Luis Ricardo Guerrero Romero

Así comenzaba: “La santería. Herbajes, especies, aromas, gritos mortales-divinos, licor. La invocación algún dios complaciente, cercano, amigo, iracundo y ególatra. ¡Reza!, me gritaba aquel hombre que siempre de luto vestía. Yo no sabía qué era eso. Si no soy capaz de comprender por qué las sales en química analítica se anuncian: NaCl, KCl pH = 7. ¿Cómo iba a saber rezar? Siempre pregunté el para qué rezar si ningún dios puede tener oídos, ni mente, ni corazón, –supongo que de tenerlos, no es Dios. Sospecho además, que si lo conoce todo ya sabrá y habrá decidido mi terrible destino o mi dichosa fortuna, y, si hacer cambiar de parecer a un hombre es complejo, no sé cómo pretenden que con rezar modifique el parecer de Dios”.

Esas eran las últimas líneas escritas en el diario de un vagabundo que encontré en un bazar italiano, debajo de un facsímil del Codex Gigas, firmado por un tal Gianluca Daglio. Enseguida mi curiosidad fue tanta que acudí con un viejo camarada sioux –sabio por sus enseñanzas deíficas–, quien me contó sobre el gran espíritu Wakan Tanka, y de cómo rezarle, asimismo me participó las suplicas que a éste dios múltiple le son elevadas en rezos por medio de los dakotas (sioux).

Su explicación sobre el rezo me ayudó a pensar que aquel escrito, fue una invitación a rezar, o a decir algo más acerca de lo que entendemos por un rezo, efectivamente podemos usar como sinónimo de rezar las palabras: decir o hablar. En ejemplos como: el patrón me rezó mis obligaciones; ¡qué tanto reza ese güey!; indican que alguien habla y habla sobre algo, y esto del rezar-decir, aunque no es muy común debido a la carga semántica religiosa que tiene la palabra que nos ocupa, es muy obvio al recordar que el origen más próximo de la palabra rezar viene de la lengua helénica: ρησις (resis), la cual indica una locución, pero también un pasaje citado, –costumbre antiquísima en diferentes religiones para comenzar un diálogo con su dios. No obstante, hay posturas que apoyan que la palabra rezo es más directa del latín anticuado rezar (recitar, decir en voz alta), lo cual también históricamente resulta verosímil, ya que, los dichos o pasajes eran emitidos en voz alta, la lectura interior era incluso un gesto de mal gusto. Mas si, entendemos a la voz griega, sabemos que en su genitivo enunciamos ρεσεως (resos> rezos> rezo). Mientras que en el latín la forma habitual de clamar a un dios se registra como: precor (rogar, pedir o suplicar bienes). La palabra precor, es la misma que registra la palabra precario, la cual indica: la fuerza de los ruegos. Es por eso que asumimos la palabra rezo como herencia más helénica que romana, aunque no indicamos que la grande influencia latina sobre lo que significa el rezo, debido a que es la carencia de algo lo que nos hace rezar o pedir en las horas de precarias de nuestra existencia.

Las expresiones algo semejantes en el inglés e italiano, ya nos rezan fonéticamente bastante sobre la influencia de lo precario y el precor latino, ya mencionado: pregare y pray, respectivamente.

Con certeza, algunas religiones puntualizan la diferencia entre rezar y orar, puesto que la primera es ejercicio reiterativo de cualquier cita o plegaria, mientras que la segunda es menester de conversación con el dios de su preferencia. Ahora bien, reconocemos asimismo, que hay una posición simbólica para comenzar a rezar: juntar las manos y llevarlas al pecho, suerte del namaste en los yoguis para reforzar la integridad del ser; o bien, realidad del esclavo que bajo su condición rinde pleitesía a su amo y señor. Sea como fuere, por incremento del ser o sumisión, aquel diario de Gianluca Daglio, nos provocó rezar sobre el rezo.

Reloj Actual - Hora Centro de México