Luis Ricardo Guerrero Romero

A lo mejor no era lo que él esperaba, no sé, entre ruidos, texturas y efluvios los sentidos nos suelen engañar, la duda metódica, la que nuestros sentidos desconocen, la que nuestros sentidos nos facturan. Él lo haría otra vez si prescindiera de todo conocimiento, pero, sin duda lo hizo. Luego con la costumbre que se adquiere con ciertas habilidades, como la de ser uno mismo —¿qué difícil es ser uno mismo y qué fácil es señalar a los otros? La cosa cambia, la cosa compite cuando el otro no se ve, el otro no se siente, el otro apenas se oye, sin embargo, se huele.

Por ejemplo, un cadáver, ya sea del caldo de res que nos comemos, o de pollo, o cualquier cadáver, como el de un ser humano emiten un efluvio peculiar, el aroma a muerte, no obstante, exactamente: ¿a qué huele la muerte?: a soledad, a desamparo, angustia, tristeza, con una exigua mentalidad, a esperanza de la nada, aunque la eternidad sólo sea una parte del trato.

Lo anterior lo sé porque con el tiempo Elías Aldosari, se convirtió en perfumista, en catador, en un enólogo de la muerte, fue el sumiller de la desesperanza. Elías no pretendió nada, únicamente se dejó vivir en el instante, ante su afición inefable a los aromas, era Elías con su olfactofilia, era Elías con su también flatofilia, era él, de quien Dios es su guía quien me obsequió su computadora antes de morir, donde pude ver, oír, y sentir toda clase de aturdimiento, excepto la que a éste lo orilló a todo, leí sus anecdotarios, vi sus desdeñables ritos, oí los crímenes de lesa humanidad, pero jamás compartí los efluvios que lo enamoraron a ser lo que fue.

El caso de Elías, el sujeto del que se narra en los párrafos anteriores, es una manifestación olorosa, de la captación de un humor que puede interpretarse de múltiples formas: aires, soberbia, peste, vaho, tufo, hálito, emanación, corazonada, pálpito, barrunto, tufarada; en llanas palabras el olor es un retén, nuestros pulmones son la aduana de cualquier fenómeno. Ejemplo como: tiene efluvios de grandeza; en el proyecto hay efluvios de triunfar, el efluvio de ella me atrae; son usos comunes. La palabra en cuestión nos es heredada a partir de la voz latina: effluvium-ii, es decir, salida de una corriente o manantial, la cual emana aromas inmateriales, da señales de algo que está, o que ya no está, pero deja su esencia porque una corriente de agua no tiene siempre el mismo aroma, porque todo cambia, porque (Πάντα ῥεῖ) Panta rhei.

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