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  • Graco, el fracaso
  • ¿Cárcel a corruptos?
  • No a política tradicional

Julio Hernández López

Hoy, Cuauhtémoc Blanco Bravo tomará posesión del gobierno del estado de Morelos. Nacido en enero de 1973 en la Ciudad de México, fue un reconocido futbolista profesional, sobre todo a su paso por el equipo América, del cual fue y es un símbolo deportivo. Polémico y arrojado, en poco más de tres años ha construido una impresionante carrera política que habría parecido impensable si México no viviera una angustiosa necesidad de creer en personajes alejados del estilo político clásico.

Nada hay en Blanco Bravo que sustente tal éxito político (que no necesariamente quedará en el plano estatal, aunque hoy sus detractores así lo crean; desde ahora hay quienes lo visualizan como posible ¡candidato presidencial en 2014¡). Carece de habilidad oratoria, sus conceptos a declarar suelen ser confusos o mal elaborados, no se conoce ninguna formación académica o preocupación ideológica adecuadas para el cargo a ejercer y es manejado abiertamente por un personaje, José Manuel Sanz Rivera, de origen español pero ya naturalizado mexicano, que fue su representante comercial deportivo como ahora lo es en lo político, siempre buscando la mayor ganancia.

Y, sin embargo, el Cuau, como le llaman sus seguidores, ha logrado de manera insólita la presidencia municipal de Cuernavaca (en junio de 2015), cuando el contrato que lo había llevado a esa aventura solo aspiraba a darle a ganar votos (y prerrogativas) a un partido local de poca monta (el Social Demócrata, administrado por los hermanos Julio y Roberto Yáñez Moreno). Luego de un trayecto accidentado, en el que el manejador Sanz logró deshacerse del grupo contratista original (los Yáñez), fue postulado a gobernador estatal por el Partido Encuentro Social (PES) y, en el contexto de la alianza de este partido con Morena y López Obrador, terminó como abanderado de Juntos Haremos Historia (Morena, PES y Partido del Trabajo). Sin embargo, como ya lo ha dicho el Cuau, no se considera ganador por el efecto AMLO, sino por méritos y fuerza propias.

La conversión de un gran prestigio deportivo, y la fama pública que le acompaña, no podría explicar el arribo del Cuau al gobierno morelense si no se tuviera como definitorio punto de contraste el clamoroso fracaso de Graco Luis Ramírez Garrido Abreu, nacido en Tabasco en junio de 1949. El crecimiento de Blanco fue proporcional al hundimiento de Ramírez Garrido, un político profesional “de izquierda” que sembró y cosechó una amplia animadversión de los morelenses, en particular a la hora de pretender la imposición de su hijo, Rodrigo Gayosso, como sucesor, a nombre del Partido de la Revolución Democrática (PRD) del que Graco ha sido figura relevante, en el estilo de la política de oportunismo y turbiedades caracterizado por el grupo de Los Chuchos.

En ese contexto, los morelenses buscan un cambio así sea a partir de las condiciones no idóneas de Blanco Bravo. Es un rechazo a los políticos tradicionales, a la demagogia, la rapacidad y el abuso. En particular, y a diferencia de la amnistía política anunciada por López Obrador, Blanco Bravo ha anunciado su disposición a revisar con amplitud y profundidad la gestión de Graco Ramírez, quien hizo cuanta marrullería pudo para escamotear información oficial al equipo de Blanco, quien ha dado su palabra de que llevará a la cárcel a los políticos corruptos de la administración que hoy termina, comenzando por el muticitado Graco.

Lo cierto es que, más allá de la corsetería analítica tradicional, el no político Cuauhtémoc Blanco Bravo tiene espacio por recorrer e, incluso, para crecer. Su carril no es el de Morena, aunque mantendrá buenas relaciones iniciales (a pesar de los jaloneos recientes con Yeidckol Polevnsky, por presuntas cuotas de funcionarios). Así son las entendibles paradojas de la política mexicana de hoy.

César Yáñez Centeno ha sido un silencioso acompañante de Andrés Manuel López Obrador en sus giras de cada semana por el país. Con una notable discreción se ha encargado de los asuntos de comunicación social que, en esencia, han consistido en grabar las declaraciones del tabasqueño y, en su caso y con las pruebas auditivas a la mano, hacer precisiones o, abiertamente, desmentir notas que no correspondieran a lo dicho por quien ahora se encamina a presidir la república.

Este sábado, en Puebla, se casó Yáñez Centeno con Dulce María Silva Hernández. Como era casi obligado, en función del trato de trabajo, asistió Andrés Manuel López Obrador, así como su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, y varios miembros de la nueva clase política morenista (entre ellos, el almirante José Luis Vergara Ibarra, oficial mayor de la Secretaría de Marina, a la que muchos ya lo dan como próximo titular, aunque también pudo haber ido en función de que es nativo de ese estado).

Aún cuando el matrimonio en mención corresponde obviamente al ámbito privado, la clase política morenista ha inaugurado en Puebla su exposición a la crítica de ese tipo de actos “sociales”, en función de la relevancia pública de los personajes involucrados (estuvo incluso el gobernador poblano en funciones, Antonio Gali, personero político del panista Rafael Moreno Valle, quien busca alianzas y asideros para sostener a su esposa, Martha Erika Sosa, como gobernadora entrante, justo cuando están por anunciarse los resultados del recuento de votos ordenado y realizado por el tribunal electoral federal). Aparte de los comentarios clasistas referidos a la vestimenta usada por los asistentes a un acto formal, también se ha criticado el gasto hecho en la fiesta, sin que haya prueba alguna de que la pareja celebrante carezca de suficiencia económica propia, para tales erogaciones de su particular gusto.

Y, mientras el médico José Manuel Mireles y el diputado local potosino, Pedro César Carrizales, conocido como el Miji, han recibido en Pachuca, Hidalgo, un “doctorado honoris causa” de una agrupación denominada “Claustro Rectoral Iberoamericano”, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.