Guillermo Luévano Bustamante
En días pasados, por quinta ocasión, quienes integran el colectivo Vida Sobre Ruedas llevaron a cabo su torneo anual de Golf “urbano” que usa como hoyos los baches que hay por la ciudad de San Luis Potosí.
Como ellos mismos han dicho, el fin es recreativo, pero sobre todo sirve para denunciar las pésimas condiciones en que se encuentran numerosas vialidades en la ciudad, lo que dificulta el tránsito regular y pone en especial riesgo a quienes circulan en bicicleta.
Al parecer el área de Respuesta Ciudadana del ayuntamiento de la ciudad de San Luis Potosí les convocó a reunirse en breve con otras organizaciones y personas interesadas en los asuntos del diseño y la infraestructura urbana.
Vida sobre Ruedas, como ya se sabe, organiza la rodada nocturna desde hace más de cinco años, por calles de San Luis y con ello promueven y reivindican el uso del espacio para quienes se desplazan en bicicleta, por razones de esparcimiento o como medio de transporte cotidiano. Pero no es lo único que hace el colectivo, de hecho sus integrantes se han profesionalizado en aspectos de movilidad urbana, medio ambiente, derechos sociales, el derecho a la ciudad, infraestructura y diseño vial y otros temas relacionados. Participan activamente en foros locales, nacionales e internacionales, en reuniones con quienes están al frente de distintas instituciones, municipales y estatales, en el Congreso del Estado, buscan incidir en la definición de políticas públicas enfocadas, llevan a cabo campañas concretas de apoyo y solidaridad a otras causas sociales de la ciudad, y se han echado a cuestas la labor de defender el uso democrático de las calles. Por supuesto que son legatarios de otras organizaciones de ciclistas, ambientalistas y civilistas que han promovido causas semejantes históricamente en San Luis Potosí con quienes en ocasiones colaboran para proponer acciones conjuntas.
Vida Sobre Ruedas tiene la frescura y la legitimidad para empujar una agenda que reoriente la planificación de la ciudad. En tiempos en que la “modernización y el desarrollo” de la ciudad parecen significar el énfasis en la centralidad del automóvil particular, la causa del ciclismo urbano como resistencia política encuentra fundamento para su promoción en sus bases ambientalistas, pero también democráticas.
La verdad es que la mayoría de la población no dispone de un auto particular. Ya en otras ocasiones he hablado de los beneficios de promover el uso de la bicicleta en la ciudad, los ambientales, los financieros, los de la salud, los del beneficio público, pero siempre es pertinente retomar, a partir de las acciones concretas, el impulso a la movilidad no motorizada.
Las eventuales reuniones de la autoridad municipal con el colectivo y con quienes en ellas participen en torno a la planificación urbana deben servir para promover seriamente la creación de infraestructura y medidas que promuevan y protejan la movilidad en bicicleta, como solución a problemas de vialidad, de contaminación, y como respuesta a un largo reclamo sensato del colectivo y de otras organizaciones y voces académicas que reconocen en el uso de la bicicleta numerosos beneficios.
Ya antes el golfito urbano ha llamado la atención de las autoridades que emprenden medidas para atender las denuncias que ahí se formulan. Que esta ocasión sirva para resolver políticas de planificación urbana de fondo.
Twitter: @guillerluevano





