Gonzalo Lira Galván

Hay algo casi contracultural en una banda puertorriqueña que, pudiendo subirse al tren del reguetón, decide seguir haciendo reggae. Y no porque el reguetón tenga algo malo –sería obtuso negarle su importancia en la música contemporánea–, sino porque, en una industria obsesionada con la inmediatez y el algoritmo, mantenerse fiel a una identidad musical durante décadas constituye una forma bastante respetable de resistencia.

Cultura Profética regresa a México en octubre para presentarse en Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara, dentro de la gira En Bucle, título que comparte con su más reciente disco. Y acaso el dato más interesante no sea que una banda de reggae vuelva a llenar escenarios mexicanos, sino que pueda hacerlo sin haber necesitado convertirse en otra cosa.

Porque Cultura Profética es, ante todo, una anomalía feliz. Son puertorriqueños, provienen de una isla cuya música popular se ha convertido en una de las industrias culturales más poderosas del planeta y, sin embargo, eligieron otro camino. Mientras buena parte del mundo aprendía a bailar al compás del dembow, ellos continuaron explorando el reggae, el soul, el dub y la música de autor.

“El sonido de la banda desde el inicio siempre fue muy fuerte, muy emblemático”, comenta Willy Rodríguez, bajista y vocalista del grupo. “Desde entonces comenzamos a hacer una escuela de las posibilidades que existían con este género en español. Nadie más estaba haciendo reggae en nuestro idioma. Y éramos una anomalía viniendo de Puerto Rico, porque mucha gente pensaba que éramos gringos y que por eso tendríamos que cantar en inglés”, recuerda.

Canciones saben hablar de deseo

Su nuevo disco, En Bucle, séptima producción de la banda, profundiza precisamente en esa identidad: incorpora elementos de soul y sonidos alternativos sin abandonar el lenguaje que los ha acompañado durante generaciones. Pero hay otra razón para prestar atención a Cultura Profética, porque sus canciones todavía saben hablar de deseo sin convertirlo en mercancía.

En una época en la que buena parte de la música popular parece haber descubierto que para hablar de sexo es indispensable describirlo todo, Cultura Profética conserva el extraño arte de sugerir. Sus letras pueden ser sensuales, provocadoras y profundamente físicas sin caer necesariamente en lo explícito. Hay imaginación donde otros colocan instrucciones.

Y quizá eso sea más importante de lo que parece.

“No es fácil mantener viva la poesía en tiempos tan explícitos”, continúa Willy, haciendo referencia al éxito de los géneros urbanos salidos de Puerto Rico. “Ser románticos tiene mucho que ver con serle fiel a nuestra identidad. Un disco como En Bucle es el tipo de producción que se siente bien en este momento para la banda. Siempre nos hemos inclinado hacia los boleros y la música vieja que nunca pasa de moda. Me gusta mucho escuchar soul y salsa también. Realmente el reggae es de lo que menos escuchamos últimamente. Al final, la música que hacemos sí la pensamos, pero sale de manera natural”, explica.

También resulta significativo que una banda con tradición de conciencia social no necesite convertir cada canción en una proclama ni cada álbum en panfleto. En Bucle encuentra buena parte de su materia en algo mucho más elemental: las relaciones humanas, el deseo, la intimidad, la conexión entre dos personas.

El hombre es lo más malo

“Todo el día nos están bombardeando con temas que parecen avergonzarse de la familia y las relaciones. Constantemente nos recuerdan que el hombre es lo más malo que existe en el mundo”, reflexiona Willy. “Pero para nosotros es superpunk mostrar nuestra sensibilidad. Queremos mostrar la posibilidad de creer en el amor ahora mismo. En estos tiempos. Porque queremos hablar de amor en medio de guerras, en un mundo que te exige tener una postura sobre todos los temas. Y aunque claro que nosotros siempre hemos tenido muy claras nuestras posturas, no creemos que la música necesariamente deba tratarse de eso todo el tiempo. A estas alturas no tenemos nada que probar. Hacerlo quizá sólo sería un ejercicio de ego, para presumir una conciencia que nuestros seguidores ya saben desde el inicio que existe. La mayor revolución en este momento es hablarle al amor y a las posibilidades de tantas cosas lindas que hay también”, continúa.

En tiempos de discursos cada vez más violentos, de relaciones convertidas en intercambios instantáneos y de una vida digital que premia la confrontación, hablar de ternura, empatía y deseo sin cinismo puede ser, paradójicamente, una forma de rebeldía. Por eso Cultura Profética sigue siendo relevante. No porque se haya adaptado perfectamente a su época, sino porque ha sabido sobrevivir sin traicionarla.

Y quizá ésa sea la verdadera profecía: que todavía exista público dispuesto a escuchar una canción que no necesita gritar para decir algo. Los primeros días de octubre, México tendrá nuevamente la oportunidad de comprobarlo.

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