Luis Ricardo Guerrero Romero

—No es que se haya muerto, solamente dejó de vivir. Así comenzó su discurso frente al recuerdo fúnebre mi tío Guillo. Aunque al inicio no le encontré sentido alguno a sus palabras, luego ya después de haberlas pesado varías temporadas, me di cuenta de lo importante que fueron. En la lápida de Guillo está aún cincelado, una suerte de burilado ya en desuso la frase con la que él deseó perpetuamente lo recordáramos: “Nemo furator nisi forte est fur”. Según Guillo, el haber sido por muchos años un sujeto de dudable reputación por haber pertenecido a diversidad de grupos políticos le hacía tener una conciencia áspera y con deudas frente a unos. Es decir, hubo tiempos en los que era bien visto por un porcentaje, pero el resto hacía malas referencias de él; así sucesivamente, unos años era amigo de unos, y otros años el acérrimo de los mismos.

Se marchó como los justos, una mañana luego de un jerez, tres almendras y una pieza de pan relleno de crema pastelera, de esa que es color amarillo, el tío Guillo se recostó en el sillón preferido de su sala preferida, de la casa predilecta, con su pareja menos frecuentada, en uno de los tantos poblados donde tenía algunas cabezas de ganado. Entonces, le dio un vistazo al perro, exhaló y dejó de vivir, pero no murió, todas sus deudas, sus tranzas, sus jugarretas y ardides más próceres nos rodean, nos abruman y por qué no decirlo, nos benefician. Pero en su lápida, el granito y el recuerdo conjugados en seis palabras latinas lo describen. Aunque también me interroga su perpetuo furtivo epitafio: “Nadie roba, a no ser que sea ladrón”.

En muchas ocasiones, he tenido la oportunidad de escucharle a las personas que se hacen los poetas, los amantes, los versados; la muy típica expresión: “mirada furtiva, besos furtivos, suspiros furtivos, sexo furtivo”. En realidad, es una idea muy usada, pero por qué es furtivo lo furtivo. En la lengua latina, como lo dicta el epitafio del señor Guillo, en dos de sus palabras se encuentra el lexema latino: fur. Que como ya lo menciona la traducción significa ladrón, robo, es el hurto. Así pues, el sexo, los besos, las miradas, suspiros y su decadente etcétera son despojados, sin la voluntad del otro, sin que la víctima lo pida se da, súbitamente hay besos, sexo, miradas, pero también muerte. Podría atreverme y asegurar que tanto la muerte de Guillo, como todo aquel que leyere o bien, inclusive todo aquel que nunca me leerá, tendrá una muerte furtiva, aunque no será que exista la muerte, únicamente se abandona el vivir.

l.ricardogromero@gmail.com

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