Luis Ricardo Guerrero Romero
Una garra, colmillos, navajas, revolver. Herramientas colocadas en la vitrina familiar, recuerdos extraños que el abuelo presumía a todos los nietos, decía pues que eran de las pocas cosas que le hacían recordar sus mejores años con la finada doña Leonor. Leonor es un nombre común una persona de aquellos años, pero no para mí. En la insistente y terca manía de rendir tributo a los muertos, ahora cargo yo con el nombre de ella, y, aunque mis amigas se afanen en hacer uso del hipocorístico Leo para llamarme, yo nunca dejó de pensar que haberme hecho escribir el nombre de una difunta en mis cuadernos, presentarme como Leonor frente a los grupos escolares, y estar en los contactos de mis amigos como: Leonor, y ese nombre se replique en redes sociales, en listas de grupos, en cientos de hojas membretadas, es una ofensa hacia mi persona, porque aquella señora nonagenaria de quien se guarda: garra, colmillos, navajas y revolver merecía morir como murió, y ya nadie debe recordar su nombre.
Por eso es necesario dar fin a la vitrina con los recuerdos, al viudo con las nostalgias, a los padres con sus remordimientos, y a mí, para que sea borrada la agresiva abuela Leonor para siempre.
El relato anterior no describe cómo o para qué la abuela Leonor empleaba esos objetos, guardados celosamente en la vitrina, sólo entendemos que a la nieta nunca le agradó dar recuerdo de ella cargando el mismo nombre, para ella, sinónimo de la agresividad. La palabra agresivo semánticamente se logra entender como: alguien muy bueno para lograr sus metas: ese agresivo vendedor acaba con todo su producto pronto; también agresivas son algunas mezclas químicas como: botulínica, tetánica, aflatoxina y micotoxinas. Agresivos también son algunos medicamentos y no por ello son malos: dele de tomar de cada 8 horas, para que sea más agresivo y la infección acabe. En fin, la agresividad es una conducta a veces buena según sea el caso, pero siempre algo que promueve el combate.
De hecho, según entendemos esta palabra surge a partir del helenismo: εγρεκυδοιμος (egrecidoimos), pero pasó al latín con un cambio fonético de tipo vocálico a [a]grecidoimos. Tal formación de palabra del griego antiguo significa: que excita al combate. La sola palabra: εγρε (egre) significa despertar o promover, de tal suerte todo ente que es agresivo encamina con violencia o promueve con acometividad. En el latín se conserva el sentido original pues la voz: aggressivitas (de aggredi: ir con hostilidad), significa: provocar, atentar o pugnar.
Por extensión, pero también por ignorancia hoy muchas cosas u acciones son agresivas, sin embargo, existe una clásica taxonomía sobre el tema: teorías activas y teorías reactivas de la agresividad, teorías innatistas de la agresión, tanto como las teorías instintivistas, la hipótesis de la frustración-agresión, aprendizaje directo de la agresión, teoría del aprendizaje social de la agresión; por citar algunas más plausibles. Desconocemos cuál de las enlistadas teorías de la agresividad cuadre más con la difunta Leonor, y toda su progenie, pero no desconozcamos que, ante una agresividad, hay una pulsión.





