Federico Anaya Gallardo

La semana pasada te conté muy de pasada, lectora, que el congreso estadual tamaulipeco pasó de la hegemonía priísta en 2010 –cuando el tricolor tenía 26 de las 36 curules (70%)– al aparente dominio morenista en 2021, cuando el nuevo partido-movimiento obtuvo 18 curules (50%). Pese a esto último, el candidato ganador en las elecciones para gobernador de 2022, el morenista Américo Villarreal Anaya, argumenta que la Legislatura actual es panista. Vale la pena contar en detalle lo ocurrido.

La asamblea tamaulipeca se forma por 22 diputadas de mayoría (una por distrito, unis) y 14 legisladores de representación proporcional (pluris). En 2010, cuando se formó la LXI Legislatura (2010-2013), el PRI ganó todos los distritos (22) y recibió dos curules plurinominales. Con esos 24 votos, podía aprobar leyes y modificar a contentillo la Constitución (los dos tercios necesarios son 24 votos). En segundo lugar, muy lejano, quedó el PAN, con sólo seis curules (17%), todas pluris. PRD, PT, Panal y PVEM recibieron cada uno, un pluri (3%). Esta fue la primera legislatura del último gobernador priísta, Egidio Torres Cantú (2010-2016). Hay que recordar que Egidio llegó al gobierno como sustituto de su hermano Rodolfo luego de que este fuese asesinado el último lunes antes de la jornada electoral. (Liga 1.)

El crimen contra Torres Cantú se adjudicó al crimen organizado. La Procuraduría General de la República (PGR) calderonista, a cargo del chihuahuense Arturo Chávez Chávez, atrajo el caso pero no aclaró nada. Ello, pese a que desde un principio se recibieron informaciones de que el asesinato se debía a la negativa del candidato a nombrar un procurador a modo de la delincuencia y “autorizado” por al menos un exgobernador priísta –como reportaron El Mañana de Reynosa y la Agencia Reforma en febrero de 2012. (Liga 2.) Seis meses más tarde, Animal Político reportó la captura del narcotraficante Eduardo El Coss Costilla Sánchez y que la PGR (entonces bajo Marisela Morales Ibáñez) le imputaba la muerte del candidato priísta. (Liga 3.) El Coss fue extraditado a EU y al parecer la PGR no dio seguimiento a sus afirmaciones. Diez años más tarde, en 2022, el hijo del candidato asesinado señalaba que nada se había aclarado –pese a que la PGR ejerció acción penal en 2017 (y con ese pretexto, declaró confidencial toda la información). (Liga 4.)

En 2010, con su candidato muerto a seis días de la votación, el PRI logró que la autoridad electoral aceptase como substituto al hermano del caído, Egidio. En política, los atentados pueden significar un incremento del respaldo electoral. Esto explica en parte por qué el PRI ganó con 61.6% de los sufragios, frente a sólo 31% del PAN (que postuló a José Julián Sacramento Garza, propuesto en el CEN nacional panista por Creel). Con todo, la participación electoral fue baja: sólo votó 44% del electorado. Si la violencia generalizada había alcanzado a la élite política, las y los tamaulipecos no tenían mucho interés en salir a votar.

Así las cosas, podemos decir que en 2010 el dominio del PRI en el sistema de partidos tamaulipeco era frágil. Dependía de una baja votación y de situaciones dramáticas como el asesinato de su abanderado. Tres años más tarde, en la elección intermedia de 2013, el Revolucionario Institucional sólo ganó 14 distritos uninominales –seis menos que en la elección previa. Acción Nacional triunfó en seis distritos (tres de Nuevo Laredo y tres de Matamoros), mientras que el Panal se adjudicó dos más –como parte de una alianza con el PRI. Cosa extraña para una intermedia, la participación subió a 48% del electorado, cuatro puntos por arriba de la anterior pero aún debajo de la media nacional. Esto vuelve a señalar que la abstención de 2010 estaba relacionada con la violencia delincuencial.

Ya sumadas las curules plurinominales, en la Legislatura LXII (2013-2016) el PRI seguía siendo primera fuerza parlamentaria con 19 votos (52%) y podía aprobar leyes por sí mismo. Pero para modificar la Constitución le faltaban cinco votos. Su aliado Panal podría darle tres votos (dos unis y un pluri, 8%) pero los otros debía negociarlos o con la bancada del PAN (que tenía 10 votos, seis unis y cuatro pluris, 28%) o entre la “chiquillada” formada por PRD, PT, MC y PVEM (que tenían un voto cada uno). La semana pasada te conté, lectora, cómo esta Legislatura fue la que eliminó el requisito de nacionalidad tamaulipeca para la persona titular de la Procuraduría General de Justicia estadual, de modo que el primer gobernador panista, García Cabeza de Vaca, pudiese postular a un abogado chilango a ese puesto. Esta votación podría indicar que la élite priísta tamaulipeca ya había decidido aliarse con quien fuese por décadas su enemigo jurado, Acción Nacional.

En 2016, la elección como gobernador del panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca convocó a 56% del electorado, una participación ocho puntos arriba de la intermedia (2013) y doce sobre la de 2010. Para apreciar este incremento hay que recordar que en la elección presidencial de 2018 en Tamaulipas votaron 61% de las y los electores. En la LXIII Legislatura (2016-2019) el PAN substituyó al PRI como partido dominante, ganando 18 de los 22 distritos. El PRI sólo ganó en cuatro, todos en el área de Matamoros. Repartidas las curules pluris, el PAN tuvo 20 votos (55%) y el PRI 12 (33%). Acción Nacional podía aprobar leyes sin alianzas pero para modificar la constitución debía obtener al menos cuatro votos entre los priístas o entre la “chiquillada” formada por MC, PVEM, Panal y la recién llegada Morena –que tenían un voto cada uno.

Es interesante que la tercera concentración urbana del estado, Matamoros, haya cambiado de bandera política cada tres años: en 2010 era priísta, en 2013 panista y el 2016 de regreso, priísta. Tres años más tarde, en 2019, buena parte de las y los matamorenses volvieron a votar blanquiazul (tres de los cuatro distritos). Esto indica una fluidez extrema de la identificación partidista de ese electorado. En 2021, los cuatro distritos de la región de Matamoros votaron por Morena.

En 2019, para empatar su calendario electoral con el federal, Tamaulipas celebró una elección legislativa atípica, cuyos legisladores sirvieron sólo dos años. La LXIV Legislatura (2019-2021) fue electa con una bajísima participación ciudadana (sólo 32.6% del electorado, 23 puntos debajo de la elección previa). En estas circunstancias extraordinarias, el PAN se volvió hegemón legislativo, con un total de 23 curules, ¡sólo un voto debajo de la mayoría para reformas constitucionales! El PRI se quedó con sólo dos diputaciones, ya en la liga de “chiquillada” con el MC que obtuvo una curul. Morena pasó de una sola curul en 2016-2019 a diez curules en 2019-2021 –ganando un distrito uni y nueve pluris). Cosa interesante, su primer distrito de mayoría fue uno de los de Matamoros.

Como sabemos, esta LXIV Legislatura es la que defendió a capa y espada al gobernador García Cabeza de Vaca contra el desafuero que dictó la Cámara de Diputados federal por delitos federales en 2021. Esa crisis llamó la atención del resto de la República y –por lo mismo– se esperaba que en la siguiente legislatura, si Morena seguía avanzando en Tamaulipas, la mayoría panista sería sustituida.

En el verano de 2021, con una participación de 53% del electorado, Morena efectivamente se convirtió en el partido mayoritario de Tamaulipas, ganando 14 de los 22 distritos (su aliado, el PT, ganó otros dos). El PAN debió conformarse con seis distritos, todos alejados de las grandes urbes. Pero estos grandes avances no fueron suficientes para mover la balanza legislativa. La LXV Legislatura (2021-2024) quedó dividida desde un principio a mitades.

En 2021, sumados unis y pluris, las y los morenistas eran 17. José Breña Mojica, del PT era su aliado natural y juntos reunían 18 votos (50%). Es decir, la izquierda tamaulipeca NO podía aprobar leyes ordinarias –siempre requería un voto extra. Frente a ella, el PAN reunía 15 personas legisladoras (42%) –y para aprobar leyes necesitaba conseguir cuatro votos más. Entre ambos bloques, quedaba el PRI con dos curules (6%) y MC con uno (3%). En otras palabras, aún cuando el PAN convenciera al PRI y a MC de formar un bloque de derechas, tampoco podría aprobar leyes. Peor: el empate 18 vs 18 implicaba que sería muy inestable el gobierno de la asamblea (elección de mesa directiva, conformación de comisiones).

Aquí es relevante recordar la cultura de corrupción que he abordado en mis artículos previos sobre las Tamaulipas, lectora: la conformación de la LXV Legislatura es un escenario que aumenta la posibilidad de arreglos corruptos. Esto lo puedes apreciar en la conformación de los grupos parlamentarios. En el párrafo anterior te mostré el arreglo del 1 de octubre de 2021, cuando entró la legislatura. Para julio de 2022, apenas diez meses más tarde, Morena había perdido tres diputadas: Consuelo Nayeli Lara Monroy y Nancy RuIz Martínez se declararon independientes (pero votan con el PAN); mientras que Leticia Vargas Álvarez se unió al PAN. Para compensar, la bancada de Morena recibió en su seno al petista José Breña Mojica. Pero aún así, la izquierda quedó con sólo 15 votos (42%). La bancada del PAN aparentemente siguió siendo de 15 (42%), pues recibió a la diputada ex morenista Vargas pero permitió que Ángel de Jesús Covarrubias Villaverde se pasara al PRI (que con ello sumó tres curules, ganando algunos privilegios parlamentarios). Este arreglo aseguraba que la bancada priísta se alinease al PAN –así que la derecha reúne 18 votos (50%). El voto decisivo queda en el único diputado de MC, que se llama Gustavo Adolfo Cárdenas Gutiérrez. Dada la conformación actual del espectro político, es más probable que MC vote junto al PAN y al PRI.

Aparte, como ya te conté, lectora, el fiscal general panista ha acusado penalmente a la coordinadora parlamentaria de Morena (Úrsula Patricia Salazar Mojica) quien podría ser desaforada. De este modo el PAN asegura el control de la asamblea, sea con pan o con palo.

Por eso es que el equipo del gobernador electo morenista, Américo villarreal anaya, dice que la actual legislatura de Victoria es panista. Y por eso es que esta legislatura aumentó los poderes del fiscal general de justicia poniendo bajo su mando las tareas de policía (que tenía secretaría de Gobierno) y de inteligencia financiera (que tenía la secretaría de Finanzas). Tal concentración de poder es una perversión más del modelo de fiscalía autónoma. ¿Qué nos dicen de ello los augustos promotores de #FiscalíaQueSirva? Élites de café, seguro no se han enterado…

¿Por qué es importante entrar en estos detalles? Porque la política en los estados de nuestra Federación no es “uno que otro argüende de políticos locales que en su casa conocen” como me dijo, displicente, una vieja amiga chilanga. (¡Por eso no nos quieren a los capitalinos!) La democracia se hace desde abajo, desde comunidades, municipios y estados. Cualquier cosa que la ponga en peligro nos importa a todas y a todos.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=d4o1rEYcibY

Liga 2:
https://www.elmanana.com/indagan-a-cavazos-por-muerte-de-rtc/1502963

Liga 3:
https://www.animalpolitico.com/2012/09/el-coss-ordeno-el-asesinato-de-rodolfo-torre-cantu-pgr/

Liga 4:
https://www.milenio.com/politica/hijo-rodolfo-torre-cantu-justicia-asesinato-padre

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