Carlos López Torres

Las debilitadas instituciones y sus irresponsables detentadores, insensibles al cambio que la sociedad viene reclamando hace ya largo rato, se han visto rebasados ante la rabia e indignación que ha ocasionado el llamado gasolinazo entre los diversos sectores de la sociedad, cuyas protestas han abarcado el territorio nacional convulsionado hasta el hartazgo con un claro sentir condensado en el clamor generalizado: ¡Ya basta!

Nuestro San Luis Potosí ha emprendido, igual que otras 26 entidades, el camino del rechazo a la imposición peñista con modestas pero importantes manifestaciones con la ausencia significativa de los partidos políticos que, al decir de algunos participantes, es apenas el inicio de un serie de movilizaciones tendientes a construir un poderoso movimiento de la sociedad, cuya permanencia se vea reflejada en una mayor participación ciudadana en todos los asuntos de la vida pública que tienen que ver con los diferentes ámbitos de la sociedad.

Más allá de la respuesta requerida por Peña Nieto en su mensaje amañado de Año Nuevo cuando pregunto: ¡Qué hubieran hecho ustedes?, cuyas respuestas invariablemente han sido: bajarle a la corrupción, disminuir el número de integrantes en las cámaras legislativas y acabar con las tradicionales dádivas, como ha reclamado el arzobispo de San Luis Potosí, Juan Carlos Cabrero Romero, lo cierto es que ha llegado el momento de iniciar el debate nacional sobre temas como: las causas de fondo que han propiciado el desastre económico de México y el ¿qué hacer? ante una clase política incompetente, insensible, corrupta, arrogante y cínica.

Por supuesto, el señalamiento sobre las causas del desastre petrolero en nuestro país, concretamente del gasolinazo hecho por la Arquidiócesis de México cuando dice: décadas de “administración irresponsable”, “dilapidación” de la riqueza petrolera, “corrupción” y falta de creación de refinerías en el país, son parte de las causas de la “factura impagable y dolorosa que ahora se pasa a la población con el alza de la gasolina”, forma parte de la discusión que tiene que ver con la crisis de la economía y las finanzas nacionales que no auguran un mejor futuro para el pueblo.

Las manifestaciones de la crisis política aparejada a la económico-financiera, se reproducen grotescamente en nuestra entidad como lo demuestra la torpeza e insensibilidad de los integrantes de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, que sin consulta a los diputados y aprobación del pleno, en su caso, aprobaron la compra de 27 automóviles nuevos en sustitución de los ya existentes, para otorgárselos a los diputados, según denuncia de la diputada Josefina Salazar Báez.

Actitudes como la asumida por los funcionarios municipales, concretamente la DGSPM, que obedeciendo órdenes “de arriba” se dieron a la tarea atemorizadora de alertar a los comerciantes establecidos aledaños al Centro Histórico, para que cerraran sus negocios ante la presencia de una manifestación pacífica, sólo sirven para tensar el de por sí deteriorado ambiente de inseguridad prevaleciente en la entidad, ante la incapacidad manifiesta de detener la ola de violencia que no cesa en el territorio potosino.

El camino de lucha se ha iniciado. “Si la sociedad civil se une en esta crisis, los mexicanos honestos pueden tomar el poder”, según señala Edgardo Buscaglia, académico e investigador. Aunque resulta pertinente que en el caso potosino se pusieran por delante los intereses generales, no los de grupo, aunque el movimiento deberá ser incluyente, eliminando cualquier afán hegemonista y protagónico. ¿Será que los potosinos hemos madurado lo suficiente?

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