david pérez
A unos meses de que dé inicio el Mundial 2026, en este contraataque presento un balance que no mide los goles ni si las sedes están listas o no, sino en frentes abiertos.
A nivel futbolístico no hay mucho que decir. La selección mexicana varonil este 2025 dio uno de sus peores años; si a esto sumamos que la selección fue eliminada en primera ronda en el Mundial pasado, el fantasma de un posible fracaso deportivo es el gran elefante en la habitación. ¡Qué maravilla que ese problema deportivo fuera el único!
Como dice el clásico: «de todas las cosas que no importan en la vida, el futbol es la más importante».
Sin embargo, este evento deportivo ya está operando como mecanismo de poder desde antes de empezar porque ya fija prioridades, acelera obras, encarece accesos, redefine territorios y administra silencios. Lo que se presenta como preparación es, en realidad, una prueba de una cierta forma de ejercer el poder porque ilustra cómo se decide, a quién se escucha y quién paga los costos.
En este año previo, las denuncias ciudadanas, las protestas vecinales, las alertas laborales, los riesgos de derechos humanos y los informes que no estaban destinados a hacerse públicos dibujan un mapa claro: el Mundial no llega sólo con futbol. Por eso, quiero detenerme en diez elementos que no celebran ni condenan el futbol; pero que sí buscan interrogar el poder que está detrás del balón. Porque cuando la fiesta se anuncia como inevitable, el análisis crítico tiene la tarea mínima de contar lo que el espectáculo preferiría que no se viera.
- Boletos como filtro de clase
La política de precios y el sistema de acceso a boletos para el Mundial 2026 han sido señalados como excluyentes por aficionados y analistas en medios internacionales. Los costos previstos colocan al evento fuera del alcance de gran parte de la población mundial, incluidas las aficiones de los países sedes. Los actores involucrados son la FIFA, las empresas de ventas autorizadas, los patrocinadores y los comités organizadores locales, que han defendido el modelo bajo criterios de mercado, privilegiando a las minorías más adineradas del mundo y al turismo más salvaje posible.
Ante las quejas a nivel internacional por los altos precios, la FIFA anunció que habrá boletos con un costo de 60 dólares americanos cada uno. Estos boletos, dice, se repartirán por medio de las federaciones de futbol. Ahora queda esperar que dichos boletos no se pierdan en alguna ola de corrupción.
- El barrio como daño colateral
Vecinos de Santa Úrsula Coapa y zonas aledañas al Estadio Azteca han denunciado que las obras asociadas al Mundial avanzan sin consulta comunitaria ni información clara sobre impactos urbanos. Testimonios de residentes alertan sobre afectaciones a la movilidad, aumento del costo de vida y reducción de espacios comunes. Los sujetos en disputa son las comunidades vecinales, las autoridades de la Ciudad de México, las empresas constructoras y la propia FIFA, que opera bajo esquemas de excepción territorial.
- Inseguridad
Diversos medios han señalado la contradicción entre el discurso de seguridad rumbo al Mundial y la persistencia de actos de violencia, de las desapariciones y la criminalidad en estados sede. Familias de personas desaparecidas y colectivos civiles han expresado que el evento corre el riesgo de funcionar como cortina simbólica para ocultar una crisis estructural no resuelta.
- Infraestructura atrasada
A menos de un año de que inicie el Mundial 2026, las obras del sistema de transporte masivo de Monterrey —en particular las líneas 4 y 6 del Metro— no estarán terminadas para la Copa del Mundo y enfrentarán retrasos, pese a que eran consideradas proyectos clave para absorber el aumento de movilidad durante los partidos y la llegada de visitantes.
El propio gobierno estatal de Nuevo León, encabezado por Samuel García, reconoció que estas líneas no estarán operativas al 100% en 2026 y solo se retirarán máquinas y cierres viales para reducir afectaciones durante el Mundial, dejando a la ciudad con un sistema de transporte que arrastra saturación y fallas estructurales en plena cita global. Legisladores locales de PRI, PAN y Morena han señalado fallas técnicas, así como la invasión de infraestructura pluvial y el aumento de costos totales en más de 57% respecto a lo proyectado originalmente.
- Vigilancia de los derechos laborales
Tras la denuncia pública de marzo de 2025, en la que la federación sindical internacional Building and Wood Workers International (BWI) acusó a la FIFA de bloquear inspecciones laborales independientes en las obras del Estadio Azteca, el conflicto no se cerró, solo se desplazó. En julio de 2025, y después de la presión mediática y sindical, la BWI sí fue autorizada a ingresar a las obras, calificando la visita como un “primer paso” hacia la transparencia.
Meses después, en octubre de 2025, la FIFA y la BWI anunciaron la firma de un acuerdo formal para promover inspecciones conjuntas y condiciones laborales legales en obras vinculadas a torneos internacionales. El problema no es que exista el acuerdo, sino por qué fue necesario el escándalo para que existiera. ¿La vigilancia laboral es un derecho garantizado o una concesión temporal que solo aparece cuando la denuncia se vuelve pública?
- Derechos humanos
A un año del Mundial, Amnistía Internacional advirtió en un informe sobre riesgos para la libertad de expresión y el derecho a la protesta en países anfitriones. Como dice la sabiduría popular «la burra no era arisca… la hicieron a palos», estos grandes eventos suelen venir acompañados de controles excepcionales para proteger la “imagen” del país sede. Esta organización dio seguimiento a los problemas en esta materia durante los mundiales en Qatar y Rusia.
- Amenazas de boicot
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) anunció públicamente, la posibilidad de movilizaciones o boicots durante el Mundial si sus demandas no son atendidas. El señalamiento expone que el evento no ocurre en un vacío social. Es una cita global que se cruzará en más de un sentido en las problemáticas y realidades geográficas locales.
- Trata y explotación
Medios como France 24 han alertado sobre el aumento del riesgo de trata de personas y explotación laboral o sexual en contextos de megaeventos, incluyendo el Mundial 2026 en México. Las advertencias se centran en el incremento de empleo temporal, turismo masivo y controles laxos. Este no es un problema específico del próximo mundial; el preexistente mercado de trata de personas suele aprovechar este tipo de coyunturas.
- Protestas por el agua
Vecinos de las colonias aledañas al Estadio Azteca han protestado públicamente por la escasez de agua que padecen desde hace años y que, denuncian, se agrava con las obras y planes asociados al Mundial 2026. Testimonios de los habitantes de Santa Úrsula Coapa señalan cortes frecuentes, baja presión y falta de información clara, mientras autoridades y promotores del evento prometen infraestructura “de primer nivel”.
El conflicto no es técnico, es político. Cuando el agua se vuelve insuficiente, decidir a quién se le garantiza y a quién se le raciona es una forma de administrar un problema social. ¿Quién resolvió que el Mundial tenga prioridad sobre el derecho básico al agua en una ciudad que ya vive estrés hídrico?
- ¿Informe filtrado?
La periodista Peniley Ramírez reveló el contenido de un informe confidencial presuntamente elaborado para instancias del Estado mexicano, en el que, afirma la periodista, se advierten riesgos graves de corrupción, captura institucional, inmunidad jurídica y el uso discrecional de recursos públicos vinculados a proyectos estratégicos, entre ellos los asociados a grandes eventos internacionales.
Frente a este informe, como en cualquier otra filtración, es necesario preguntarse ¿quién filtró?, ¿a quién beneficia?, ¿a quién busca cuestionar o atacar? En cualquier caso, es una señal más del nivel de intereses que están en juego; pocas veces mejor dicho.
Al final, todos estos frentes tienen al menos una pregunta en común: ¿quién decide qué se oculta —derechos, territorios, cuerpos, voces— para que el Mundial 2026 funcione como espectáculo sin conflicto?
Para concluir. Jorge Valdano define el futbol como un estado de ánimo. Sostiene que el futbol no se reduce a un resultado ni a una técnica, sino que expresa climas emocionales, identidades colectivas, frustraciones y esperanzas. Para el exjugador devenido escritor, un equipo juega y una afición se comporta según el momento anímico que atraviesan, y ese factor puede tener un valor muy similar al dominio de la táctica o a la preparación física.
Esta breve reseña de algunas disputas extra cancha hace que me pregunte, ¿cómo estaremos de ánimo social este año 2026 para analizar el estado de las cosas en torno al próximo Mundial de futbol en Estados Unidos, Canadá y México?
@davidperezglobal





