Luis Ricardo Guerrero Romero
Sobre la avenida ya conocida por todos, antes de llegar a la bifurcación, de modo súbito y con singular encono, un ciclista con cabello largo y barba al estilo van Dyck, me recordó antes de la preocupación ciudadana, los malos hábitos de tránsito del cual todos somos presas y verdugos, y desde luego la mala logística de los semáforos; algunos lienzos como: “Silenus borracho apoyado por Satyrs”, “Diana y una ninfa, sorprendidas por Sátiro”, y “Dédalo e Ícaro”. El ciclista del cual estoy seguro desconoce el estilo de barba que lucía iba aventurando el aviso estridente: ¡adelante hay un percance!, hay y no hubo, hay y seguro habrá. Los percances son duendes del tiempo, contratiempos que irrumpen de modo desgastante nuestro itinerario de vida.
Efectivamente, el tipo hípster tuvo razón, y conforme íbamos avanzando al ritmo que se derrite un bloque hielo en el asfalto, nos convertimos en espectadores bajo el sol. El accidente era terrible, inexplicable y cruel. Era el mismo hombre que gritaba a bordo de su bicicleta, pero ya sin voz, sin piernas y sin vida, éste había chocado con la camioneta de un grupo de banda que embriagados conducían vertiginosamente. De cualquier modo, el espectro de van Dyck, se portó atento, se portó banda.
En el relato anterior, entendemos dos usos comunes de la palabra banda, una suerte de homógrafos, una bandada de sentidos. Tal sustantivo herencia del sajón ban, bann, también ben, bend, con significado de lazo, o bien, vínculo. La voz banda, del bajo latín bandam, añadido el sufijo um, significa muestra o porción de tela, característicamente más larga que ancha. Asimismo, se dio origen a la voz: bannum: publicación, pregón, edicto. Así, un bandido es perseguido porque se le ha pregonado por sus delitos.
Cuando alguien se porta banda, decimos que estuvo con nosotros, que tiene lazos, como el ciclista del texto, pero al escuchar una banda del regional mexicano, oímos ritmos que pregonan o dictan alguna canción, sucede lo mismo con la banda de guerra u orquestal.
Es necesario resaltar que esa banda nada tiene que ver con el vandalismo, ni con las bandas de pandillas, y que el vandalismo es un asunto que se trata a parte y formó parte de la historia de los pueblos que invadieron la antigua Roma: los vándalos.
Por otra parte, pero no de menor categoría, estamos a unos días de congratularnos por la victoria de la banda presidencial que se ha portado con honor y lealtad en nuestra época por quien preside el país. La banda presidencial, en otros tantos países es un símbolo, nuevamente de lazo, de unión y pertenencia a su pueblo. Seamos banda con la Bandera (lienzo tricolor) mexicana.





