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  • Brevedad en Nuevo Laredo
  • “Bronco” habla de rompimiento
  • Porfirio sigue contra Mario

Julio Hernández López

En Nuevo Laredo, uno de los puntos más riesgosos de la frontera tamaulipeca con Estados Unidos, el presidente López Obrador apareció entre las altas temperaturas locales (35 grados centígrados) con un abrigo negro, de cuello levantado, que generó sorpresa. En aquella zona, acostumbrada a la violencia criminal cotidiana, la prenda presidencial entre acompañantes en mangas de camisa produjo de inmediato especulaciones respecto al uso de chalecos antibalas en personajes políticos.

Un periodista, Plácido Garza, director de un portal denominado Detona, aseguró que un experto israelí en materia de seguridad, Ron Zev, le había explicado “que la inusual vestimenta de AMLO se debió al intento de sus guardaespaldas para ocultar el chaleco 3-A anti balas nivel IV de placas de cerámica, que portaba bajo su camisa” (https://bit.ly/3oyHj7g ).

El cuello levantado del abrigo sería parte de las incomodidades a que obligaría el uso de tal protección, según lo publicado. El texto fue reproducido en SDPNoticias, el portal dirigido por Federico Arreola. Recuérdese que en junio de 2010, a unos días de las elecciones que al estilo tradicional priista lo harían gobernador, Rodolfo Torre Cantú fue ejecutado en una operación relámpago, junto con cuatro colaboradores, cuando se dirigía al aeropuerto de Ciudad Victoria para viajar a Matamoros; para sustituirlo, como ironía mafiosa, fue postulado su hermano Egidio, quien “gobernó” atemorizado, simbólico, con vestimenta que sugería el uso de chaleco antibalas.

Además, el tabasqueño visitante tuvo el discurso tal vez más breve de sus muchos años de actividad pública: tres minutos y cuarenta segundos, según el cronometraje que el reportero Alonso Urrutia publicó en La Jornada (“Minúsculo discurso de AMLO en visita a Tamaulipas”: https://bit.ly/2HBXeRq). La insólita duración recortada fue atribuida en el propio discurso presidencial a la presencia de demasiada gente (entre ella, vociferantes de Frena), a la que habría que “cuidar de la pandemia” en el acto en que le acompañaba el gobernador panista Francisco García Cabeza de Vaca, destacado miembro del grupo de gobernadores, llamado Alianza Federalista, que confronta las políticas obradoristas y al tabasqueño en sí.

Ayer mismo, dicha Alianza Federalista realizó sendos actos en los estados bajo mando de esos diez gobernadores, para exigir a López Obrador que los reciba, los atienda y resuelva exigencias relacionadas con la cancelación de fideicomisos y con el reparto presupuestal a las entidades federativas en 2021.

Varios de los gobernadores antiobradoristas pronunciaron discursos con aire de peligroso rupturismo. El de Nuevo León, autodenominado “el Bronco”, relacionado con el salinismo, llegó a advertir, con una referencia histórica de golpismo, que si AMLO no acepta un nuevo pacto federal, “la Federación iniciaría una confrontación innecesaria (…) Si no nos escucha será el primer rompimiento a terminar con esta república. Podría repetirse lo que hizo Bernardo Reyes”.

Porfirio Muñoz Ledo no está arriando banderas. Al contrario, se ha acerado su discurso y sus acusaciones contra Mario Delgado Carrillo. Puede ser que los mismos estrategas que lo seleccionaron para encabezar una de las facciones en pugna estén avivando el fuego interno, con la expectativa de derribar al representante de Marcelo Ebrard, o que el longevo político pluripartidista, Muñoz Ledo, esté recorriendo por su personalísima cuenta la ruta de la revuelta partidista a la que convoca.

Señaló Muñoz Ledo que 445 millones de pesos, de los mil 500 que habría gastado Mario Delgado en su campaña, habían sido sustraídos del presupuesto de Morena en la Cámara de Diputados.

«Las bajezas cometidas solo se explican por el ambicioso designio de imperar en las elecciones de 2021 y promover una sucesión presidencial adelantada». Considera que a los morenistas «Les indigna el cinismo con el que personeros advenedizos pretenden apoderarse del partido, asociados con criminales, el secuestro del partido por una derecha que no se atreve a decir su nombre». ¡Hasta mañana!