Guillermo Luévano Bustamante
Joaquin Sabina titula así una canción de despedida tras la separación amorosa, Nos sobran los motivos. No es el caso en esta columna de opinión, me sirvo de la expresión para recapitular que en la lista de agravios del gobierno mexicano contra la población bien podríamos identificar los suficientes como para que las manifestaciones de descontento e indignación generalizadas se hubieran intensificado hace años.
Hace veinte años creí que con la matanza de Acteal el país se indignaría de tal manera que al acreditarse las implicaciones del gobierno, el ejército, los grupos paramilitares, en la responsabilidad de los homicidios, habría, cuando menos, una buena sacudida de conciencias y una repercusión importante en las instituciones en el país. Fue acaso mi primera gran lección en el activismo: los procesos son más lentos, y para irrumpir radicalmente debe haber contextos específicos. Yo había comenzado a simpatizar con el zapatismo en los años previos.
Pertenezco a una generación de activistas cuyos referentes ideológicos y políticos se han derrumbado de algún modo. La academia misma se ha retraído de los espacios de incidencia que apenas una y dos generaciones antes habían hecho suyos, con la denuncia, la crítica, la participación, la denuncia, la militancia. En mi generación vimos al PRI dejar la presidencia, pero lo vimos volver a ella con autoritarismos renovados y nuevas viejas formas de antidemocracia. Aun así seguimos creyendo y militando. Vimos caer el muro y a la Unión Soviética, despuntar proyectos de gobiernos progresistas en América Latina y decrecer tras pocos años por la falta de basamentos sociales más sólidos. Y en México siempre parece no pasar mucho. Y en San Luis Potosí parece que todavía pasara menos, que fuéramos tan indolentes e indiferentes que somos capaces de soportar los gobiernos más rapaces y las afrentas más descaradas de cinismo.
Suelo controvertir la frecuente afirmación de que “San Luis es una ciudad conservadora”, alego en mi defensa que eso invisibiliza la pluralidad y la porción crítica que siempre ha existido. Diría más precisamente que hay una elite que se posiciona en la opinión pública que es conservadora, pero ejemplos de comunidades con conciencia crítica y militante los ha habido constantemente en la ciudad. No nos neguemos afirmando una generalización imprecisa.
Parecía que la oposición al incremento a la gasolina no se veía en San Luis, pero ya el fin de semana comenzaron las muestras de descontento. Y es que los gobiernos locales nos han llenado el buche de piedritas. Decía en la colaboración previa a esta que me sorprende un poco la causa que ha desatado que cierta parte de la sociedad se manifieste públicamente, porque si bien ha habido protestas contra otras reformas legales y sus efectos, como la laboral, la educativa, ahora parece una causa común, que si bien afecta más bien de forma directa a la clase media, repercute en toda la población.
Sé que la movilización del fin de semana planeó una agenda para los próximos días y un mecanismo de organización que articule los diferentes esfuerzos que confluyen en esta inconformidad. Ojalá se sostenga la protesta, ojalá vaya más allá de la demanda nacional de los gasolinazos, ojalá sirva de puntal para que la sociedad tomé la palabra y las decisiones que nos han arrebatado. Tanto en el ámbito nacional como en lo local, la inercia puede servir para impugnar de paso al sistema político en otro nivel, no sólo en la concreción de una de las medidas impopulares como los incrementos al combustible.
Twitter: @GuillerLuevano





