Ricardo Bravo
Parece inevitable que todos los analistas del país se enfoquen en lo ocurrido el fin de semana pasado con las “puestas en escena” del partido oficialista, Morena, y, todavía, aunque por poco, del principal partido de oposición, el PAN. Las narrativas están claras: el PAN doblega esfuerzos para vender la línea de que el gobierno está coludido con el narcotráfico. La idea no había tenido fuerza en el pasado, pero la coyuntura actual, alias Rocha Moya, da contenido a la retórica. Por lo menos, las encuestas nos muestran que la gente percibe cierta validez en la crítica. Por otro lado, Morena refuerza la línea de defensa de la patria ante la andanada estadunidense. Para todos queda claro el talante injerencista del gobierno de Donald Trump y no es descabellado pensar que las continuas presiones al gobierno de México son solo un capítulo más de un conocido libro.
Los analistas del país, los creíbles, parecen coincidir en que ambas cosas existen. Hay colusión del narcotráfico con partes del partido en el poder y también hay injerencia estadunidense. Las diferencias surgen al responder a la pregunta de qué hacer ante estas dos realidades. Quisiera, sin embargo, discutir dos tesis que ponen en duda si existe injerencia (y de qué tipo) por parte de los Estados Unidos. Las tesis resultan interesantes en lo personal porque tengo un respeto especial por quien las esgrime, Javier Tello, pues lo considero uno de los analistas políticos más atinados del país (admito un posible sesgo: comparto con él la vocación profesional).
Las tesis se centran únicamente en la solicitud de extradición de “los 10” por parte de los Estados Unidos y evitan posicionarse sobre otras acciones que pudieran estar conectadas y analizarse como un todo. Esta acotación es particularmente relevante para la segunda tesis. Dicho lo cual, Tello sugiere que la solicitud de extradición de “los 10” por parte de los Estados Unidos:
- No tiene tintes ideológicos. No es la derecha poniendo trabas a la izquierda.
- No constituye injerencia al no ser arbitraria.
La primera tesis es defendida con el argumento de que el discurso trumpista contra México y su colusión con el narcotráfico fue utilizado por el mandatario desde 2016, cuando Enrique Peña Nieto era todavía presidente. Si la confrontación contra el narcotráfico fuera solo una cortina para ocultar la animadversión trumpista hacia los gobiernos de izquierda, ¿por qué habría utilizado la retórica contra un gobierno PRIísta? Desde la perspectiva de esta tesis, la ideología trumpista es relativamente delgada; es más bien pragmática. Se enfoca en intereses electorales, económicos, políticos, más que en principios morales. Creo que hay algo de razón en esta lectura. Por ejemplo, para Trump lo importante es que el gobierno vecino detenga la migración que avanza hacia su país, sin importar si es de izquierda o de derecha. Creo que eso explica la agresión “contenida” contra el gobierno de AMLO y, en cierta medida, contra el de la presidenta Sheinbaum.
El problema es que la tesis no puede leerse si se la aísla de la historia reciente de las acciones del gobierno de Trump. ¿Cómo explicar la cercanía con Bukele, Milei, Noboa, Orbán? Y luego, ¿por qué las rencillas con Lula y con Petro? La tesis acierta en que los intereses prioritarios marcan el rumbo del gobierno del norte, pero creo que el gobierno tiene claro que la mejor manera de avanzar en esos intereses es mediante el apoyo o la instauración de gobiernos de derecha en todo el continente. Su cercanía con la derecha es instrumental. La diferencia con un gobierno puramente ideológico es que, siempre y cuando se comprometan a servir a los intereses estadunidenses, se tolerarán gobiernos como el de Venezuela post-Maduro y posiblemente el de Cuba post-Castros. Si el gobierno mexicano entregara todo lo que el gobierno estadunidense pidiera, a Trump no le importaría de qué color fuera nuestro gobierno. Pero no es el caso de Sheinbaum. Por lo menos, no en la medida en que el gobierno estadunidense querría. Entonces, ¿tiene tintes ideológicos? Me parece que los tiene indirectamente. Trump busca un gobierno vecino más afín a sus intereses. Sucede que en el caso mexicano, y en la mayoría de los países, la alternativa es la derecha (pregunten a Verastegui).
¿Y qué decir de la segunda tesis? La lectura de Tello proviene, creo, de una lectura republicana de la arbitrariedad. El republicanismo (filosófico) sugiere que una interferencia es arbitraria cuando esta no consulta los intereses del interferido; es decir, cuando la voz del interferido no se considera en la interferencia. El Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos entró en vigor en 1980, tras su firma por ambos países. El ánimo intervencionista de Estados Unidos pudo tener muchas caras, la peor, la de una acción militar unilateral, pero escogieron la vía legal. El razonamiento concluye: dado que nosotros (como país) estuvimos de acuerdo con el tratado, la intervención no es arbitraria y, por ende, no es injerencista.
Tengo problemas con utilizar el republicanismo para analizar un fenómeno internacional, principalmente, porque la postura supone la existencia de un Estado. En el ámbito internacional, requeriría la existencia de instituciones internacionales que regularan los acuerdos entre las partes. Y claro, existen instituciones internacionales, pero no con las facultades que el republicanismo requiere de las instituciones nacionales. Sin embargo, por el bien del argumento, aceptemos que las instituciones internacionales desempeñan ese rol. La pregunta sería: ¿qué tipo de estructura debería tener la escena internacional para que los acuerdos que se celebren sean aceptables desde el republicanismo?
De acuerdo, una característica sería la eliminación de la arbitrariedad. La interferencia que sufren los estados debería estar sujeta al control de los intereses de todos los participantes. Este, es un requisito democrático del republicanismo. Pero en segundo lugar, habría la necesidad de cierto nivel de igualdad internacional. El republicanismo se preocupa no solo por las interferencias arbitrarias, sino también por la capacidad o poder de interferencia de unos actores sobre otros. Que existan participantes mucho más poderosos quita libertad a los menos poderosos: el pequeño andará con cuidado porque sabe que es inferior; porque no quiere despertar la ira del más poderoso. La desigualdad de poder también pone en entredicho la no arbitrariedad: ¿los acuerdos reflejan la voluntad genuina de las partes cuando existe una gran desigualdad? El republicanismo y otras corrientes filosóficas sostienen que no. Por eso no creo que la tesis 2 se sostenga: el hecho de que la solicitud de extradición sea legal no la hace no arbitraria. La no arbitrariedad requiere una posición más igualitaria entre las partes, característica ausente en la relación EU-México.





