Luis Ricardo Guerrero Romero

Eso de los cariños, de las caricias, eso también sobre las comidas exóticas, el dar más tiempo del que tengo, no es mi preferencia. Desde las primeras horas del día luego de hacer las abluciones comienza la rutina del café y el pan, luego 15 minutos de redes sociales, luego volver a la cama para descasar el desayuno. Y así, tengo al menos 333 y “luegos”, todo mi día está envuelto en una serie de acontecimientos que pueden llegar a verse sinsentido, pero no es así, mi sombra me acompaña la mayor parte del día y la nostalgia de ella me sigue por la noche. En la cama desde luego que vuelven los “y luego”, en mis sueños un sucesivo de percances seriales me dicen y repiten los avatares de mi mismidad. Me disculpo a mi mismo, me beso a mí, me estrecho a mí persona, y luego me renuevo en la aldea donde el capataz es Morfeo, pero el dueño de la cabaña es una llamada Conciencia.

Ya amanece para mí y me renuevo, ya comienzo a comunicarme cansado de mí, pero me amo y necesito recuperar la miel del alma que perdí hace un par de días, la vida no es una diversión, pero la juego, no es un reto, pero asumo, es mi propia vida el sacramento de la existencia, una existencia renovada. Hoy ya no es lo mismo de ayer, hoy me renuevo desde la dureza de las paredes de este Pitié-Salpêtrière.

Los renglones anteriores nos narran la experiencia de él o ella, no se sabe del todo, sólo se sospecha, pues ya sea hombre o mujer, se renueva, es decir, si se es hombre, me renuevo, si se es mujer me renuevo y no es me renueva, pues cambia el sentido. Él se renueva, ella se renueva, nos renovamos, se renuevan, la vida es un renuevo, aunque se hable desde las baldosas de Pitié-Salpêtrière, un manicomio que me gustaría visitar ahora mismo.

No obstante, no estamos aquí para hablar de los deseos, sino de las palabras que desean y una de las tantas palabras que aspiran es: renovar, que dicho sea de paso en la lengua inglesa es muy similar: renovation. Tal sustantivo nos es heredado desde la lengua latina conformado por un prefijo: re (duplicación), y su lexema: novellus (joven, reciente, nuevo). El uso de tal palabra se ajusta más y mejor en contextos industriales o de construcción, pues en la humanidad su símil sería rejuvenecer, y crean o no, rejuvenecer es un acto imposible. Pero renovar es más sencillo, porque siempre será más sencillo tratarnos en la cosificación que en la humanización. Renovar es un asunto meticuloso, renovar es agudo, mientras que renovarse es complejo, renovarse es grave.

¿Quién nos separará de todos los y “luego”?, ¿cómo escaparemos de la rutina a la que fuimos eyectados?, ¿cuándo dejarás de ser pensado para volverte el pensador? Renovar o morir, o como dicta la idea original por voz y espíritu de Miguel de Unamuno: “el progreso consiste en renovarse”.

l.ricardogromero@gmail.com

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