Luis Ricardo Guerrero Romero
Aprendí a robar a la edad de 19 años, desde entonces supe cómo hacer las cosas para obtener mejores resultados. Nunca he realizado un robo sin antes planificarlo, prueba de ello está en mi casa en donde tengo centenas de hojas y trazados que diseñé con los que me apoyé para realizar mis acciones ignominiosas. Ningún ladrón puede jactarse de serlo si éste sólo roba de modo ocasional o bien en las condiciones más ingenuas. Yo sé cómo obrar, a quién robar y cuándo hacerlo, lo sé, mi patrimonio familiar lo constata. Mis hijos y sus carreras son fruto de esta facultad con la cual nací, y de la cual me sirvo para ganarme la vida.
Pensándolo bien, el robar no es tan malo cuando se está verdaderamente necesitado, yo enseño a robar a mis alumnos y ahora vivo del robo de ellos, sé que me apodan el Tirano, pero sé que lo dicen de broma, pues a nadie he hecho daño directamente. La sonada frase de: “lo que fácil llega fácil se va”, mi vida la ha transformado por: “lo que fácil llega, fácil vuelve a llegar”, es decir, hay que ser positivos.
A mis 55 años ya todo se ve diferente, y aunque muchos me han dicho que algún día me he de arrepentir por todo el mal que ocasiono al llevar a cabo mi profesión, sigo en espera del día o la noche en que me visite el arrepentimiento. Pienso que el acto de arrepentirse nos aleja de la razón, ¿por qué el hombre debiera arrepentirse?, ¿es acaso que no piensa antes de actuar?, ¿será que el arrepentimiento es la burla de algún dios contra nosotros? Si quien hace algo luego se arrepiente, entonces no pensó antes de ejecutar su acción, luego así, ese sujeto es un irracional. Esa es mi filosofía al robar y al hacer cualquier otra actividad. Quizá por eso me nombran Tirano, por ser un jefe inteligente.
Cada hurto, cada expolio, cada incautación, cada robo, tiene un programa. Se estudia a la víctima —que no es tal, pues una víctima es un sacrificado— por algunas semanas, y si el botín es cuantioso se tardará meses en ser realizado. En casos específicos se recurre a la fuerza, a la violencia, en otros, es necesario matar para obtener el valor deseado, todo dependerá de cómo la presa se comporte, pues si nos deja trabajar con soltura, evidentemente no le pasará nada, sin embargo, si éste se resiste tiene que morir. En este último ejemplo sí que nos parecemos a los políticos malos que aplastan a sus semejantes para ellos salir a flote, en esto sí que no sólo yo, sino todos los rateros somos tiranos. Me gusta lo que hago, porque lo hago bien, y esa es una razón suficiente para vivir feliz, a diferencia de muchos que ejercen una profesión u oficio que no los hace plenos, yo gobierno mi propia vida.
Haber escuchado a este sujeto entrevistado en el penal, ha sido una situación extraña, saber que un interno aún dirige robos y es beneficiado de ellos, me resultó tan difícil de creer, pero así es el sistema, siempre da otras oportunidades, porque quienes gobiernan son otros tiranos que, bajo el poder insolente, orillan a actuar de modos equivocados. Por obvias razones el sujeto al cual entrevisté, sólo se presenta como el Tirano, y si lo vieran no pensarían que es lo que hace, entre su sonrisa suave y su mirada reflexiva uno no se imagina que exista un tirano de la sustracción.
De las cosas que más me llamaron la atención fue el sentirme atraído por su filosofía del no arrepentimiento, y que éste sólo podrá ser producto de la irracionalidad humana, no sé, parece que tiene sentido y que probablemente esa idea que se ha generado es un pensamiento de tiranía que él mismo construyó para lograr ser lo que hasta hoy significa para muchos de sus aprendices, un tirano de sí.
La palabra tirano como muchas otras de nuestro lenguaje es herencia directa de los helénicos, así incluso neologismos como: giga y tera (bytes), hora, oda, físico y una lista extensa pasaron fonéticamente casi exactas a nuestro idioma, así es que el mote de nuestro personaje se encuentra en esta sección, ya que tirano proviene de: τυρραννος (tyrrannos> tiranos> tirano), y el sentido antiquísimo nos indica aquel gobernante que se instaura a la fuerza, por el poder destrona. Y bien que, nuestro inteligente ratero en efecto es un tirano pues se burla de la seguridad, se chacotea la ley, aplasta con su poder a otros que supuestamente hacen que gobiernan.





