Jorge Carrillo Olea
La reconstrucción de una oposición política en México no depende de una sola acción, sino de un proceso de mediano y largo plazo que combine renovación organizacional, credibilidad, propuestas y conexión con la ciudadanía. Independientemente de la orientación ideológica, una oposición democrática suele fortalecerse cuando logra ofrecer una alternativa de gobierno creíble y no únicamente una crítica al gobierno en turno.
Lo trágico en México es que lo imprescindible no está presente: el talento que demanda un gran líder; sin él, nada, nada es definitivo como proyecto. Llevando la mirada hacia otras realidades en busca de orientación, encontramos que casi la treintena de países observables pertenecen a partidos de derecha abiertamente afinados con Washington, América Latina, Europa Occidental.
Las izquierdas sin organización comunitaria visible: Brasil, Cuba, México, la misteriosa Venezuela y la arrumbada Nicaragua carecen en la realidad de congruencia entre el ser y el parecer. De izquierda, el ejemplo que quiere ser México, que con Bienestar cubre las apariencias.
Pero si hay extramuros una izquierda propositiva y combativa, es la izquierda española, vigorosamente representada por Pedro Sánchez, líder de gran carisma e inteligencia, y cabeza del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Él y su partido, sin claudicación ni olvido, participaron en la también ejemplar transición española, concretados algunos de ellos en la Ley de la Memoria y el Olvido.
Son tantos los agobios mexicanos que, sin profundizar en ideologías, bien se podría hacer un ideario nacional. O parecería uno que, sólo cambiando palabras, sería oro puro para cualquier color. ¡Tan fritos estamos! Algunos elementos que podrían contribuir a ese proceso son:
1. Realizar una autocrítica profunda, reconociendo errores de gobiernos anteriores y de la oposición reciente, explicando cómo evitarían repetir prácticas asociadas con corrupción, privilegios o falta de resultados; presentar mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.
2. Renovar el liderazgo: incorporar dirigentes jóvenes y perfiles con experiencia técnica y arraigo social; abrir espacios a mujeres, académicos, empresarios, organizaciones civiles y liderazgos regionales; evitar que la dirigencia permanezca concentrada en los mismos grupos.
3. Construir un proyecto de país más que centrar el discurso en el rechazo al gobierno; desarrollar propuestas claras sobre seguridad pública, crecimiento económico, combate a la pobreza, salud, educación, energía, medio ambiente y justicia.
4. Fortalecer la presencia territorial: trabajar permanentemente en municipios y colonias, no sólo durante campañas; formar cuadros locales; escuchar demandas específicas de cada región.
5. Modernizar la comunicación: utilizar redes sociales con mensajes claros y sustentados; combatir la desinformación con evidencia; evitar campañas basadas únicamente en confrontación.
6. Construir alianzas sociales: dialogar con universidades, organizaciones empresariales, sindicatos, organizaciones campesinas, colectivos ciudadanos y asociaciones civiles.
7. Seleccionar mejores candidatos: procesos internos transparentes, evaluación de trayectoria, capacitación permanente y controles éticos.
8. Fortalecer la democracia interna: elecciones internas competitivas, transparencia financiera y participación efectiva de la militancia.
9. Especialización técnica: crear equipos permanentes que desarrollen políticas públicas con base en evidencia y datos, capaces de responder rápidamente a problemas nacionales.
10. Construir una identidad propia en lugar de definirse únicamente por oposición al gobierno; establecer con claridad principios, prioridades, visión de largo plazo y valores democráticos.
Algunos de los obstáculos que, con matices según el partido, enfrentan los principales órganos políticos son: baja confianza ciudadana hacia algunos partidos tradicionales, fragmentación entre fuerzas opositoras, dificultad para diferenciarse ideológicamente, competencia desigual en recursos políticos y de comunicación y necesidad de atraer a nuevos votantes, especialmente jóvenes.
La reconstrucción de una oposición depende de la participación ciudadana. Algunas formas de atraerla incluyen involucrarse en partidos políticos o movimientos cívicos, participar en la observación electoral, exigir transparencia y rendición de cuentas a todos los partidos, debatir propuestas con base en evidencia, votar de manera informada y colaborar en organizaciones de la sociedad civil.
En una democracia plural, un gobierno fuerte y una oposición capaz de fiscalizar, proponer alternativas y competir electoralmente son componentes complementarios. La fortaleza de la oposición no consiste únicamente en ganar elecciones, sino en representar intereses diversos, mejorar el debate público y ofrecer opciones de gobierno que los ciudadanos puedan evaluar y elegir libremente.
¿Qué tan fritos estaremos que un paquete de ideas, a manera de propuesta, sería bien acogido por el conjunto social? De esta irrealizable idea, en las próximas elecciones mucho habríamos de oír de parte de tirios y troyanos.
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