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Migrantes mexicanos viven en la incertidumbre: comunidad de empresarios

Manifestantes en calles de Chicago. Foto Afp

Miriam Posada García, enviada

Chicago, Illinos. Las comunidades de migrantes mexicanos tratan de continuar la vida con normalidad desde que Donald Trump es presidente electo de Estados Unidos, pero la verdad es que «hay una incertidumbre increíble», sobre todo en las escuelas donde han tenido que llamar a terapistas para tranquilizar a los niños que piensan que ellos, sus amigos o familiares van a ser deportados, narró Jaime di Paulo, director ejecutivo de La Villita, la mayor comunidad de empresarios mexicanos asentados en esta ciudad.

El dirigente confió en que la información y el poder de organización de los migrantes que viven en Chicago sirva, primero, para mantener la calma, y luego para mitigar el efecto de lo que venga.

La Villita está integrada por mil 300 comerciantes y empresarios mexicanos que aportan alrededor de 900 millones de dólares a la ciudad de Chicago, venden todos los productos mexicanos imaginables procedentes de México.

«Si algún producto mexicano no se vende en La Villita es porque no existe. Hasta tortas ahogadas legítimas hay porque cada noche un cuate trae un costal de birotes en un vuelo desde Guadalajara», dijo el jaliciense.

Son mexicanos que llegaron sin nada a Chicago «y ahora son muy exitosos aportan más de 900 millones de dólares al año a la economía, y son la segunda fuente de ingresos más importante para la ciudad», aseguró.
Sin embargo, dijo, es innegable que entre las comunidades de migrantes hay un desconcierto total. La gente no sabe qué pasa ni qué va a pasar. «Lo más importante es informar que no va a pasar nada en los próximos meses».

Afirmó por experiencia personal que «hay una incertidumbre increíble, sobre todo en las escuelas. Mi niña de siete años al día siguiente de las elecciones me preguntó si su mejor amiga se iba a ir deportada. Esas son las conversaciones en cada hogar latino y musulmán. Hay miedo, sobre todo en los niños, porque hay incertidumbre, porque hablan mal de Donald Trump. Los niños escuchan todo eso y en las escuelas ya han mandado llamar terapistas para atenderlos porque muchos piensan que los van a deportar o van a deportar a sus mejores amigos».

Parte de la confianza de que en esta región de Estados Unidos los migrantes sortearán de mejor manera las acciones que emprenda el gobierno de Estados Unidos a partir del próximo 20 de enero, cuando toma posesión el republicano, radica en que Chicago es una ciudad santuario «donde nadie te puede pedir tus documentos, ni la policía municipal ni ningún empleado del municipio. No te pueden preguntar si eres indocumentado o no, entonces esa es una tranquilidad. Aquí si te para la policía es por lo que hiciste no como te ves, por eso estamos informando a la gente que no va a pasar nada».

Jaime di Paulo explicó que en Estados Unidos «hay una cosa que es el proceso: si te van a deportar ese proceso puede tardar años. Entonces no creo que hagan redadas, pero cuando las hay te meten al bote, luego sales y para la deportación puede tardar años el proceso».

Aseguró que en La Villita la vida sigue, todo mundo sigue su vida normal pero con esa incómoda incertidumbre por la falta de información, y además «porque lo que ven en la tele amplifica las cosas, entonces lo que estamos haciendo es cerrar filas y dar información de que por el momento no pasa nada».

Otros elementos de confianza y ánimo entre los migrantes se ubican en que el presidente toma posesión el 20 de enero, » y de ahí a que haga todo lo que dijo van a pasar dos o tres años. Ya está cambiando el discurso sobre el Obama Care  – la reforma sanitaria que hizo asequible los servicios de salud a millones de personas que no estaban asegurados – y ya dijo que van a permitir otras cosas que existen».

Un punto relevante es definir lo que el nuevo gobierno entienda por «indocumentados criminales», esos dos o tres millones que piensa deportar, porque ser indocumentado no es un crimen en Estados Unidos, es más penado atravesar la calle por enmedio que ser indocumentado. Ser indocumentado es lo más bajo porque no puedes hacer nada», advirtió Di Paulo.

Por lo pronto, dijo, La Villita y otras organizaciones dan apoyo legal a quien lo necesita, están coordinados con otros grupos.  «Por eso son las marchas. Chicago es central cuando hay medidas antinmigrantes, es el primero que empieza a hacer movilizaciones, es el punto radical porque como es una ciudad muy compacta la gente se une muy rápido y es cuando pasan las cosas. Por ejemplo, gracias a la comunidad de Chicago, todos los bancos aceptan la matrícula consular y como ésa hay muchas historias de resultados por las marchas» aseguró.