- Lebaronismo promovente
- Abrir puertas bélicas a EE UU
- Agenda de oposición a AMLO
Julio Hernández López
En Bagdad se produjo la semana pasada un ejemplo contundente de lo que significa la clasificación de “organización terrorista extranjera” conforme al criterio intervencionista, a extremos criminales, de Estados Unidos. Con el mayor desparpajo, Donald Trump ordenó el asesinato en Irak de varias personas (una de ellas, el estratégico general iraní Qasem Soleimaní) en una acción que a su entender no requiere de mayor explicación pues, según el ocupante de la Casa Blanca, le asiste el derecho de exterminar, así sea en suelo extranjero, a quien represente un peligro para los intereses del imperial país norteamericano.
Para los mexicanos tiene especial interés lo sucedido en Irak. Un grupo de personas con doble nacionalidad ha acudido ante instancias de Estados Unidos para promover que los cárteles mexicanos del crimen organizado sean denominados oficialmente como organizaciones terroristas extranjeras. La recurrencia a la nación vecina se produjo luego del lamentable asesinato de mujeres y niños pertenecientes a comunidades mormonas asentadas en el norte de México.
Esa petición, en la que participaron miembros de las familias LeBarón y Langford, se produjo en sintonía con el tuiteo de Donald Trump amagando con tal declaratoria terrorista y semanas después de la extraña aprehensión y posterior liberación en Culiacán de un hijo del Chapo Guzmán. A la propuesta se han sumado informalmente mexicanos que consideran viable y deseable una intervención armada de Estados Unidos para exterminar a los cárteles mexicanos.
Aun cuando no ha sido convocada para apoyar tal declaratoria de “terroristas”, este 23 arrancará de Cuernavaca una caminata encabezada por el activista Javier Sicilia, acompañado de miembros de la familia LeBarón, uno de estos, Julián, relacionado con Emiliano Salinas Occelli, hijo de Carlos Salinas de Gortari, partícipes ambos (Julián y Emiliano) en actividades del turbio y delictivo grupo de “desarrollo personal y profesional” denominado NXIVM.
Abrir las puertas a los ataques armados de Estados Unidos contra los cárteles mexicanos del narcotráfico es un despropósito histórico y práctico. El mercadeo de drogas implica de manera esencial a los propios Estados Unidos, como principales clientes consumidores y a estructuras de poder policiaco, político y empresarial. Acribillar, bombardear o atentar contra narcotraficantes mexicanos sería hipocresía e injusticia si no se actúa de manera similar ante las contrapartes gringas. Aún así, hay mexicanos que de buena fe o por otro tipo de motivaciones aplauden la posibilidad de que Washington actúe en México de manera parecida a lo que ha hecho en Irak.
Están cantados los temas en los que se centrará en 2020 la oposición al gobierno de Andrés Manuel López Obrador: la creciente inseguridad pública a nivel nacional y las altas estadísticas delictivas, sobre todo funerarias, y las muy bajas o nulas expectativas de crecimiento económico conforme a los indicadores tradicionalmente utilizados para estos efectos. A esos dos factores internos se sumará la incertidumbre y los eventuales desajustes internacionales, ahora potenciado ese ambiente de riesgo por el conflicto Estados Unidos-Irán desatado a partir de los asesinatos selectivos ordenados por Donald Trump y las abiertas amenazas bélicas de este personaje.
Los dos temas centrales (inseguridad y economía) están siendo mencionados con insistencia por líderes partidistas, políticos, empresariales e inclusive religiosos, como monseñor Carlos Samaniego, obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, quien sermoneó ayer en la Basílica de Guadalupe: “México es un desastre, que se refiere a la falta de astro. Desastre es no tener una guía, una ilusión, un sueño. Una estrella guía al marinero para tener buen puerto, y hay veces que no tenemos en las familias, en las instituciones, esa estrella que guíe nuestros pasos”.
Lo malo para esa oposición desastrada es que, hasta ahora, carece de estrella(s) guía(s), de carta de navegación y de una propuesta creíble de buen puerto. ¡Hasta mañana!




