Carlos López Torres

No deja de ser preocupante que a diez años de iniciada la guerra contra la delincuencia organizada las cosas vayan de mal en peor, específicamente en nuestra entidad, donde en materia de inseguridad el primer reto de las y los ciudadanos es vencer la obcecación de los funcionarios empecinados en negar la existencia de un escenario cada vez más violento e inseguro.

La inseguridad hace tiempo nos alcanzó a todos con sus modalidades más extremas en algunos casos: la elevación de los feminicidios, las desapariciones, los asaltos a mano armada y el ataque a los encargados de garantizar la seguridad de las y los ciudadanos, por ejemplo.

Desde distintos ámbitos el reclamo va en aumento. Y es que el clima de violencia existente y la generalización de la delincuencia, propicia cada vez más incidencia infractora de la ley en sus más diversas manifestaciones: robos a casa habitación, violencia intrafamiliar, pandillerismo armado y peligroso, asesinatos y asaltos de todo tipo. Ello ha llevado al diputado Mendizábal, presidente de la Comisión de Vigilancia del Congreso del Estado, a la conclusión de que “la inseguridad está muy descompuesta en el estado”, aunque no propone respuestas reales y concretas.

Por su parte el secretario general del Ayuntamiento capitalino, Marco Antonio Aranda Martínez, después de reconocer que no obstante las reuniones de diferentes autoridades, comparte: “creo que lo que hace falta es una buena coordinación”. “Para la ciudadanía con cualquier muerto que aparezca es un asunto de la inseguridad”, aseguró.

En fin, el asesinato de dos policías estatales en la madrugada del día en que el gobernador Juan Manuel Carreras López se preparaba para asistir a la Reunión Nacional de Seguridad Pública, nos hacía ver como candil de la calle… cuando además de proponer la homologación de los Centros Estatales de Prevención Social, demandaba la creación de las comisiones –ciudadanas y académicas–, de evaluación y apoyo de los programas de prevención social y contra la delincuencia.

Ahí mismo, en Palacio Nacional, al unísono algunas organizaciones de la sociedad reclamaban al titular del Ejecutivo federal la disminución a cero del presupuesto para los programas de prevención social de la violencia y la delincuencia.

Ante tal panorama atravesado por los recortes que ya han causado sus estragos, uno se pregunta ¿cómo le tendrá que hacer el gobernador Carreras López para hacer realidad algunas de sus propuestas? Algunas como: proveer una cultura contra la violencia y la delincuencia a través del diseño e implementación de estrategias para construir comunidades seguras con calidad de vida, convivencia pacífica, cohesión social, respeto a los derechos humanos y, sobre todo, equidad de género en todo el estado, deben ser discutidas y aterrizadas y no motivo de discursos solamente.

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