• Cómo se armó y a quién benefició
  • Sheinbaum detallará el engranaje

Carlos Fernández-Vega

Bien hace la presidenta Sheinbaum en mantener en la marquesina político-económica el tema del denominado “robo del siglo” (en realidad ya involucra un par de ellos, el XX y el XXI), es decir, el ilegal “rescate” bancario ordenado por Zedillo en 1995, el cual, en diciembre de 1998, alegremente los prianistas convirtieron una voluminosa deuda privada –la de los barones del dinero– en deuda pública –pagada por el pueblo mexicano–, y para ello utilizó uno de los mecanismos más conocidos del régimen neoliberal: socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Y qué bueno que lo hace, porque muchos de los secretos de este tenebroso asunto fueron guardados bajo mil candados, aunque a lo largo de los años poco a poco se ha documentado el atraco, si bien su plena transparencia se mantiene como asignatura pendiente de la democracia mexicana.

El sábado anterior, la mandataria advirtió que la deuda del Fobaproa “es impagable” dado el “formato” utilizado por el prianato para “rescatar”, ilegalmente, a la pandilla de “banqueros” beneficiados con la reprivatización salinista (la mayor parte, especuladores bursátiles sin la menor experiencia en temas bancarios, pero, eso sí, “amigos” del innombrable). Y la tesis de la presidenta Sheinbaum es concluyente: a lo largo de 31 años se han utilizado alrededor de 2 billones de pesos de recursos públicos sólo por intereses de ese débito y los mexicanos aún deben poco más de un billón, sobre un pasivo que (oficialmente, al momento de “legalizarlo” con nueva máscara, el IPAB) rondaba los 552 mil millones. Hasta ahora, tres billones y contando, un monto 5.5 veces superior al reconocido por el gobierno zedillista en diciembre de 1998.

Ayer, la mandataria detalló que mañana miércoles tendrá lugar una “mañanera especial; vamos a hablar del Fobaproa, hoy el IPAB, de por qué en un estudio reciente que hace Secretaría de Hacienda muestra que, en realidad, nunca va a acabar de pagarse, porque nunca se paga el capital, solamente se paga una parte de los intereses y, además, otra parte se financia con deuda. Entonces, lo vamos a presentar aquí, de cómo fue que se diseñó el Fobaproa desde su origen, cómo ha ido modificándose y cómo –desde nuestra perspectiva– se pensaba que en 2050, por ahí, se iba a terminar de pagar, pero en las condiciones actuales pues difícilmente se va a pagar en el 2050”.

Algo más: “ya lo vamos a explicar, que venga el secretario de Hacienda, la subsecretaria del ramo, para poder explicar claramente cómo se hizo el Fobaproa y cómo es una deuda prácticamente impagable para las y los mexicanos. Y la otra, también con entramados de corrupción, como fue el propio Fobaproa, que el día que lo expliquemos vamos a platicar de nuevo todo eso, cómo fue que se rescató a quien no debía rescatarse, nombres de quienes se rescató en aquella época”. Se va a poner interesante.

En vía de mientras, hay que recordar que uno de los “logros” del “salvamento” zedillista (junto a la banda de rufianes en el gobierno, en el PRI y el PAN, y en la Cámara de Diputados) fue la extranjerización de 80 por ciento del sistema bancario que operaba en el país, es decir los barones del dinero en el festín y los mexicanos levantando el tiradero que dejaron. De los neo-banqueros salinistas, sólo uno terminó en la cárcel: Jorge Lankenau Rocha, cuando entre los accionistas de Banca Confía estaba parte de la crema y nata de la oligarquía de Nuevo León, como Alejandro Junco, propietario de El Norte y Reforma.

La trasnacional española BBVA engulló seis de los bancos “rescatados” (Bancomer, Probursa, Promex, Unión, Oriente y Cremi); de igual origen, Santander, a Banco Mexicano y Serfin (el de este, fue el “salvamento” más oneroso de todo el sistema); la estadunidense Citigroup a Banamex y Confía; el británico HSBC al Banco Internacional y Atlántico; y el canadiense a Comermex-Inverlat. Banorte, (originalmente en manos de Roberto El Maseco González Barrera y ahora en las de la familia Hank González) fue la única institución que sobrevivió, pero de cualquier se quedó con Bancrecer, Banpaís, Bancen y Banoro. Y mientras eso sucedía, miles y miles de mexicanos perdieron sus casas, negocios, bodegas, terrenos, vehículos, etcétera, etcétera, y a la par el régimen neoliberal les endilgó el pago eterno del “rescate”.

Las rebanadas del pastel

En marzo de 2005, el entonces presidente de la Asociación de Bancos de (en) México, Manuel Medina Mora (cabeza visible de Banamex-Citigroup en nuestro país), de un plumazo exoneró al gremio, resolvió “todos los pendientes” del “rescate” y “enterró” al Fobaproa. Y Vicente Fox aplaudió a rabiar.

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