- Marcha de la Desesperación
- Protestas para consumo externo
- ¿Peña y Videgaray a declarar?
Julio Hernández López
Es tanta la actual aridez intelectual y política en el campo opositor al gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que sus estrategas cometen errores tan elementales como la convocatoria a una marcha dominical de protesta que difícilmente podrá dar cuenta de un considerable rechazo a las políticas del actual presidente de la República.
Ya en otras entregas de esta columna se ha hablado del continuo fracaso de esa oposición, que no ha podido hacerse de discurso, organización y bandera adecuadas para enfrentar al todavía muy fuerte obradorismo. Llamar a las calles para medir fuerzas con el nuevo poder dominante, un día antes de que este se manifieste en el zócalo capitalino, solo podría ocurrírsele a alguien con una brújula tan equívoca como es Vicente Fox Quesada, cuya traicionera conducta política (botar al PRI de Los Pinos, para luego terminar como priista sin credencial) lo descalifica claramente para pretender una movilización relevante y considerable.
Fox Quesada pretende articular alguna forma de protesta que permita activar fórmulas mediáticas nacionales y, sobre todo, extranjeras, que hablen de un creciente enojo popular y del “surgimiento” de un movimiento social de rechazo a López Obrador y el partido Morena. Esas fórmulas de cacerolismo inducido han servido en otros países para ir erosionando poderes populares o de tendencias progresistas. Fox, siempre servidor de intereses extranjeros, pretende crear un ambiente de tensión semejante a lo sucedido en 2006, cuando propició la propaganda socialmente divisoria e intimidante que postulaba que López Obrador era un peligro para México.
Una oposición seria y respetable no aceptaría tener como convocante a un personaje de credenciales tan nefastas como Fox Quesada. En realidad, el aventurerismo político del exgobernador de Guanajuato, y luego presidente de México, podría causar un revés notable a quienes están en contra de las políticas de López Obrador si es que no consiguen juntar a una cantidad suficiente de personas que demuestren el crecimiento de un presunto hartazgo contra AMLO que las propias casas encuestadoras de opinión pública siguen reportando en proporciones muy bajas.
Ya hubo en mayo otro intento de mostrar músculo masivo, con un resultado contraproducente. Ya se verá si en este nuevo intento se rebasan de manera espectacular las cifras de aquella manifestación realizada en el Ángel de la Independencia. Por lo pronto, la fuerza obradorista trabaja a todo vapor para volver a la Plaza de la Constitución (conocida como zócalo) que en otras ocasiones ha sido llenada por completo. La comparación entre domingo y lunes es inevitable. Una especie de medición placera (los opositores, en el Monumento a la Revolución) a un año del apabullante triunfo electoral de López Obrador.
El abogado Javier Coello Trejo suministró a la imaginación popular la expectativa de una estampa inusitada, histórica: un exocupante de Los Pinos compareciendo a una diligencia judicial relacionada con actos de corrupción y lavado de dinero. No solo él: también debería participar en esos escarceos el virtual vicepresidente ejecutivo del sexenio recién pasado. Es decir, Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray Caso deberían rendir testimonio ante jueces respecto a lo sucedido en el caso de Agronitrogenados, un muy pequeño botón de muestra de la corrupción habida durante el periodo presidencial 2012-2018.
Falta ver si se sostienen los amagos de Emilio Lozoya, hechos por la vía de su representante legal, o se diluyen en la medida que el mexiquense Peña Nieto atienda el mensaje reiterado de quien fue su subordinado en la campaña presidencial de 2012 y luego en Pemex y que ahora, ante el riesgo de hundirse en solitario ante uno, solo uno, de los casos de corrupción que se le han imputado, advierte a sus excompañeros de andanzas que los jalaría hacia esos abismos aunque fuera en condición de declarantes a título testimonial.
Espectáculos novedosos presenta la conformación dominante de Morena en el poder legislativo. Por ejemplo, ayer, a pesar de que ya estaban de acuerdo los titulares de las secretarías de Gobernación y de Seguridad y Protección Ciudadana en comparecer ante ese poder, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión determinó que no se cumplieran tales visitas. Aún cuando la propuesta había sido avalada por el presidente de la mesa directiva del Senado, Martí Batres, destacado miembro de Morena, la mayoría dominante de la Permanente, que pertenece también a Morena, se “insubordinó” (o atendió llamados de última hora) y rechazó la posibilidad de tales comparecencias.
En otro de esos giros extraños, el gobierno federal no encontraba a alguien que aceptara fungir como responsable de una unidad especial para atender el caso Ayotzinapa. Muy difícil resultaría para cualquier profesionista con capacidad para ocupar esa plaza el iniciar un proceso de investigación tan modificado a lo largo de los años. Además, las restricciones presupuestales hacen pensar en insuficiencias a la hora de hacerse de recursos humanos, materiales y técnicos para avanzar en la delicada tarea.
Los familiares de los estudiantes desaparecidos en Iguala han presionado e incluso amenazado con actuar con violencia si se mantiene la pasividad práctica del gobierno federal en ese tema, a pesar de las buenas intenciones y los discursos que dan testimonio de un cambio de actitud en los mandos federales. Ayer, para desahogar el increíble punto de que no se pudiera nombrar a ese responsable de una unidad especial de investigación y litigación, las autoridades practicaron un acto casi mágico y, para coincidir con una de las marchas mensuales que realizan esos familiares y activistas, designaron a Omar Gómez como fiscal del caso. El nuevo funcionario fue secretario técnico del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). ¡Hasta mañana!




