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Luis Ricardo Guerrero Romero

Concentración, eran las últimas palabras emitidas esa noche por aquel tipo, el alma de las fiestas. Por lo regular las dionisiacas aventuras comenzaban a eso de las siete de la tarde, y solían concluir a veces hasta el amanecer. Allí es donde comienza todo, es donde se podía revelar quiénes de los presentes con alcoholemia era auténticos fengofóbicos. Era fácil darse cuenta.

Una repulsión al amanecer, furia al saber que vendrá el día siguiente, taparse los ojos, o buscar la oscuridad; como quien dice: “lentes oscuros, crudo seguro”. Además, a los temores de los síntomas que deja la resaca, van de la mano de la luz del nuevo día. Para un veterano entregado a las batallas del dios Baco, quizás no le sea tan urgente o preocupante los estragos, sino el mañana, el mañana con su luz.

La fengofobia también se manifiesta metafóricamente, en aquellos deprimidos, decepcionados por las vicisitudes de la vida duermen, y duermen más, y las mañanas, la luz del nuevo día sólo los decepciona aún más. Estos desearían no amaneciera, no ver la luz, y en casos extremos jamás volver a verla. Al sujeto entregado a la bebida la luz le molesta por un buen rato, y al sujeto entregado a la tristeza las mañanas le son recuerdo de que todo sigue igual, deprimido. No obstante, a todos, las mañanas nos traen nueva luz, pero a veces no queremos ser conscientes de esto, y de nuevo la fengofobia.

De repente la fengofobia, como describen los párrafos anteriores, ya sea por razones de fiestas, anímicas, o por el poco arrojo a la vida, todos pudiéramos haber tenido fengofobia. Del centenar de fobias que existen hay algunas que nos parecen extrañas, la que a continuación se dice es una de ellas, aunque por extensión como lo leímos anteriormente, puede no ser tan poco común.

Este sustantivo fengofobia, está relacionado con las denominadas fobias meteorológicas, o bien fobias espaciales, de lo que sucede en el espacio. Se compone de φεγγος (feggos> fengos> fengo): resplandor; y φοβος (fobos/ fob-ía): temor. Es decir, dos sustantivos griegos que funcionan como pseudodesinencias y un sufijo. La suma de estos elementos nos da el temor a la luz, estrictamente, un temor morboso a la luz. Pero no a cualquier luz sino a la del día, a lo diurno, al amanecer, por lo cual esta fobia suele verse a la par con la eosofobia, esta última es más aludida a las auroras boreales, mientras que la primera es estricta al resplandor, la luminosidad de un día más.

Quizás los gallos tengan fengofobia, y su canto sea un clamor ante la perentoria realidad que lastima, yo los entiendo.

l.ricardogromero@gmail.com