Luis Ricardo Guerrero Romero
En la parrilla de un calentador viejo decorado de óxido y cenizas, una centena de palillos quemados, amontonados, cadáveres de luz que de tantos ya formaban figuras extrañas, puesto que cada día un recuerdo quemado ardía, para luego ser parte de aquella flotilla de iis (las vocales están en todas partes), no obstante de ser demasiados los cerillos dilapidados a nadie se le ocurría limpiar la parrilla, sería porque aquello formaba parte de un ritual, en donde al encender un fósforo el palito ya consumado clamaba por seguir cerca del fuego, éste era su fin último, dar vida al gran fuego –decían las mentes y no las voces de los huéspedes del orfanato infectados de fosfonecrosis–. Aquel calentador que brindaba de agua tibia a los expósitos, también era el altar de sacrificio para cientos de fósforos que al nacer brillaron, y después sólo fueron testigos del tiempo, creciendo por montones.
La vida de un fósforo es súbita, deslizarse en un sendero áspero y brillar, luego alguien sopla y se apaga la luz, quizá por eso el sector encendedor ha ganado territorio frente al endeble cerillo, pero no podemos hacer a un lado la importante labor que realizó durante siglos, desde que el alquimista Hennig Brandt, en pretensión del oro descubrió el fósforo, el notorio alquimista, nos regaló otro brillo más asequible para generar fuego. Tiempo pasó para que otros científicos patentaran el hallazgo, pero fue desde Brandt que estilamos usar la palabra fósforo, aunque parece estar en desuso y se prefiera decir cerillo. Sin embargo, ya tiempo atrás, esta palabra nos la trasfirió la mitología griega en su astrología bajo el nombre de: Heósforo, el lucero del amanecer, o lo que es lo mismo Lucifer, quien trae la luz, el nombre griego: Φωσφορο (Fósforo), nos hereda otras palabras tales como: fosfenos, esas luces amorfas que vemos sin abrir los ojos; fotosíntesis, obviamos la explicación; fotolisis, descomposición química a causa de luz solar; fotografía, –madre de la selfie–; fotón, ¡gracias Einstein!; fototropismo, cuando algunos organismos se orientan por medio de la luz o foco, por ejemplo los girasoles, aunque también existe el fototropismo negativo. Esta misma raíz de luz nos ofrece como decíamos renglones arriba una descripción astrológica, puesto que lucifer es la estrella que nos anuncia un nuevo día con la belleza y grandeza infinita, sin embargo, sabemos que la ignorancia cristiana en el marco de lo veterotestamentario, distorsionó el concepto probablemente para tener algo con que amedrentar al mundo. Pero sabemos que buscar la luz no es nada ignominioso, antes bien, plausible. La estrella matinal a la que hacemos referencia también es nombrada Heósforo o Morgenstern, lucero de la mañana o del alba. Finalmente recordemos al fósforo como elemento químico tal como Brandt, accidentalmente nos reveló. Aunque no debemos dejar de lado el macro mineral para la nutrición, ya que la carencia de fósforo en nuestra sangre provocará: hipofosfatemia y entonces tendremos un aspecto fosforescente y huesos deleznables como cerillos.






