Luis Linares Zapata
Donald Trump y Delcy Rodríguez difundieron al unísono un oscuro trato petrolero, útil para sus propias causas de salvamento electoral.
Difícilmente tal pacto, entre muy desiguales, verá concretados los anuncios de mejorías y utilidades prometidas.
Es un acuerdo por completo basado en reglas, bajo presión, difícilmente provechosas para ambos firmantes. Uno de ellos, Trump, urgido de ayudas para prevenir, en lo posible, augurios de pérdidas de asientos legislativos. La otra firmante trata de mostrar un mejor rostro ante los venezolanos que dudan o reniegan de ella, puesto que, como su contraparte, también enfrentará próximamente a los votantes de su país.
Las utilidades anunciadas se fincan en tratos, inversiones, operaciones, empleos, ingresos fiscales y demás parafernalia, se alargan en una visión a muy largo plazo. Nada de lo acordado tendrá repercusiones inmediatas.
Todo lo prometido hoy se compone de aire difusivo y alharacas. Lo cierto es que descubre, en el fondo, todo lo que significó la intervención militar en Caracas. Se trató de apresar a Maduro y esposa para facilitar la toma de control de un país rico en minerales y variados desarreglos internos. Pero también y al mismo tiempo de desterrar de esas riquezas a la avanzada China, país al que la Venezuela de Maduro solicitó grandes préstamos, todo con miras a sortear el acoso impuesto por el gobierno estadunidense, compromisos pagaderos con futuros embarques de aceites.
Y en esos tratos estaban cuando fueron sitiados y atacados por los militares bajo las órdenes de Trump. Nadie habla de las anteriores prevenciones ante un presidente que era, según intensa campaña publicitaria, jefe de un cártel llamado de Los Soles. Una invención de escasa credibilidad, pero útil para justificar los ataques que vendrían posteriormente, una guerra llamada híbrida para hacer posible, aunque fuera parcialmente, lavar cara ante el mundo y los electores de su país.
Llegado a este punto crucial, habría que preguntarnos cómo es posible que un presidente de Estados Unidos que se presenta a sí mismo como salvador designado pueda alardear de un robo sin decencia alguna de por medio. Cómo es posible que buena parte de los ciudadanos de ese país acepten tales alardes ilegales de su gobierno electo. Cómo es posible que buena parte de ellos –tal vez cercana a la mayoría– no reaccione airadamente ante un despojo de riquezas ajenas, riquezas que pertenecen a una nación acosada, sojuzgada y empobrecida por las múltiples sanciones impuestas con triunfal cinismo. Un país que debe gozar de la protección del derecho internacional que repudia su flagrante estatus de colonia. Ahora se transparenta, sin ningún ánimo de esconder las formas y los actores precisos, que llevaron a cabo las órdenes y los frutos de una flagrante intervención armada.
¡Qué ventajas efectivas les acarrearán a los republicanos, y en particular a su líder, este tipo de leoninos arreglos!
Porque, en verdad, poco se conoce cómo se llevaron a cabo y mediante cuales mecanismos serán ejecutados. Sólo se sabe que uno de los firmantes se adueñará de una desmesurada porción de la riqueza petrolera de los venezolanos, al tiempo que también se anuncia el destino que llevará tan voluminoso botín: la reserva estratégica de Estados Unidos. Anuncio que sirve a Trump como fácil oportunidad de golpear al ahora, al parecer, inerme ex presidente demócrata Joe Biden.
Recurso utilizado sin, hasta el momento, recibir contrarrespuesta de tal personaje o de sus colegas partidarios.
Las moralejas de este sainete, desplegado a la vista de todos, son varias. Una, la principal, es determinar las crudas intenciones de esta administración republicana al conseguir aliados incondicionales, todos imposibilitados en defender sus intereses, pues abdicaron a ellos desde inicio. La ferocidad con la que se presentan los ahora abanderados para la defensa continental apunta hacia situaciones parecidas a las arriba comentadas. Toda esa parafernalia de pacto solemne para la defensa de las Américas, signado hace poco en Miami, lleva inscritos objetivos a trasmano. Trump pretende adueñarse de cualquier riqueza local juzgada como indispensable para la seguridad nacional de su país.
Una de esas riquezas, abundante sin duda en Sudamérica, es el litio. Ya llevan avanzada la trama: la firmaron Perú, Argentina, Bolivia y Chile, países que suman poseer la mayor proporción mundial de tan valioso mineral. No tardará Trump de anexarlo a sus activos bajo control. Para ese propósito cuenta, además, con varios aliados de la extrema derecha continental. Un conjunto de personajes plagados de ambiciones personales que actúan como ilegales difusores. Uno de ellos, preso criminal por intento de feminicidio, circunstancia que ha dado pie para destapar la trama orquestada desde la Casa Blanca y activada en las recientes elecciones habidas en países del sur.







