- Consumo, incremento exponencial
- ¿Qué ha hecho la “implacable” DEA?
Carlos Fernández-Vega
Cincuenta y cinco años después de “iniciada” la que dos mandatarios estadunidenses denominaron “guerra contra el narcotráfico”, por ser el “enemigo público número uno” de su país (Richard Nixon, 1971 –en 1973 creó la Administración para el Control de Drogas, mejor conocida como DEA–, y Ronald Reagan, 1980; “mano dura”, pregonaba, pero un bienio después, la esposa de este último, Nancy, se limitó a una campaña propagandística – Just say no–, igual de onerosa que ineficaz), el balance resulta social y políticamente desastroso, pues Estados Unidos ha mantenido intacto el liderazgo como importador de estupefacientes (toneladas y toneladas de todos colores y sabores) y el aumento en consumidores, muchos de ellos fallecidos por sobredosis año tras año.
Desde el inicio de tal “combate”, y 10 mandatarios gringos después (incluidas sus relecciones), la producción mundial de droga no sólo ha crecido de forma exponencial (siempre con el mercado estadunidense como objetivo), sino que sus “programas de contención e incautación” para “evitar” la introducción de toneladas y toneladas de enervantes a territorio estadunidense han servido a quienes las producen, envían y comercializan, amén de que en Estados Unidos el número de muertes por sobredosis (por cualquier droga) ha escalado de forma brutal. Ello, sin obviar que sus farmacéuticas han “contribuido” decididamente al fallecimiento por uso de opioides y al ejército de zombis que deambula por las calles de aquel país.
No es para burlarse, sino para encender las alarmas y tomar cartas en el asunto, por tratarse de un grave problema de salud pública. Pero, sólo como ejemplo, de 1999 a 2023 las muertes por sobredosis de opioides se incrementaron mil 333 por ciento (alrededor de 20 por ciento de ellas recetados por médicos gringos), mil 200 por ciento por cocaína y así por el estilo, de acuerdo con la estadística del National Institute on Drugs Abuse, una institución del propio gobierno estadunidense.
A todo esto, ¿a qué se ha dedicado la DEA, desde 1973, cuando fue declarada el “brazo ejecutor” en la “guerra contra las drogas”? Bueno, entre otras muchas actividades, a introducir a México armamento de uso militar para incrementar el poder de fuego de los cárteles, especialmente el de Sinaloa (por ejemplo, Rápido y furioso, con Felipe Calderón), “combatir” a los narcotraficantes en Colombia, Perú y Bolivia, hoy más fuertes que nunca y produciendo-enviando-introduciendo-comercializando toneladas y toneladas de producto a Estadios Unidos, sin olvidar que agentes y ex agentes de ese “brazo ejecutor” participaron en el tráfico y protección de quienes decían “perseguir”. También, a chantajear a países soberanos.
Para no ir más lejos, lo más reciente, que no lo último: “una polémica táctica policial que permitió que cantidades asombrosas de fentanilo mortal llegaran a las calles (de Estados Unidos, de 2023 a 2025) cuando las autoridades federales buscaban armar casos antidrogas de mayor envergadura se encuentra ahora bajo investigación de los republicanos del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos”, cuyo presidente, James Comer, “envió una carta al secretario de Justicia, Todd Blanche, para solicitar registros relacionados con la controvertida estrategia de la DEA de vigilar –pero no incautar– grandes cargamentos de fentanilo” ( La Jornada, Ap).
Pero no sólo la DEA: el propio magnate naranja. Va como cápsula de memoria: “el ex presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a 45 años de cárcel por narcotráfico (no menos de 400 toneladas de cocaína), salió de prisión (2 de diciembre de 2025) tras recibir el indulto de Trump; la liberación de Hernández ocurre en medio del despliegue estadunidense en el mar Caribe y el océano Pacífico, que Washington asegura tiene como objetivo frenar el tráfico de drogas hacia su territorio” ( La Jornada, Afp).
Las rebanadas del pastel
Resulta que la Casa Blanca asegura que la “concesión” petrolera de Venezuela a Trump no es por 25 años (Delcy Rodríguez dixit), sino por un siglo, amén de que Washington podrá comprar 20 por ciento del oro negro extraído a precio de producción, no de mercado, mientras el Departamento de Defensa de Estados Unidos se queda con 35 por ciento de las acciones. Entonces, ¿“no seremos patrio trasero de ningún imperio”? (según dicho de la “presidenta encargada”). Y el hermano de la susodicha, Jorge, presidente de la Asamblea Nacional de la nación sudamericana, asegura que el “acuerdo” con el gringo “no tiene nada de esotérico, de extraterrestre”. No, desde luego, pero sí de colonial.
X: @cafevega






