Luis Ricardo Guerrero Romero

Nicolás –un viejo amigo criminólogo– sacó de su escritorio una carta encontrada en el condominio de quien se quitara la vida, la cual iniciaba: Llegué a la casa de Eulalio, y me comenzó a decir: –Otra vez pasó igual que la semana anterior, tuve que echar la poca agua tibia que se logró al frasco de café, todos en la casa hemos estado desconsolados desde que apenas comemos una vez al día, aquel dicho: “barriga llena corazón contento”, tiene más sabiduría que cualquier libro. En esta colonia de robos, pobreza e inseguridad no somos los únicos miserables, aquí el amor de Dios es la historia más vana y el poder de mal gobierno nos abriga devotamente, ¡puto gobierno!, nos mantiene hacinados, con sed agónica y hambre. Pero hoy no veré nuevamente la tristeza en las bocas vacías de mis hijos, ya zafé la puerta de la casa y la llevaré al kilo para su venta, esa puerta los alimentará por hoy, y si algo malo nos pasa esta noche por estar desprotegidos, al menos moriremos con el corazón contento, mis hijos por haber comido y yo por verlos felices–. Entonces, luego de escuchar a Eulalio y recordar con su situación también mi fatal realidad, decidí  proclamar todas las blasfemias, y escribir estas líneas antes de entrar por la puerta falsa del suicidio.

Hay quienes dicen que el suicidio es la puerta fácil, otros que es la falsa, y algunos pocos que es la única salida para renunciar a existir súbitamente. Del tema ya nos hablarán los sicólogos, y de la puerta ya hemos comenzado, puesto que para Eulalio la puerta permitió alimentar las bocas de sus hijos; y sabemos que /P/, consonante inicial del sustantivo puerta significaba idea de boca desde el alfabeto hebreo, y antes la raíz sánscrita: par, generó la idea de pasar o llevar, es decir que, mientras en hebreo se encuentra el fonema /P/ como símbolo y valor de boca, en el sánscrito la raíz que produjo puerta (del latín porta) es trasladado como pasar o dejar llevar. Todos reconocemos lo significativo que resulta tener una puerta en casa, se obvia la necesidad, pues ésta es un elemento indispensable, hay quienes ven en la puerta la entrada y hay quienes la entienden como la salida, la magia de la puerta es precisamente esa, que puede ser una bina de significados. Lo cierto es que para entrar hay que tocar –la onomatopeya de la puerta es toc toc–, y para salir sólo pasar por ella, en ambas situaciones (entrar y salir) nos obliga un cambio de experiencia por ridículo que se lea, ya que el cotidiano hecho de salir por la puerta de algún local, casa, establecimiento, lugar de trabajo, indica que nuestro comportamiento sufrirá una variación en el actuar y viceversa. Lo mismo sucede analógicamente con nuestras ideas, que se materializan auditivamente por vez primera al ser dichas, entonces las ideas expresadas con palabras salen de la boca –nuestra puerta natural– para realizar un cambio o sufrir una experiencia distinta a la mental, la boca, puerta también que encierra en un beso el amor. La palabra puerta de raíz latina port, tiene su principio en el contexto marítimo y bélico: portus (puerto, refugio, desembocadura); ya que era el puerto entrada y salida de navíos al llegar a ciudades, incluso países o continentes. Este lexema es tan productivo que se dice con frecuencia cada vez al parecernos algo importante la usamos oportunamente. Lograr porte al hablar, aportar ideas, exportarlas en alguna red social y soportar los escarnios, para luego trasportarse a otro nivel, es gracias a la puerta que nos induce a entrar y salir a palabrazos.

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