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Entre el general y el licenciado

Federico Anaya Gallardo

La promesa del “Zar Filántropo” que libera a los pobres para construir un Estado poderoso, propuesta por Ermolai-Erazmo hacia 1550 a Iván IV Grozny, y que parecería haber alcanzado su plenitud bajo el sistema autoritario de la URSS, es repetida aún hoy día por personajes como Alexander Guelévich Duguin (Алекса́ндр Ге́льевич Ду́гин, n.1962). Duguin es un filósofo nacionalista que suele aparecer en el telecanal Zargrad Primero Rusia (Телеканал Царьград Первый Русский). Se trata de una cadena mediática patrocinada por el empresario financiero Constantin Valerievich Maloféyev (Константин Валерьевич Малофеев, n.1974) quien abiertamente declara que la Revolución de Octubre fue una catástrofe (nota, lectora, que “Zargrad” significa “ciudad del Zar”). Ahora bien, para que nos quebremos la cabeza, su invitado Duguin afirma que en la Rusia de hoy existe algo llamado cristianismo estalinista: “el pueblo Ruso quiere economía de izquierdas, justicia social, socialismo… y una fuerte política de derechas. Queremos Zar y Socialismo.” Puedes ver este y otros extraños desplantes en YouTube en el documental Rusia, revolución conservadora del periodista español Ricardo Marquina Montañana (n.1979, Liga 1, especialmente 21:45-22:37).

Para entender esos desplantes contemporáneos, regresemos a nuestra historia de largo aliento. El zarato ruso mostró siempre una notable habilidad para integrar a las noblezas de los pueblos absorbidos en su esquema imperial. En este sentido, el dominio del específico Estado-nación granruso (que no ruso) estaba mucho menos racializado biológicamente que otras formaciones estatales europeas. En el convulso año de 1917, por ejemplo, destacaron como figuras salvadoras de la política “nacional rusa” dos personajes de ascendencia kalmuka –es decir, descendientes de un pueblo mongólico llegado de las estepas asiáticas a la Rusia central con la horda gengiskánida.

Se trataba del general Lavr Grigorievich Kornilov [Лавр Гео́ргиевич Корни́лов] y del licenciado Vladimir Ílich Ulianov (Владимир Ильич Ленин, mejor conocido como Lenin). La bizarra coincidencia de que hace un siglo los salvadores del Estado Ruso –a derechas y a izquierdas– proviniesen de una nación oprimida por la nación opresora granrusa es una alerta acerca de la increíble complejidad socio-política de aquellas regiones que hoy nos tienen al borde del holocausto nuclear.

Por supuesto no faltará lectora que me diga que ninguno de esos descendientes de kalmukos (Lauro y Vladimiro) habría tenido el papel que tuvo si el Estado nacional granruso no se hubiese disuelto en 1917. A ella le contesto que (1) tanto Kornilov como Ulianov-Lenin eran ya destacados personajes de la milicia y la política antes del derrumbe del Estado; (2) que si bien es verdad que sin ese derrumbe ninguno se habría acercado a ejercer el mando supremo; (3) es precisamente por ello que nos importa revisar qué era el Estado granruso, cómo se derrumbó y qué lo sustituyó.

La absorción de las élites de las naciones oprimidas era esencial para el zarato ruso. Facilitó su impresionante expansión asegurándole administradores que conociesen sus regiones y tuviesen legitimidad local. También nos explica el poder inmenso del autócrata y de la burocracia que le rodeaba –pues era desde allí de donde provenía todo reconocimiento político. Fue la Corona Romanov la que concedió sus ascensos a Kornilov, quien era hijo de un “oficial cosaco hereditario” que sirvió como intérprete en Altai y Siberia. Ese oficial casó con una mujer registrada como buriata (otro pueblo mongólico del extremo oriente “ruso”) que tenía ascendencia kalmuka. El padre de Kornilov culminó su carrera militar con un puesto como “secretario de colegio” en la burocracia zarista –que funcionaba como fábrica de una nobleza de mérito. Todos sus hermanos, menos uno, hicieron carrera militar.

La misma Corona Romanov fue la que nombró inspector provincial de escuelas públicas al padre de Ulianov-Lenin, quien se retiró con el grado de “consejero civil” (действительного статского советника), un grado burocrático desde el que la familia podía entrar a la nobleza hereditaria del antiguo régimen. Lo anterior, pese a que el abuelo paterno (Ulianov) hubiese sido un campesino siervo en la región de Nizhny Novgorod y que su madre tuviese sangre kalmuka del área de Astrakán.

Dos casos de éxito, puede decirse, en las políticas imperiales granrusas para integrar a los pueblos oprimidos. Pero dejemos los ejemplos personales y vayamos a lo general. La Rusia imperial absorbió no sólo comarcas, noblezas e individuos de los pueblos conquistados –sino también el rol geopolítico de los kanatos gengiskánidas. Durante el siglo XIX terminó esta la tarea anexándose el kanato de Kokand (1847-1864), la legendaria Samarcanda de Tamerlán (1868), el kanato de Jiva (1873) y el emirato de Bujara (1873).

Así las cosas, cuando estallaron las dos revoluciones de 1917 (febrero y octubre), Rusia dominaba decenas de pueblos no-rusos. Una lista necesariamente incompleta nos dará una idea de la inmensidad etnográfica de la formación geopolítica rusa: Chuvasios, Udmurtos, Tártaros, Baskires, Kalmukos, Komis y Mansis al norte de la estepa centroasiática; Kazajos, Karakalpakos, Turcomanos, Uzbekos, Kirguises y Tayikos en centroasia; Evenkis, Buriatos y Yakutos en el extremo oriente; Abjasios, Osetios, Georgianos, Armenios, Azeríes y Daguestaníes en el Cáucaso; Ucranianos, Bielorrusos, Moldavos, Lituanos, Letones, Estonios, Lapones y Fineses hacia occidente.

Todomundo habla de Rusia “prisión de pueblos” (Тюрьма́ наро́дов, Tiurma narodov). Wikipedia Rusa reporta: La frase apareció a raíz de una crónica de viaje mal leída y peor entendida… pero que por chiripa dio en varios clavos. Vale la pena contar este cuento porque ilustra los peligros de hablar superficialmente de cosas alejadas de nuestra cotidianeidad y dominadas por la “alta política”.

Un francés llamado Astolphe, Marqués de Custine (1790-1857), visitó Rusia en 1839 emulando la travesía de Tocqueville a los Estados Unidos de América. Viajó de Petesburgo a Moscú y pasó luego a Nizhny Novgorod y Kazán. El Proyecto Gutemberg ha publicado los cuatro tomos de La Russie en 1839 de Custine. (Liga 2.) Aunque este viajero no cruzó los Urales, le fascinó encontrar una mezquita en Moscú y pudo observar la multitud de naciones que se reunían en la Feria de Nizhny: “se ha vuelto la más concurrida de estas tierras, se dan cita los pueblos más extranjeros los unos frente a los otros. Son de lo más diverso en su aspecto, su vestido y su lenguaje. Lo mismo en sus religiones y en sus costumbres. Hay allí hombres del Tibet, de Bujara, de países vecinos de la China, que vienen a encontrarse aquí con Persas, Fineses, Griegos, Ingleses y Parisinos” (Custine, Carta 33, Tomo 4).

Sobre el Zar ruso, Nicolás I Romanov, el viajero reportó: “Es un hombre de carácter y voluntad, los requería para volverse el carcelero de la tercera parte del globo terráqueo” (Custine, Carta 21, Tomo 3, es probable que esta línea haya dado lugar a la expresión “prisión de pueblos”). Rusia había encabezado la ultra-conservadora Santa Alianza entre 1815 y 1825. (Recuerda, lectora, que esa alianza invadió España en 1823 para restaurar el absolutismo de Fernando VII Borbón y denegó el reconocimiento a la independencia mexicana por años.) A finales de los 1830, el Autócrata granruso permitió el viaje de Custine porque éste era monárquico y deseaba reunir argumentos contra las instituciones liberales. El problema es que, luego de ver el despotismo imperante en aquel imperio, el viajero regresó “partidario de las constituciones” (Custine, Prefacio, Tomo 1). Su libro estuvo prohibido en Rusia por un siglo.

Liberales y socialistas rusos del siglo XIX retomaron el retrato de Custine. Ulianov-Lenin usó la expresión a principios de 1914, en un discurso que preparaba para el diputado socialdemócrata a la Duma, G.I. Petrovsky. Ese discurso (Sobre la cuestión de la Política Nacional, к вопросу о Национальной Политике, K voprosu o Natsional’noy Politike, Liga 3) resume dos cuestiones que tienen repercusión hasta nuestros días.

Primero, que luego de la Revolución de 1905, uno de los fenómenos característicos de la política rusa fue la reorganización, en estructuras modernas, del nacionalismo granruso. Se fundaron periódicos y organizaciones y se utilizó la burocracia para demostrar las diversas conspiraciones que amenazaban a la patria granrusa, la iglesia ortodoxa y la monarquía. (Luego de las dos revoluciones de 1917, esas redes se enrolarían con los Ejércitos Blancos –una de cuyas columnas dirigió el general Kornilov.)

Segundo, que la socialdemocracia rusa abordaba la cuestión nacional de una manera paradójica. Desde 1896, el Congreso Internacional de Organizaciones Obreras y Socialistas de Londres se había declarado favorable a la autodeterminación de todas las naciones. En 1903, el Partido Obrero Social Demócrata de Rusia había adoptado la misma política y la apoyaba para cualquiera de las naciones sometidas al Imperio Ruso. Esta cuestión provocó agrios debates (el más famoso entre Lenin y Rosa Luxemburgo) pues los bolcheviques de Lenin sostenían que la autodeterminación de las naciones oprimidas debía incluir su derecho a la secesión.

Cuando en 1917 la Primera Guerra Mundial disolvió el Estado nacional granruso, todo lo anterior dejó de ser teoría. Todos los pueblos sometidos al viejo zarato se encontraron de pronto, de facto, en situación de secesión. El licenciado Lenin había tenido razón.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=zKnOECC6YIY&ab_channel=RicardoMarquinaMonta%C3%B1ana

Liga 2:
https://www.gutenberg.org/ebooks/author/31554

Liga 3:
http://libelli.ru/works/25-5.htm