- Zócalo: informó y arengó
- Dificultar reversión de cambios
- Salinas y otros, al extranjero
Julio Hernández López
Andrés Manuel López Obrador conmemoró, informó y arengó, pero no emitió ningún mensaje especial o sorpresivo durante el acto que encabezó ayer en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México con motivo del primer aniversario de su triunfo electoral.
Hubo, eso sí, un reforzamiento explícito de su convicción de sentar las bases de un cambio profundo en el sistema económico, político y social, que le fuera difícil de revertir a los “conservadores” si es que estos regresaran al poder: “Si regresara el conservadurismo faccioso y corrupto, ni siquiera en esa circunstancia podrían nuestros adversarios dar marcha atrás a lo establecido y ya logrado en beneficio del pueblo”.
Su hiperactivismo (su “loca pasión”, que tiene “un fundamento racional”) tendría como objetivo, según lo que planteó en el zócalo chilango, que “este mismo año, a más tardar en diciembre, terminaremos de arrancar de raíz al régimen corrupto y quedarán, en este mismo año, construidas las bases para la transformación política de México”, pues este proceso “no tiene retorno, ni un paso atrás. Nada de titubeos ni medias tintas”.
Habló el político tabasqueño del “sabotaje legal” que sus adversarios le han montado para impedir que avancen las obras de complemento aeroportuario en la base militar de Santa Lucía, consideró que se pudo salvar el riesgo de una confrontación grave a propósito de aranceles y migración, y detalló, entre aplausos de la concurrencia, los impactos sociales inmediatos de su política, con asistencia a los más necesitados y la eliminación de intermediaciones corruptas.
El escenario tuvo una extraña composición. Detrás del orador único, dos sillas en las que durante algunos momentos dialogaron la esposa del presidente de la República, Beatriz Gutiérrez Müller, y la jefa del gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum. A un lado, con cierta distancia respecto al par de asientos antes mencionados, Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la mesa directiva de la cámara de diputados. No hubo presencia de ningún otro de los miembros de la nueva clase política morenista, acaso por algún desajuste de tiempos entre la convocatoria original y el inicio, adelantado, de la llegada del presidente de la República al tapanco principal.
En términos generales, el discurso de AMLO fue dirigido a su base social de apoyo. Fue una confirmación de la convicción de que el triunfo en las urnas, un año atrás, ha significado el inicio de un cambio real: “Con lo conseguido en siete meses bastaría para demostrar que el cambio de gobierno no ha sido más de lo mismo, por el contrario, está en marcha una profunda transformación”.
Siendo celebratoria la retórica de la ocasión, no hubo espacio para la autocrítica o para alguna corrección de rumbo. La premisa de Palacio Nacional es que las cosas marchan bien, en general, y en el Zócalo tal postulación se mantuvo intacta. Aún cuando la fecha se refiere a un lapso electoral y no a un periodo constitucional de gobierno (del cual apenas se cumplieron ayer siete meses), la efeméride pudo haber servido para plantear a los seguidores un análisis menos optimista de lo que está sucediendo en el país, para así alertarlos ante eventuales turbulencias.
Desde Washington, por su parte, el presidente Donald Trump hizo un provisional y diluible reconocimiento a la administración obradorista. Dijo el verdugo de México que, “por ahora”, está descartada la aplicación de aranceles a productos de nuestro país que entren a Estados Unidos, pues el gobierno mexicano está haciendo un gran trabajo para contener a los migrantes centroamericanos.
De ser cierta la versión, ayer difundida por dos medios de comunicación de la capital del país, que afirma que Emilio Lozoya Austin salió del país desde el 30 de abril del presente año, se estaría en presencia de una reiterada práctica elusiva de varios personajes relevantes del pasado político reciente. Como si hubiera filtraciones desde el aparato gubernamental o fuese un simple acto de olfato político y judicial, varios personajes con cuentas por rendir por actos de corrupción han salido hacia otros países. Llama también la atención que figuras como el expresidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, haya instalado un domicilio alterno en Londres, donde podría pasar más tiempo que en la Ciudad de México.
En la alcaldía de Iztapalapa arrancó la Guardia Nacional su despliegue capitalino. Muchos habitantes, por no decir que la mayoría aplastante, verán con beneplácito estas actividades de vigilancia, pues tal demarcación ha quedado hasta ahora como virtual tierra sin ley. El desbordamiento de la violencia en la Ciudad de México y en sus áreas conurbadas con otras entidades federativas ha generado una natural demanda de soluciones rápidas y efectivas. Estas acciones de la Guardia Nacional implicarán la construcción de cuarteles, para los cuales ya se han donado predios, uno de ellos ni más ni menos que en la cuarta sección del Bosque de Chapultepec.
Es de desearse que la acometida de la Guardia Nacional en tierras chilangas, como en el resto del país, entregue buenas cuentas sin violentar derechos humanos ni repetir viejos vicios de corporaciones y proyectos que se han encaminado a similares propósitos de combate al crimen.
Y, mientras en España el multimillonario mexicano, Alonso Ancira, principal accionista de Altos Hornos de México, ha depositado una fianza por un millón de dólares para llevar en libertad el proceso de extradición a nuestro país, ¡hasta mañana, con una demanda interna en Morena en demanda de castigo al senador suplente, Pedro Haces, por declaraciones en las que pidió a las mujeres llevar vestimenta menos provocativa al trabajo, para evitar acoso o agresiones sexuales!





