Luis Ricardo Guerrero Romero

Rápido, ya nos tardamos bastante y no lograremos verla otra vez, ayer nos pasó igualito, todo porque no te apresuraste, habías quedado en que tu comprarías lo necesario esta vez, la semana pasada me tocó a mí comprar, pero esta semana era tu turno, rápido ya casi saldrá de su casa y una vez subiéndose a su coche no lo alcanzaremos. Si quieres te puedo ayudar, pero sabes que me deberás dos favores más, pero si gustas te ayudo. No sé qué te pasa hoy, estás muy lento, cuando me enseñaste ese truco fuiste más ágil, pero ahora eres muy lento y no consigues colocar bien las cosas. Asegúrate que se escuche como aquella vez, aunque ahorita llueva, yo sé podrás hacerlo. ¿Ya acabaste?, ahora sólo te falta la tuya. Cuida que no se vaya a caer para no detenernos a mitad del camino. Yo ya hice mi parte, me bebí rapidísimo los dos frutsis, para que pusieras los envases en las ruedas. Rápido César, ya es la hora en que ella sale de su casa y no podremos impresionarla con nuestras bicicletas, y otra vez nos perderemos de ver esos ojos negros, tintos y hermosos, date prisa César o no conseguiremos hacer que la maestra nos vea.

Por obtener la mirada de alguien se pueden hacer grandes hazañas, por mínimas que parezcan son proezas, tal es el caso anterior de este par de amigos que desde su infancia eran cómplices para conquistar los ojos, los ojos tintos de una mujer. Parece un lugar común el hablar de los ojos de una mujer, no obstante, se continúa escribiendo de ello, porque es indispensable para el hombre narrar desde la vista de otro, es un ejercicio que comúnmente hacemos sin darnos cuenta, escribir la historia con la mirada propia, pero también con el respaldo del otro. Hablaremos de lo tinto, lo teñido, a partir de las ventanas del alma. Regularmente el color negro es visto negativamente, aunque éste puede ser el más elegante de los colores, pero por el momento no haremos semiótica del color sino de lo que da origen a nuestra palabra de alma negra: tinto. Antes de hacer especulaciones a favor de la enología, recordemos que la palabra teñir proviene del latín tingo, que a su vez es la unión del verbo latino tingere [tiñere], mojar, impregnar de un color; asimismo el preparado del color. Sin embargo, habrá que acordarse de otras muchas palabras que derivaron de este verbo y que ahora usamos en el español, tales como: desatino, prestigiar, tino, tintar, extinto, desprestigio, instinto, tintorería, entre muchas más, y todas esas palabras comparten un distintivo: lo teñido, el color, el resaltar con intensidad, como el color negro, es decir que para poder diferenciar objetos desde tiempo antiquísimo, habría que teñir de modo diferente todo, y de tal suerte las personalidades se distinguen por su temperamento (tinte particular), de la misma palabra tinta es que hoy hablamos de instinto, puesto que, éste es la diferencia entre el animal-racional y el animal-bestia. La voz tinta literalmente, ha dejado marcada la lengua española con esas otras palabras que se han quedado en el tintero.

Hemos dicho que, este asunto de lo tinto tiene que ver más con lo negro que con el vino y sus colores, puesto que, desde la antigua civilización helénica, tal marca oscura, penetrante era enunciada como: μελανος (melanos), es decir, negro; de aquí la sustancia melanina, pigmento conocido por su efecto de oscurecer piel y vello en el hombre, entre otras funciones. Los ojos tintos, bina de oscuro placer.

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