto de nuestra Constitución aprobada en 1917 como efecto principal de la Revolución Mexicana, y reformada paulatinamente a través del tiempo, paso a paso y en forma no sólo democrática sino, diría yo, prudente y a veces sabia.

El papel del Estado en la economía no es ser titular de la riqueza; los bienes, las empresas, la tierra, las fábricas, los transportes pueden ser legítimamente de personas en lo individual o de personas colectivas como ejidos, cooperativas o sindicatos. Hay un régimen económico en el que se respeta tanto la propiedad privada como la propiedad pública, pero también la propiedad social, y creo que ésta es la gran aportación de la Revolución Mexicana.

Al lado de las empresas privadas, bancos controlados por accionistas, trasnacionales poderosas, juegan en México un papel importante; empresas públicas como Pemex y la Comisión Federal de Electricidad, bancos del Estado como el Banco de México, la Nacional Financiera, los bancos Ejidal y Agrario, así como cooperativas de ahorro y préstamo, también otras de fines diferentes de las que doy dos ejemplos: la Cooperativa Pascual, embotelladora de refrescos, y Cementos Cruz Azul.

Y esto no es sólo producto de intereses particulares; es un modelo propio, ya consolidado y previsto en la ley suprema, producto de la Revolución Mexicana.

La Constitución reconoce expresamente que hay tres tipos de propiedad: pública, privada y social; transcribo para no olvidarlo el siguiente párrafo del artículo 28, cuando se refiere a la tierra: “Las concesiones podrán ser para uso comercial, público, privado y social, que incluyen las comunitarias y las indígenas, las que se sujetarán, de acuerdo con sus fines, a los principios (…) de esta Constitución”.

Creo que esta es la importante aportación, nuestra propia respuesta al liberalismo o al socialismo; en México hay rectoría del Estado en la economía, pero en especial coexistencia de la propiedad social con la pública y la privada.

jusbb3609@hotmail.com

Reloj Actual - Hora Centro de México